Volver a la rutina: cómo retomar hábitos saludables después del verano
El fin de las vacaciones trae cambios en los horarios, en el movimiento y también en la forma de comer. Cómo dejar atrás los excesos sin caer en dietas extremas y recuperar el equilibrio de manera saludable y sostenida.
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Con el final del verano no solo cambian las temperaturas también lo hace el ritmo de vida. Se terminan las vacaciones, disminuyen las salidas improvisadas y las comidas fuera de casa, y la rutina vuelve a marcar el pulso de los días.
Los chicos regresan a clases, se reanudan actividades y los horarios recuperan cierta estructura.
Ese regreso impacta, inevitablemente, en la alimentación. Durante el verano suele aumentar el consumo de bebidas frescas como gaseosas o cerveza, y se multiplican los encuentros alrededor de la mesa: asados, pizzas, sándwiches compartidos con familia y amigos. Son momentos sociales valiosos, pero que muchas veces implican una mayor ingesta calórica.
También es frecuente que en estos meses disminuya la actividad física, tanto en frecuencia como en intensidad.
Entre el calor y el cambio de rutina, muchas personas reducen el movimiento habitual. Esa combinación —más ingesta y menos gasto energético— puede traducirse en un aumento de peso. Es algo común y esperable.
La vuelta a la actividad física debe ser progresiva. Retomar de manera brusca puede generar lesiones o dolores musculares innecesarios.
Lo ideal es comenzar de forma gradual y, sobre todo, elegir una actividad que resulte placentera. Cuando el ejercicio se disfruta, es más fácil sostenerlo durante todo el año.
En cuanto a la alimentación, el retorno también conviene hacerlo de manera paulatina. Frente a algunos kilos de más, muchas personas optan por dietas estrictas o planes “detox” basados casi exclusivamente en frutas y verduras. Sin embargo, las medidas extremas no suelen ser sostenibles en el tiempo.
El mejor plan es siempre aquel que puede mantenerse a largo plazo, tanto desde lo alimentario como desde la actividad física.
Subir y bajar de peso de forma brusca no es saludable. El objetivo no debería ser “compensar” el verano, sino recuperar hábitos equilibrados que acompañen durante todo el año. Con la vuelta a la rutina, lo más probable es que el organismo también recupere su equilibrio habitual.
Si esto no sucede o aparecen dudas, molestias o dificultades para ordenar la alimentación, lo más adecuado es consultar con un profesional de la nutrición que pueda brindar un acompañamiento personalizado. La clave no está en las soluciones rápidas, sino en construir hábitos que perduren.

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