Carne de burro: una alternativa que empieza a ganar lugar en la Patagonia
Impulsada por la crisis económica y los desafíos de la producción rural, esta opción poco habitual comienza a ser considerada como reemplazo de otras carnes. Qué se sabe sobre su valor nutricional y su posible consumo. La columna de Juan Pablo Corleto.
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En un contexto marcado por las dificultades económicas y los desafíos propios de la producción rural, comienzan a aparecer alternativas alimentarias que, hasta hace poco, resultaban impensadas.
En algunas zonas de la Patagonia argentina, la carne de burro empezó a ganar lugar como reemplazo de otras carnes más tradicionales, como la de vaca o cerdo.
Esta elección no surge al azar. Por un lado, el aumento en los costos de producción y consumo empuja a buscar opciones más accesibles.
Por otro, la presencia del puma, depredador natural que ataca a los animales de criadero, complica la disponibilidad de ganado convencional. En ese escenario, algunos productores comenzaron a experimentar con una alternativa distinta.
Ahora bien, ¿qué se sabe desde el punto de vista nutricional? En términos generales, la carne de burro presenta características similares a las de otras carnes rojas.
Aporta proteínas de buena calidad, grasas y nutrientes esenciales para el organismo. Incluso, desde lo organoléptico, es decir, en su sabor, olor y aspecto, guarda semejanzas con la carne vacuna, lo que facilita su aceptación potencial.
Aunque pueda generar cierta sorpresa o resistencia cultural, no deja de tratarse de una carne más dentro del abanico de alimentos de origen animal. Como ocurre con cualquier producto destinado al consumo humano, su incorporación debe estar respaldada por controles sanitarios adecuados, tanto en la crianza como en la distribución, y avalada por las autoridades competentes.
De todos modos, al tratarse de una opción poco habitual, es fundamental que continúe siendo estudiada y analizada para garantizar su inocuidad y evitar posibles riesgos para la salud.
Como siempre, frente a cambios o dudas en la alimentación, lo más recomendable es consultar con un profesional de la nutrición que pueda orientar de manera adecuada según cada caso.

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