El combustible del cuerpo: qué comemos y cómo nos da energía
Así como los vehículos necesitan combustible para funcionar, el cuerpo humano obtiene energía a partir de los alimentos. La clave está en elegir opciones equilibradas que permitan mantener un adecuado balance energético y un buen rendimiento diario. La columna de Juan Pablo Corleto.
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En las últimas semanas, el conflicto en torno al petróleo —materia prima de los combustibles— volvió a instalarse en la agenda.
A partir de eso, vale una comparación simple pero útil: así como los vehículos necesitan nafta o gasoil para funcionar, el cuerpo humano necesita alimentos. Son, en definitiva, su combustible.
Cada vez que vamos al supermercado o al almacén y llenamos el carrito, estamos haciendo algo similar a cargar combustible.
Lo que elegimos impacta directamente en cómo funciona nuestro organismo. Los alimentos no solo permiten mantener las funciones vitales, sino también rendir mejor en las actividades diarias.
Ahora bien, ¿cuál es el mejor “combustible” para el cuerpo? La respuesta está en el equilibrio. Un plato que combine hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas y minerales será siempre una opción más completa.
En la alimentación cotidiana hay ejemplos claros de esta combinación, como preparaciones que integran distintos grupos de nutrientes en una misma comida. A diferencia de un vehículo, el cuerpo humano no tiene un tanque con límite fijo.
Cuando consumimos más energía de la que utilizamos, el organismo la almacena en forma de grasa como reserva. Por eso, es importante encontrar un equilibrio entre lo que ingerimos y lo que gastamos.
En ese sentido, se recomienda realizar una buena ingesta antes de actividades físicas, ya que permite un mejor rendimiento y un funcionamiento más eficiente del cuerpo durante el día. La energía que obtenemos de los alimentos es utilizada por el organismo para sostener todas sus funciones.
El objetivo, entonces, es lograr lo que en nutrición se conoce como “balance energético”: una relación adecuada entre la energía que consumimos y la que utilizamos. Mantener ese equilibrio es clave para la salud.
Ante cualquier duda o para recibir un asesoramiento personalizado, siempre es recomendable consultar con un profesional de la nutrición.

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