Sandra Dombrecht: 52 años frente al micrófono y una historia que empezó con una pregunta
Este sábado, Sandra Dombrecht cumplió su última jornada laboral en un medio de comunicación. Eligió hacerlo en Sin Galera, el programa que durante muchos años la recibió para cerrar un recorrido profesional atravesado por la radio, la televisión, la locución y el periodismo y, sobre todo, la pasión por comunicar.
"¿Te animás a sentarte en el micrófono?", fue la pregunta de Pepe Benseny que marcó el comienzo de una historia que se extendió durante más de medio siglo.
Hay preguntas que parecen pequeñas, pero terminan cambiando una vida. Para Sandra Dombrecht, todo empezó de esta manera. Tenía poco más que la curiosidad de una adolescente cuando alguien le propuso sentarse frente a un micrófono. No podía imaginar entonces que aquella invitación se convertiría en el punto de partida de una trayectoria de 52 años en los medios de comunicación de San Pedro.
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“No puedo hablar de la despedida de Sandra porque es la compañera. Lo único que espero es que sigamos trabajando juntas, porque nos encanta lo que hacemos. No hay una sola persona de San Pedro que no sepa de la existencia de Sandra, de sus principios en APA, de la vida, de la trayectoria y todo lo demás”, dijo Lili Berardi en Sin Galera mientras la galardonaba con la simbólica “Gacela de Oro” y un ramo de flores.
La historia de Sandra había comenzado un poco antes en los pasillos de APA. Su hermana trabajaba allí y Sandra solía acercarse para ayudar. Su mamá tenía un kiosco y ella llevaba revistas para que las utilizaran en los programas. Iba, volvía, observaba y escuchaba. Hasta que la radio empezó a despertar algo más que curiosidad.
Por entonces, Pepe Benseny le propuso una primera prueba. Le entregó una carpeta con las tandas publicitarias, aquellas que reunían decenas de papelitos sujetos por un gran gancho y unas tapas de madera. Sandra leyó algunos avisos. La escucharon. Y llegó la pregunta que todavía recuerda como si hubiera ocurrido ayer: “¿Te animás a sentarte en el micrófono?” Y se animó.
Oficialmente, comenzó en 1976, mientras cursaba la secundaria. La muerte del padre de un compañero que trabajaba en la radio generó una vacante temporaria. La llamaron para cubrir el remplazo y aquella oportunidad terminó convirtiéndose en un oficio y una vocación. Hizo de todo: locución, tareas administrativas, programación y cuanto trabajo hiciera falta para que la emisora siguiera adelante.
Sandra no tardó en encontrar su propio camino. Se le ocurrió crear un programa infantil llamado "Café con Leche", que reunía a chicos alrededor de los cuentos y las historias. Cuando la transmisión terminaba, a las diez de la noche, se quedaban en la sala de grabación para registrar los relatos que después formarían parte del ciclo.
Mientras tanto, su vida personal también avanzaba. Se casó, llegaron los hijos y, en 1986, se sumó a otro desafío: la apertura de Canal 4.
Integraba una de las parejas de locutores junto a Arturo Fernández, un compañero de colegio al que ella misma había acercado a la radio.
La anécdota todavía la hace sonreír. Cuando Arturo le contó que le encantaría trabajar con ella, Sandra lo presentó en APA con una condición: si conseguía el puesto, debía regalarle un par de alpargatas blancas. “Arturo quedó como locutor y cumplió su promesa”, contó.
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También llegaron los informativos, una tarea que exigía mucho más que poner la voz. “Había que reunir la información, ordenar los cables que llegaban por teletipo y preparar las noticias. Antes, recortaban las notas de los diarios y las pegaban en un papel para organizar el material. Era otro tiempo, otra manera de trabajar, pero el mismo objetivo: contar lo que sucedía”, dijo Sandra.
En el camino también hubo lugar para el humor. Cuando Lili Berardi comenzó con su programa, Sandra participó con distintos personajes. Uno de ellos era La Coca, que tenía marido e hijo ficticios, y también se animó a interpretar a una paraguaya. Las ocurrencias provocaban las risas de los oyentes y mostraban otra faceta de una profesional que había aprendido a moverse con naturalidad.
Después de una etapa dedicada a su familia, en 2001 volvió a recibir una llamada de Lilí. La propuesta era trabajar como informativista en la nueva radio. Aceptó y se quedó durante unos once años, compartiendo micrófono numerosos compañeros que no escapan a su memoria.
Después apareció el cansancio. Sandra hizo una pausa, se alejó de los micrófonos y se dedicó a otras actividades que también disfrutaba: la chocolatería, la preparación de desayunos y las tortas para cumpleaños. Su talento no se limitaba a la voz. La cocina, la repostería y la elaboración artesanal de huevos de Pascua también encontraron un lugar en su vida, pero hay pasiones que no se abandonan del todo.
La nostalgia pudo más cuando Lilí Berardi instaló La Opinión en Liniers 71. Sandra se acercó algunos sábados para ayudar. Después llegó la pandemia y, con ella, Radio Cuarentena. “Lo que había empezado como una colaboración terminó convirtiéndose nuevamente en una rutina diaria”, indicó.
Con el tiempo llegaron las cámaras y un cambio que, reconoce, le costó bastante, con la conducción a cargo de Lo Que Importa, el programa informativo de lunes a viernes de La Opinión.
“Acostumbrada a trabajar detrás de escena, a ser una voz que acompañaba a los oyentes sin mostrarse, tuve que acostumbrarme a estar delante de una pantalla y a que me reconocieran por la calle”, comentó.
La radio había cambiado, los formatos eran otros y la tecnología transformaba la manera de comunicar, pero Sandra seguía encontrando su lugar hasta este sábado, cuando cumplió su última jornada laboral en Sin Galera.
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La decisión de jubilarse estaba vinculada también a una promesa personal: acompañar a su marido cuando llegara el momento de su retiro. Ese tiempo finalmente llegó y decidió cerrar formalmente su recorrido para abrir otra etapa.
No se despide de una sola tarea. Deja atrás estudios, programas, informativos, personajes, compañeros y miles de horas compartidas. Se despide de una rutina que la acompañó durante más de medio siglo, aunque sabe que el micrófono seguirá esperándola de alguna manera.
"Obviamente me voy a dar alguna vueltita siempre, para despuntar el vicio, porque me hace falta el micrófono", anticipó. En esa frase está resumida buena parte de su historia. Porque jubilarse puede significar dejar de cumplir un horario, pero no necesariamente abandonar aquello que formó parte de su identidad.
Entre una punta y la otra hubo una vida entera: una esposa, una madre, una abuela, una repostera, una artesana y una mujer que encontró en la comunicación una manera de estar cerca de los demás.
Y aunque este sábado haya marcado el final de su etapa laboral, queda abierta la posibilidad de que, cada tanto, vuelva a escucharse esa voz que tantos sampedrinos reconocen. Porque hay oficios que se ejercen durante un tiempo y hay vocaciones que acompañan para siempre.
Gracias por tu trayectoria, gracias por todo lo que diste, gracias tu amistad. Te vamos a extrañar.

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