Raúl Llusá: el sampedrino que hace 46 años conquistó Madrid y dejó una huella imborrable en el atletismo argentino
En 1980 se convirtió en el primer extranjero en ganar la Maratón de Madrid y logró la clasificación a los Juegos Olímpicos de Moscú. Fue una época donde su nombre irrumpió en el país y comenzó a ser conocido internacionalmente. Sus valores marcaron una trayectoria histórica para el deporte local y nacional.
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Hay deportistas que construyen victorias. Y hay otros que dejan una huella eterna. Raúl Llusá pertenece a ese selecto grupo de atletas que trascendieron el tiempo y transformaron sus logros en orgullo para toda una ciudad.
El 28 de mayo de 1980, el maratonista sampedrino escribió una de las páginas más brillantes del atletismo argentino al imponerse en la tercera edición de la Maratón de Madrid.
No solo ganó una de las competencias más exigentes de Europa: se convirtió en el primer extranjero en quedarse con el primer puesto de una prueba que con los años se transformaría en un clásico del calendario internacional.
A 46 años de aquella hazaña, su nombre continúa siendo recordado por el Foro de Atletismo Maratón de Madrid como el único argentino que logró subir a lo más alto del podio después de recorrer los 42,125 kilómetros del duro circuito español.
La competencia no fue sencilla. Madrid ya era reconocida por su dureza: los últimos diez kilómetros eran en subida y el recorrido, a más de 650 metros sobre el nivel del mar, exigía al máximo a cada corredor.
Ese año, además, el calor se volvió un rival implacable. De los 5.400 participantes que largaron, apenas 3.200 lograron completar la prueba. Pero, Raúl Llusá llegó entero. Fuerte. Convencido.
Mientras muchos lo descubrían en Europa, en Argentina ya se hablaba de aquel atleta nacido en San Pedro que venía de romper el récord nacional de maratón en Mar del Plata, superando nada menos que la histórica marca del legendario Osvaldo Suárez.
Su triunfo en Madrid representó mucho más que una victoria deportiva. Fue la presentación internacional de un corredor que llevaba consigo el sacrificio silencioso de años de entrenamiento, esfuerzo y perseverancia. También significó la clasificación para los Juegos Olímpicos de Moscú, tras completar la prueba en 2 horas, 24 minutos y 43 segundos.
Sin embargo, la alegría quedó atravesada por la desilusión. Semanas después, el boicot político impulsado por Estados Unidos a los Juegos Olímpicos encontró adhesión en Argentina y Llusá no pudo participar de la máxima cita del deporte mundial.
Aun así, jamás perdió la emoción por lo vivido. “Fue una experiencia única y sobre todo feliz de haber representado a mi país”, recordó tiempo después.
Su carrera continuó sumando títulos y actuaciones memorables. Fue campeón argentino, ganó las tradicionales Fiestas Mayas en 1983 y recibió el reconocimiento de medios emblemáticos como la revista El Gráfico, donde aparecer en aquellas épocas era un privilegio reservado para los grandes deportistas.
Si algo distinguió a Raúl Llusá no son solamente sus marcas, sus medallas o sus récords. Quienes lo conocieron destacan, además de su enorme capacidad atlética, valores que lo acompañaron siempre: la vocación, la disciplina y una humildad inquebrantable.

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