Mordió el pájaro a la luna, con su pícaro pico, en vuelo trayéndome un pedacito para acariciar mis sueños. Le dije: “sacá un poquito, solo donde está ella; y traelo despacito, tan despacio que no duela”. Más, sin querer, con el viento, mudó sus plumas su estrella y quedó en mis manos, dormida, como fue, entre las fiestas, justo al levantar las copas, entre burbujas y velas.¡Tan linda como era, un sol… de pícara inteligencia, radiante en su dignidad, osada en sus ocurrencias! Pero te quiero tener sólo un minuto, abrazada decirte que estamos bien, que tu recuerdo nos alcanza, nos une, nos fortalece, y nos limpia la mirada. Levanto, entonces, mi copa, en esta fecha adorada; tomá, vos también un sorbo, viejita, como entonces, acompañada, con cuatro perlas de fondo, que te empujan y te aman…Yo se qué me estas sonriendo, que verme y verte te encanta, que en mí los ves a los otros con las copas levantadas, cantando como te gustaba, “tus ángeles de la guarda”. Voló el ave y en su vuelo desplegó, bellísimas, sus alas, llevándose mi tesoro y una promesa muy franca: que en cada Diciembre estarás, retomando nuestra charla. y para aquellos que hoy la tienen, y disculpen la imprudencia, no esperen escribirlo, como yo, que no la tengo, ámenla, díganselo, acarícienla! El dolor de estas ausencias e muy fuerte, pero haberle dicho lo que la amábamos, EN VIDA, nos deja fortalecidos e increíblemente felices.
FELIZ DIA DE LA MADRE
Raquel Schmidt.

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