Veinticuatro minutos de gloria en el cielo
Un sampedrino diseñó y creó un avión que el pasado viernes voló por primera vez el cielo de la ciudad. Se trata de Eduardo Barros, un apasionado por la aviación que cumplió su sueño de volar en una nave que él mismo fabricó.
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Tras doce años de construcción y cuatro meses de espera, Eduardo Barros realizó el primer vuelo con un avión experimental que diseñó y creó con sus propias manos. Sin dudas el 20 de abril quedará marcado en la vida del sampedrino como el día en que cumplió uno de sus máximos sueños: volar en una nave que él mismo fabricó.
Hace más de veinte años que Barros vuela y siempre tuvo “la inquietud de fabricar un avión de estas características”, según señaló. Explicó que se trata de una unidad “biplaza, de cinco metros de largo, siete de envergadura, hecho en madera y plástico y muy aerodinámico”.
El primer vuelo no duró más de 24 minutos en los que, según relató Barros, giró cerca del aeroclub para que en caso de cualquier desperfecto “tener una pista cerca”.
Pocos minutos habían pasado del aterrizaje cuando Eduardo dialogó con La Opinión. Aún estaba nervioso y pese a ello dedicó unos minutos a explicar detalles minuciosos: “El avión cuenta con un motor de un auto Subaru año ‘93 de 135 caballos de fuerza, con características muy parecidas a las de un motor de avión, que debería hacerlo volar a más de 300 kilómetros por hora”, aunque durante esta primera experiencia, el piloto prefirió no forzarlo.
Mientras Barros volaba y los minutos parecían eternos, en tierra, observando con alegría y emoción, lo esperaban el exsecretario de Producción Jorge Ponzio, José Luís Bosco, “Carlitos” Puig, Sergio Vaquero y José Díaz, amigos de Eduardo que compartieron largas jornadas de mates y asados para acompañarlo mientras fabricaba cada una de las piezas del avión, que el viernes, después de cuatro meses, se separó de la tierra para comenzar a experimentar nuevas sensaciones.
“Todavía no se me fue el miedo”, expresó Barros, a quien se lo notaba emocionado y con ganas de volver a salir. “Uno va sentado en el aire, en algo que hizo con sus propias manos”, señaló e indicó que deberá seguir probando cosas para que cada día vuele mejor y con mayor seguridad, porque “volar por primera vez no significa subirse, acelerar y salir a volar; sino un montón de pruebas previas”.
“Hoy fue el primer paso, me desperté de un sueño de 12 años”, dijo emocionado. Doce años en los que construyó su avión durante los ratos libres mientras estudiaba, se recibía, crecía, conocía a su mujer, se casaba, construía su casa y se convertía en padre.
Que el tiempo de fabricación es mucho, es verdad; pero para quien se describe como “detallista” y fabricó, investigó y creó cada una de las piezas, 12 años no es más que un periodo en el que disfrutó de la construcción y la experiencia.
Mientras Eduardo busca las palabras que describan tanta emoción, mira y analiza los videos que grabó durante el vuelo, investiga “dos o tres cositas”, para arreglarlas y se prepara para volver a despegar.
