Una yarará sorprendió a mujeres que caminaban por el Paseo Público II
La víbora fue vista este martes por la tarde en el recreo costero. Una vecina logró fotografiar al ejemplar cuando salía de una zona de pastizales.
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Este martes por la tarde Sonia, una vecina que recorría el Paseo Público II junto a otra persona, se encontró inesperadamente con una yarará.
"Salimos a caminar por el Paseo Público II y nos encontramos con esta víbora. Salió de los pastos", relató la mujer, quien logró tomar una fotografía antes de alejarse del lugar y remitirla a La Opinión.
Consultado por La Opinión, el jefe deBromatología de la Municipalidad y médico veterinario Saverio Gutiérrez, confirmó la especie.
"Se notan perfectas las herraduras en la piel, el cuello y la cabeza. No hay dudas de que es una yarará", aseguró y agregó: “Con los días de calor salen, aprovechan el sol a ver si puede cazar y comer algo”.
Este tipo de serpientes no suele observarse durante el invierno. Al tratarse de animales de sangre fría, dependen de la temperatura ambiente para regular su organismo y, en condiciones normales, permanecen con una actividad muy reducida durante los meses más fríos, en un estado similar a la hibernación.
Las yararás se distinguen por su cabeza triangular, claramente diferenciada del cuello y cubierta por pequeñas escamas. Los ejemplares de mayor tamaño pueden alcanzar hasta 1,80 metro de longitud y presentan manchas oscuras simétricas con forma de riñón o de antiguo tubo telefónico a lo largo del cuerpo, además de un dibujo claro en forma de cruz sobre la cabeza.
Las especies más pequeñas, que generalmente no superan el metro, exhiben diseños oscuros similares a un moño o un reloj de arena sobre el lomo.
El principal riesgo de la yarará radica en la potencia de su veneno, de acción fuertemente hemotóxica. La mordedura puede destruir glóbulos rojos, alterar la coagulación de la sangre y provocar severos daños en los tejidos, con inflamación intensa y necrosis progresiva de tejidos y órganos si no se recibe atención médica inmediata.
Los especialistas recuerdan que la yarará no suele atacar de manera espontánea, sino que lo hace cuando se siente amenazada, acorralada o si es pisada accidentalmente.
Precisamente por eso, su presencia en un espacio público de uso recreativo, frecuentado diariamente por vecinos y familias, representa un motivo de especial atención.

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