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    Volcar en una recta

    23 de marzo de 2011 | 10:23
    Volcar en una recta

    A veces sucede. Generalmente las pericias posteriores indican un reventón de neumático, corte de dirección, explosión de motor o estado de ebriedad, pero el auto del Intendente Guacone parece no necesitar peritajes.
    Vuelca en la recta cuando inaugura obras importantes, soluciona temas postergados, ajusta las finanzas, obtiene subsidios o créditos, firma convenios interesantes y hasta sale airoso de interpelaciones sin haber contestado nada con frases sencillas y que producen simpatía en la población.
    Para él y sus precarios peritos de la parte nefasta de su gabinete, todo lo que resta son “operaciones de prensa”; para los que trabajan sin mirar las elecciones de octubre como un principio y no un final de una gestión, un verdadero papelón del que ya no quieren participar.
    En estas horas, al menos uno de los más estrechos colaboradores y amigos del Intendente piensa seriamente en alejarse y abandonar la “suciedad de la política”.
    Aunque haya despedido a los funcionarios que le dejó como herencia Barbieri “por falta de confianza”, o dejado migrar a cuadros técnicos como Jorge Génova, el Intendente no alcanza a entender que cuando el romance termina y las frases de ocasión no alcanzan, la verdad inexorablemente sale a la luz y el auto vuelca.
    No es un pequeño bollo en el techo el que hoy exhibe ante la gente, sino los despojos de una sucesión de maniobras que aún tomándolas como “errores” ponen en juego valores y convicciones serias, al menos para aquellos que hemos trabajado duro para la recuperación de la Democracia, el respeto de los poderes, el apego irrestricto a la legalidad, la honestidad en la función pública, la vocación de servicio y fundamentalmente por evitar la concentración y la discrecionalidad en el poder.
    Tal vez la primera reacción ante estas reflexiones de una ciudadana periodista sea la que utiliza bastante a menudo: “Yo decido porque soy el Intendente”.
    Los primeros tropiezos fueron tolerados por la ciudadanía entusiasmada con una nueva modalidad de gestión y fundamentalmente por la ejecutividad con la que parecía afrontar todos los problemas.
    Así fue hasta que se descubrió que un sector de su gabinete estaba trabajando para octubre y no vio las tareas de los que se desviven por el hoy.
    “Ganás caminando”, suelen decirle los aduladores, y es cierto. Hoy por hoy podría ganar con cierta comodidad las elecciones, pero… faltan seis largos meses.
    El andamiaje puede vencerse si el auto sigue volcando en plena recta y cada 20 minutos.
    A los desaguisados de los primeros meses de gestión ya se suman cuestiones que perjudican a la población y minarán el erario público y la confianza depositada por quienes vieron en Pablo Guacone una nueva manera de hacer política.
    Apenas trascendió que sus cinco secretarios habían utilizado un decreto para llevarse un 100 por ciento más en los sueldos que percibieron por el mes de febrero, el automóvil magullado chocó contra la indignación del ocultamiento y la discrecionalidad.
    Los cinco cobraron, los cinco sabían y los cinco gastaron el dinero que se les pagó, amparados en un decreto que el anterior Secretario de Hacienda abortó en agosto de 2010, ganándose enemigos en el interior del gabinete.
    A las apuradas, alguien llegó a la oficina del flamante responsable de las finanzas sampedrinas y “le vendió el cuento de la firma urgente del decreto”. Percibieron haberes por más de $ 16.000 el que menos beneficios tenía y más de 18.000 el que tuvo más suerte.
    Tardaron más de 20 días en discutirlo en el gabiente, tratando de guardar sigilo ante la prensa. El lunes 21 por la mañana, la discusión de los 10.000 pesos que percibe el Coordinador de Desarrollo Humano Fernando Coronel pasó a ser una anécdota para todo el personal político y de carrera del municipio.
    Tal vez nunca se sepa quién fue el que convenció a Guacone de subsanar ese decreto con una devolución para dejarlo vigente y así abrirle las puertas a la legalización de las decisiones del amo sobre los súbditos.
    Esta herramienta, legal pero discutible, no es más que el empujón final para la catarata de reclamos de “premios” de hasta un 100 por ciento del sueldo “por extensión de jornada” a cualquier agente.
    ¿No era mejor anularlo y devolver el dinero para discutir en paritarias un nuevo régimen de estímulos?
    Es una pregunta sin respuestas.
    Al entuerto del convenio firmado por el transporte público, la interpelación, las obras sin autorización de Obligado, los nombramientos de personal que en muchos casos hasta tiene antecedentes penales o se desempeña como “puntero”, el decreto que designa un delegado en Vuelta de Obligado sin que el cargo exista, la anulación unilateral de contratos con empresas que realizaban obras, le han agregado la afrenta que más irrita a la gente: la arbitrariedad.
    Del mismo modo en que produce disgusto que los concejales se voten su propio sueldo valiéndose del máximo previsto por ley y sin la más mínima vergüenza renueven año a año ese pacto tácito del “si la ley lo permite lo cobramos todo”, este premio para los Secretarios Díaz, Esperante, Atrip, Restelli y Benseny entristece y llena de bronca a quien sostiene el Estado local.
    De este choque no se sale sin heridas y Guacone debe saberlo, porque ya son muchos los que han dejado de creer que obraba con ingenuidad para pensar que, al menos, es un irresponsable.
    El candidato mejor perfilado para octubre puede seguir volcando en una recta y chocar cuantas veces quiera, porque incluso renovando mandato le quedará la pesada carga de arreglar todo lo que rompió si no se desprende de algunas de las aves de rapiña que lo rodean. A menos que él se parezca más a ellos que a los buenos amigos que convocó para “un nuevo proyecto”.
    Hay que ir entendiendo también que los sueldos deben ser acordes a las responsabilidades y que tal vez algunos cargos políticos estén subvaluados, pero los actos de gobierno que se realizan con transparencia y respeto por los mecanismos de control de la democracia son los únicos airbags con los que cuentan los ciudadanos para no golpearse tanto.
    Ya volcó en la recta varias veces. El lunes chocó. Es hora de reponerse de semejante golpe y tener tiempo para pensar dónde está el que pavimenta con vaselina el camino que el Intendente tiene que transitar, y usar el mismo dinero que devolverán los secretarios para excluirlo/s de la gestión.

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