Docentes abusadores: Las pruebas de ADN no sirven, pero Ramos dijo que “hay muchísimas” otras para el juicio
A diez meses del caso que consternó a la ciudad, la Fiscala Ramos ultima detalles para la elevación a juicio de la causa que investiga el presunto abuso sexual de dos adolescentes por parte de su padre, con complicidad y presunta coautoría de la madre. Como adelantó en agosto La Opinión, no hay pruebas de ADN para cotejar, aunque en Fiscalía creen que "no es obstáculo" para la investigación.
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El caso de los docentes abusadores, acusados de abuso sexual agravado y corrupción de menores, cuyas víctimas son dos de sus hijas adolescentes, avanza en la Justicia, aunque la novedad más importante de las últimas semanas es la que adelantó La Opinión en su edición impresa del 17 de agosto: no hay pruebas de ADN para cotejar.
Las muestras de ADN fueron tomadas el día de la denuncia, cuando la más pequeña de las víctimas le dijo a su tía que su padre abusaba de ella desde hacía tiempo y que esa mañana había sido la última vez. Sin embargo, esa prueba fue malograda y no forma parte de la investigación.
Las muestras tomadas durante el protocolo de rigor para casos de abuso sexual se malograron y no pudo determinarse nada en relación a ella. El traslado y conservación durante la cadena de custodia no funcionó como debía, por lo que quedaron inutilizadas.
El material genético hallado en la ropa interior de la adolescente tampoco puede ser cotejada con las muestras de sangre del padre acusado, ya que la cantidad hallada es ínfima. Todo ello implica que en el expediente judicial no hay informes genéticos que corroboren que fue el acusado quien abusó de la nena esa mañana.
Aun así, para la Fiscala Viviana Ramos “la única posibilidad es que ese material genético hallado en la bombacha de la niña sea del padre, porque ella desde su casa se fue a lo de la tía y de ahí a la Comisaría”, aunque reconoció que “lo ideal hubiera sido que se pudiera cotejar”.
De todas maneras, sostuvo que esta situación “no malogra la investigación” y explicó: “Es un abuso intrafamiliar, hay muchas, muchísimas pruebas sobre eso. En absoluto es un riesgo para la investigación, la situación está corroborada por los relatos de las víctimas y el resto de las pruebas. Las situaciones de abuso venían de años”.
