Una vuelta olímpica “acordada” que se fue de las manos
Alumnos del último año de la secundaria de la escuela Normal irrumpieron el lunes, en pleno acto de inicio del ciclo lectivo. Venían de una fiesta en un boliche, donde pasaron la noche. Tras recorrer el centro, entraron al colegio con bengalas, serpentinas, papel picado, bombos y banderas. Incluso se treparon al mástil. Las autoridades aseguraron que la “visita” estaba en el marco de “programa de convivencia” pero evalúan sanciones ante el desmadre provocado.
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Las semanas previas a los viajes de egresados a Bariloche suelen ser materia de debate intenso en cada una de las escuelas, ante lo que pueda suceder en las denominadas “vueltas olímpicas” en que los alumnos del ahora sexto año de la Secundaria celebran el último ciclo en el colegio y la tradicional aventura compartida en el sur del país.
Si cada vez hay sorpresas y preocupaciones, lo que sucedió el lunes pasado sorprendió a muchos e indignó a otros tantos. Desde el domingo a la madrugada, los estudiantes del último año del Normal se reunieron en un bar de calle 25 de Mayo para celebrar “la previa” del primer día de clases. Allí pasaron la noche, entre música y alcohol, a pesar de que son menores de edad y la ley prohíbe no sólo la venta y consumo de bebidas alcohólicas sino además la permanencia en lugares de esparcimiento nocturno.
De acuerdo a lo que contó una madre que no le permitió a su hijo participar de “la joda”, como llaman a sus encuentros de fines de semana, estaba todo planeado: ir al boliche, quedarse bebiendo hasta el amanecer, recorrer el centro y marchar en caravana hacia la escuela.
Allí, tras la noche de juerga, llegaron en medio de cánticos, con bombos, banderas, serpentinas y hasta las peligrosas bengalas que les costaron la vida a 194 chicos y chicas en Cromagnon, que hasta el día de hoy son repudiadas en cada recital de rock, donde están estrictamente prohibidas, como en las canchas de fútbol.
A las 7.30 de la mañana, la escuela Normal se aprestaba a celebrar el acto de apertura del inicio del ciclo lectivo, luego del acuerdo al que arribaron el Gobierno provincial y los gremios docentes, tras el prolongado conflicto salarial. El acto tuvo que ser suspendido en medio de la “algarabía” de los chicos y la bronca de los padres de quienes empezaban el primer año de esta nueva etapa en sus vidas.
El colegio estaba a cargo de la Vicedirectora Mariana Fussi porque la Directora Ana Debolio, de licencia médica tras firmar la petición en Change.org para que “renuncie Nora De Lucía”, Ministra de Educación provincial.
“Tuvimos una charla en una reunión de padres en donde se acordó que iban a ingresar a saludar y hacer el inicio, respetando el acto”, señaló Fussi y reconoció que la “visita” de los alumnos se les fue de las manos: “Lo único que no fue dentro de lo pactado fue que empezaron la vuelta olímpica antes de que concluyera la actividad”, señaló.
El acuerdo difícilmente haya sido en los términos en los que sucedió todo. Los chicos en el boliche, tras consumir alcohol, se treparon en las ventanas del primer piso del Instituto Nuestra Señora del Socorro, con los riesgos que ello implica. Con sus pisadas arruinaron buena parte de la pintura que ese colegio recibió en el marco del proyecto Alba. Los alumnos del Normal habían pintado esa tarde el frente de su propia escuela, dañado con mensajes en aerosol que decían “Socorro manda”, entre insultos.
“Es una modalidad que han adoptado. El año pasado lo hicieron sin autorización. Es lo que permiten los padres”, dijo Fussi y reconoció que habían “acordado el no uso de pirotecnia”, al tiempo que destacó que “luego limpiaron en el patio lo que habían ensuciado”.
La indignación ganó no sólo a los padres que acompañaron a sus hijos a ese acto, sino también entre aquellos que consideran que los festejos de los estudiantes son un colorido marco para dotar de alegría a la escuela, en la medida en que ello no implique el ejercicio violento de un derecho a celebrar que da de bruces contra la convivencia democrática que debería reinar en el ámbito educativo, donde los famosos “acuerdos” tienen ese objetivo loable: vincular en las decisiones a cada uno de los actores de la comunidad de cada establecimiento.
Al cierre de esta nota había reuniones, reflexiones, posiciones encontradas entre el cuerpo docente, directivos y padres. En tiempos donde los últimos justifican cualquier cosa que hagan los hijos, los temores de los primeros son mayores. Acaso por eso desecharon la posibilidad de dar intervención a la Justicia Penal Juvenil y sobre las sanciones internas apenas si están evaluando la posibilidad.
