Abuso en hotel céntrico: archivaron la causa porque murió el acusado, Gonzalo Ávila
Aunque falleció el año pasado, la familia de la víctima fue informada recientemente de la novedad. Había recuperado la libertad y Fiscalía lo iba a llevar a juicio. Aunque su fábula de multimillonario había sido desmontada por una investigación de La Opinión, había seguido con sus "aventuras" de "empresario exitoso".
La familia del adolescente que denunció a Adrián Gonzalo Avíla por abuso sexual cometido en el hotel Eser en 2022 recibió la noticia de que la causa penal en trámite pasó a archivo porque el acusado falleció y, como establece el Código Penal, al morir el imputado se extingue la acción penal.
La familia sintió alivio. Por un lado porque el joven, que ya cumplió mayoría de edad, no deberá atravesar lo que restaba del proceso penal, que estaba en trámite camino al juicio.
Por el otro, porque quien originó la denuncia ya no tendrá oportunidad de cometer ese tipo de delito ni de seguir engañando a las personas con las que se relacionaba con su fábula de multimillonario exitoso.
"Nos dijeron que murió el año pasado, pero no nos dijeron la fecha ni los motivos, porque estaba en investigación, así dijeron", contaron familiares del denunciante a La Opinión.
Desde Fiscalía, aseguraron, les "pidieron disculpas" por la demora en comunicarles la novedad. "La Justicia es así", dijo el padre del joven que le comentaron en el llamado.
Sin darles mayores detalles, le dijeron que Gonzalo Ávila había sido hallado sin vida en un departamento en la ciudad de Rosario y que su deceso estaba "en etapa investigativa".
La Opinión tampoco logró, por lo pronto, acceder a información más precisa sobre lo ocurrido.
En Monte Grande, partido de Esteban Echeverría, donde nació y vivía, un medio local publicó en su sección Necrológicas que una persona de nombre Adrián Gonzalo Ávila había sido sepultado en el cementerio Manantial el 30 de junio de 2023, con servicio de la cochería Salvador Ianiro.
La última noticia de Gonzalo Ávila que había publicado La Opinión estaba relacionada con sus estadías en Rosario, ciudad en la que alquilaba a través de la plataforma Airbnb pero quería hacerlo sin intermediarios, con dueño directo.
Allí, casi un año después de que lo denunciaran por abuso sexual con acceso carnal agravado y que recuperara la libertad gracias a las buenas artes de su abogado particular, que logró que no le dictaran prisión preventiva mientras seguía el proceso en su contra, había repetido las mismas mentiras que en San Pedro.
Que era hijo de un juez y una senadora, multimillonario empresario de una multinacional petrolera, que viajaba en avión y que era amigo de influencers, DJ's famosos, modelos y hasta del expresidente Mauricio Macri, con quien simuló hablar por teléfono alguna vez desde un reconocido bar sampedrino.
Una investigación de La Opinión logró desmontar las fábulas de Ávila.
No era un "empresario exitoso de Capital" sino un desempleado de Monte Grande, en el conurbano, hijo de una empleada doméstica y un cocinero de restaurantes.
Sus referencias a bienes inmuebles en Buenos Aires, Estados Unidos y Alemania eran falsas, así como sus alusiones a viajes en "jet privado".
La "GMW Corporation", presunta empresa de la que decía ser vicepresidente, no existe y la página web que él difundía en sus redes sociales había sido creada con un gestor online gratuito, con un logo calcado al de una firma venezolana especializada en proyectos inmobiliarios.
Cuando fue denunciado en San Pedro, Gonzalo Ávila tenía 30 años. Solía venir seguido a la ciudad y se relacionaba con los dueños de los bares y boliches de la noche sampedrina.
Rodeado de adolescentes, siempre pagaba el consumo de alcohol de todos. "Siempre daba a entender que era alguien importante", contó la víctima.
La madrugada del episodio denunciado, Ávila había invitado a adolescentes a salir. El joven que lo denunció participó por un amigo que lo pasó a buscar. Sabían que él pagaría todo. Pasaron por varios bares y terminaron en un boliche. A la salida fueron al hotel Eser, donde el ahora fallecido estaba alojado.
En el hotel lo conocían, porque era habitué. Siempre decía que viajaba en Uber desde Buenos Aires o Rosario. Esa madrugada, cuando llegó con tres adolescentes, alquiló dos habitaciones: la 114, en la que él ya estaba, y la 116, que consignó a nombre de uno de los chicos.
El joven que denunció el abuso contó que se sentía mal por el consumo de alcohol y que sus amigos le contaron que fueron al hotel porque Ávila insistía en que descansara antes de llevarlo a su casa.
“En un momento, él me desvistió. Yo recuperé mi conciencia y no tenía remera ni buzo, Gonzalo me había sacado las zapatillas y me estaba sacando los pantalones. En ese momento empieza a abusar de mí, me toca y demás”, contó el denunciante.
No estaba en sus cabales e intentó forcejear. Cuando Gonzalo, según su denuncia, intentó “hacer algo más” le gritó que no. “Él seguía intentándolo, hasta que mi amigo lo llama, y Gonzalo me dice no te muevas, quedate acá, ahora vuelvo, yo seguía desnudo y acostado en la cama”, relató.
"Me vestí como pude y bajé la escalera. Me dijeron que me golpeé contra las paredes y caí en una mesa, me senté en una silla. Los de recepción me hablaban, me dieron agua, preguntaron si quería llamar a la policía o a una ambulancia, yo les decía que no, que estaba bien, sentía que me las podía arreglar solo”, agregó.
Un amigo lo acompañó las 20 cuadras que separaban el hotel Eser de su casa. Al llegar, les contó a sus padres lo ocurrido, quienes de inmediato radicaron la denuncia en la Comisaría.
En Monte Grande, cuando La Opinión reveló el caso y comenzó a investigar las mentiras del presunto multimillonario, había al menos una cusa en su contra por “pedófilo y abusador”.
Había sido denunciado por la familia de un adolescente con quien había mantenido “una relación sentimental” cuando el chico tenía entre 14 y 15 años, lo que constituye un delito tipificado en el Código Penal porque el joven estaba por debajo de la edad de consentimiento.
A ese adolescente también le había inventado una fábula de rico y famoso: le dijo que era escritor, modelo, compositor, cantante, "ejecutivo de TyC Sports" y que estudiaba abogacía en una reconocida universidad privada.
"Sus víctimas son siempre varones menores de edad", dijeron familiares de ese joven.
Conocida la novedad de su muerte, las causas penales en su contra se extinguen porque así lo dispone la legislación vigente. Adrián Gonzalo Ávila falleció el año pasado, con 32 años, en circunstancias que todavía no fueron informadas por la Justicia.
Con él, murieron sus fábulas grandilocuentes, las que siguió repitiendo a pesar de que para desmontar sus mentiras bastaba con un click, como el que hizo una de las dueñas de un departamento en Rosario, que no le quiso alquilar más tras leer su historia en La Opinión.
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