No hay trabajo o no hay trabajadores: qué se necesita para entrar a trabajar en una empresa de ascensores
“En las pymes no ponemos techo a nadie”, dijo Mariano Fernández. Tiene 51 años, dirige Cematic y mantiene más de 90 ascensores en San Pedro y la zona. En el primer capítulo de Dilemas en la era de la IA, el nuevo ciclo de Sin Galera, contó qué le pregunta a quien golpea la puerta buscando trabajo. La respuesta no pasa por los títulos y el CV.
Hay una pregunta que viene dando vueltas hace tiempo, en la mesa de los bares y en la de las empresas: si no hay trabajo o si no hay trabajadores. Con esa pregunta arranca Dilemas en la era de la IA, el ciclo que Lili Berardi estrenó este sábado dentro de Sin Galera. La idea es sencilla: invitar cada semana a alguien que practiva un oficio en San Pedro y preguntarle, sin vueltas, qué hay que saber para trabajar con él y a quiénes no consiguen trabajo, cuáles son las dificultades en el mercado laboral.
El primero fue Mariano Fernández, titular de Cematic, una empresa local dedicada a la comercialización, el mantenimiento y parte de la fabricación de ascensores, que además hace montajes eléctricos y electromecánicos de perfil industrial.
Los números dan la escala. Hoy Cematic atiende más de 90 ascensores entre San Pedro y la zona. Fernández arrancó con dos o tres personas y, según la demanda, llega a tener entre 15 y 20. Un montaje completo lo hacen tres o cuatro personas en tres o cuatro semanas.
Qué hay que saber
La pregunta se la hizo Lilí de frente: si quiero trabajar con vos, qué tengo que saber.
La respuesta empezó por abajo. Saber tomar una medida. Saber que el albañil habla en centímetros y que ellos trabajan en milímetros. Saber que una pulgada son 25,4 milímetros y que un pasadizo de ascensor ronda 1,60 por 1,50 metros. Manejar herramientas.
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Y después, el riesgo, que es lo que vuelve lento el aprendizaje. Fernández explicó que un bulón de media —un tornillo de unos 13 milímetros de diámetro por 55 de largo— que se cae por el hueco de un edificio de cinco pisos llega abajo como una bala. Por eso formar a alguien para montaje lleva meses, y por eso ninguna de esas etapas se puede apurar.
Dicho esto, cuando Lilí insistió con qué pide a la hora de tomar a alguien, la lista se dio vuelta.
“Primero, que te diga buen día”, contestó. Y después: predisposición para aprender. “Hoy pueden ser ayudantes y mañana puede ser mi mejor técnico”, dijo. Y remató con el dato que ordena todo el capítulo: “Mi mejor técnico tiene 4º grado de escuela primaria”.
El segundo requisito es menos épico y más terrenal: cumplir. Si quedó una persona encerrada en un ascensor, no me pueden decir “son las cuatro y me voy”.
Un oficio que casi se pierde
Hay una explicación histórica para la escasez, y Fernández la dijo sin eufemismos. Años atrás, los que hacían este trabajo no querían enseñar. Se guardaban el procedimiento para no generar competencia. “Entonces la profesión se fue perdiendo”, resumió.
A eso se sumó otro movimiento. Las industrias grandes, que antes formaban a sus propios técnicos de turno, tercerizaron el montaje. Dejaron la ingeniería y soltaron el oficio. Con eso desapareció la escuela donde la gente aprendía mirando.
Fernández dice que con su equipo hace lo contrario. “El conocimiento que se llevan y todo lo que aprenden es propio, es de cada uno. Eso va a ser tu mecanismo de defensa a la hora de salir a buscar un trabajo.”
Qué puede hacer una máquina
El cierre del ciclo es siempre la misma pregunta, y fue la última.
“Una máquina va a poder acelerar procesos”, dijo. “Parte de la mano de obra calificada la puede suplantar y parte no.” Sobre la inteligencia artificial en el día a día, fue preciso: es de gran ayuda, sirve para no perder tiempo, se le puede preguntar. “Lo que no nos tenemos que confundir es que no puede decidir por nosotros, y tampoco tiene la capacidad de diseñar por nosotros.”
Ahora bien, el problema que ve no es el reemplazo. Es la escala. Para comprar la máquina que agiliza el proceso hay que vender mucho más, y una pyme de pueblo no tiene ese volumen. “Con esto se pierden carpinteros, se pierden metalúrgicos, se están perdiendo los oficios.”
Cuando Lilí le pidió cuáles considera irremplazables, enumeró: carpintero, albañil, electricista, jardinero. Perfiles que requieren un conocimiento que, dijo, ya es escaso.
El mensaje
Al final, Lili le pidió que hablara directo a quien está buscando trabajo.
“Lo primero es tratar de encontrar un trabajo que nos guste y nos apasione, más allá de la necesidad”, contestó. “Si no le ponemos pasión es imposible que le dediquemos el tiempo necesario y las ganas de aprender.”
Antes, sin querer, ya había dejado la frase del capítulo. Habló de por qué en su empresa la gente cumple funciones distintas según la demanda, y cerró: “En las pymes no ponemos techo a nadie”.
Dilemas en la era de la IA se emite dentro de Sin Galera, los sábados. Éste y los próximos capítulos los podés ver completos en el canal de YouTube de Sin Galera TV. Suscribite a nuestro canal y activá las notificaciones.

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