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miércoles, marzo 3, 2021

Volvió a San Pedro el famoso camión de los cigarrillos Rodeo

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El escándalo por el contrabando de cigarrillos procedentes de Paraguay que eran desembarcados en la costa sampedrina cumplió 12 años en septiembre pasado. No tiene culpables y la absolución de los únicos acusados fue ratificada por la Cámara de Apelaciones, por lo que el camión donde fueron cargados los paquetes volvió a manos de sus dueños.

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En enero de 2016, La Opinión reveló que los únicos dos imputados por el caso, los hermanos José Luis y Juan Carlos Benítez, habían sido absueltos por haber prescripto la causa sin que llegaran a reunir elementos suficientes para que fueran a juicio.

La semana pasada, recuperaron el camión que junto a ellos protagonizó el recordado hecho. Con ayuda económica de amigos, los hermanos Benítez contrataron una grúa para ir a buscar su vehículo, que pasó 12 años en un predio de Rosario, bajo custodia judicial y por encargo de la Aduana local.

Lo encontraron intacto, aunque con el deterioro propio por haber estado más de una década sin rodar. Con el camión parado frente a su casa, los hermanos Benítez dialogaron con La Opinión y recordaron aquel jueves 23 de septiembre de 2004 en que la vida les cambió para siempre.

El regreso del Ford

Hasta el jueves pasado, el camión Ford 7000 modelo 1980, con el que los hermanos Benítez hacían diversas changas como transportistas, estaba secuestrado bajo tutela de la Aduana de San Pedro en un predio ubicado la ciudad de Rosario.

En los últimos años, sobre todo a partir del fallo absolutorio del Tribunal Oral Federal N° 1 de Rosario, los Benítez fueron varias veces a esa ciudad con intenciones de recuperar el vehículo.

El jueves lo trajeron. “Fuimos acompañados por amigos y hoy gracias a Dios tenemos el camión en la puerta de casa”, contó José Luis Benítez a este semanario.

“Hace 12 años nosotros laburábamos normalmente para empresas de San Pedro como Ramón Barceló o Huguito Ferrari, que en paz descanse, nos daban carga e íbamos a La Plata, Buenos Aires, a los mercados llevando frutas, todo el año”, recordó.

Barceló fue uno de los que colaboró para recuperar el rodado. “Nos ayudó a pagar la grúa para ir a buscarlo, que  nos salió unos buenos pesos”.

Ahora, el plan de los Benítez es ponerlo en condiciones para volver a trabajar con el transporte. “Está muy arruinado. Pero hicimos un sacrificio y lo vamos a sacar adelante”, sostuvo uno de los hermanos.

El absuelto transportista indicó que el camión está “muy deteriorado” y que tienen que hacerle diversas reparaciones para que vuelva a funcionar. “Pintura, el motor está pegado, estaba bajo el agua, hay que revisar bolilleros”, enumeró.
Aun así, José Luis Benítez manifestó su sorpresa por haber encontrado el vehículo entero, tal como vio que se lo llevaban desde el puerto local cuando se lo secuestró la Prefectura.

“Lo único que le falta al camión son un par de cosas que se perdieron acá, en el puerto, porque cuando salió de acá yo lo encontré en la grúa y lo revisé, el camión ya salió destruido de acá”, aseguró.

“El camión desde entonces se encuentra tal cual está: con la barra de mando, los paragolpes, ni los reflectores le faltan”, informó.

La Aduana de San Pedro pagó el depósito en el predio, según le dijeron los abogados de ese organismo dependiente de Afip.

Ahora, los Benítez buscan comenzar de nuevo con el camión, símbolo de todo lo que les sucedió durante los 12 años que duró la causa. Absueltos, esperan empezar de nuevo y sacarse de encima el estigma que aseguran cargar (ver recuadro).

El contrabando de cigarrillos

El jueves 23 de septiembre de 2004, los hermanos Benítez llegaron con su camión Ford 7000 modelo 1980 a la zona conocida como “Cantando en el Río”, más allá del sector urbano de los barrios Las Canaletas y El Amanecer, donde ya todo es paisaje costero alambrado con dudosas pretensiones posesorias.

Según contaron ellos mismos desde la primera página del expediente que los tuvo como acusados, habían sido contratados por “un tal González” para cargar cajones de abejas provenientes de islas, que debían transportar hasta el cruce de la ruta nacional Nº 9 y el acceso a Gobernador Castro.

Nunca vieron el momento en que los encargados de subir “las colmenas” al camión, porque el que estaba a cargo del volante ese día se durmió, según su propio testimonio.

Cuando despertó ya tenía la carga completa. Quiso salir camino al destino que le habían indicado, pero no pudo. El camión se encajó en el barro. Antes de que pudiera pedir ayuda, una patrulla de Prefectura llegó, requisó el transporte y encontró 598 cajas repletas de cartones de cigarrillos Rodeo que habían entrado de Paraguay de manera ilegal por el río.

Eran tiempos duros para el fumador. El país recién asomaba de la crisis de 2001/2002. “Aún estamos en el infierno y espero terminar mi mandato en la puerta del purgatorio”, diría meses después, en el acto por el Día de la Independencia, el entonces presidente Néstor Kirchner.

Los cigarrillos de origen dudoso se conseguían fácilmente a un precio mucho menor que los habituales. La procedencia de países limítrofes o incluso de Estados Unidos y Asia hacía sospechar. Todo el mundo hablaba de “contrabando”, pero nadie aportaba certezas.

Desde entonces se multiplicaron las voces que aseguraban que en ese sector de la costa sampedrina bajaban cargamentos non sanctos desde barcos, barcazas y lanchas. Se comprobó algunos años después, cuando aparecieron artículos de electrónica, mercaderías varias y hasta drogas.

Cuatro meses después del secuestro del camión de los Benítez, fueron incautados otros 2060 paquetes de cigarrillos Rodeo en poder de un proveedor que abastecía a los kioscos de la ciudad y que dio información sobre un depósito en calle Ruiz Moreno.

Los que cayeron, siempre, fueron “perejiles” o colaboradores considerados los eslabones más débiles de una cadena que, como en todos los ámbitos de la actividad ilícita organizada, no podría tener lugar sin una red de complicidades que empieza en la ciudad y termina quién sabe dónde, con el poder político, judicial y policial bajo sospecha.

“Socialmente, fuimos condenados”

Los hermanos Benítez estuvieron 12 años bajo la lupa de la Justicia, hasta que la Cámara de Apelaciones rechazó el último intento del Fiscal del caso y ratificó la prescripción, la extinción de la causa penal por el paso del tiempo, la imposibilidad de determinar si eran culpables del delito por el que estaban acusados.

“En nuestra familia quedamos muy destruidos. Pudimos poner el pecho y salir adelante, pero en estos doce años, socialmente, fuimos condenados”, lamentó José Luis Benítez.

“Nos llaman los Rodeo de San Pedro”, se quejó y agregó: “La Justicia volvió a decir, por tercera vez, que somos inocentes, que es lo que siempre dijimos nosotros”.

Más allá de si los Benítez sabían o no lo que iban a transportar, nunca se constató nada acerca de quienes los contrataron para ello, de los que subieron los cigarrillos al camión, los que transportaron aguas abajo desde Paraguay el cargamento ilegal, los que hicieron la vista gorda, los quefacilitaron la logística o los que se beneficiaban con los dividendos del contrabando.

“Se dieron muchas condiciones que, económicamente, nos han hecho un desastre durante estos 12 años”, dijo Benítez. A los dueños del tráfico ilegal, por el contrario, las condiciones siempre los favorecieron.

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