Una piedra de Copiapó en San Pedro
Un vecino de San Nicolás trabajó en el rescate de los 33 mineros chilenos y trajo piedras de recuerdo. Una de ellas se la regaló a su consuegra, una sampedrina que la conserva en su casa como souvenir de esta increíble historia.
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Laura es una sampedrina cuyo hijo está en pareja con una joven de San Nicolás. El padre de esa joven es Gerente de Compras de la empresa Techint en Antofagasta, Chile, y viajó a Copiapó a trabajar en el rescate de los 33 mineros que estuvieron 68 días atrapados en la mina, tras un derrumbe.
En su casa tiene una piedra de la mina que le regaló su consuegro, recuerdo de esta historia que terminó con un final feliz cuando el último de los rescatistas llegó a la superficie, tras haber liberado del cautiverio a los mineros.
La piedra es del tamaño de un puño cerrado, tiene una placa de color verde, y es de cobre sin pulir. Su origen es la propia mina, donde fueron a trabajar contratados por el Gobierno chileno para desarrollar el proceso de rescate de los mineros.
El consuegro de Laura participó activamente de esas tareas, en las que la empresa donde trabaja tuvo a su cargo el diseño de los mecanismos que sirvieron para alimentar a los mineros mientras planificaban el rescate.
Este Gerente de Compras de Techint llega a Copiapó, a unos 650 kilómetros de Antofagasta, donde trabaja, para ponerse al frente de la logística necesaria para la tarea de rescate.
Contó que un ingeniero de mina de la empresa diseñó una cápsula alternativa para liberar a los mineros, aunque luego la utilizada fue la que diseñó la Nasa. Laura señaló que su consuegro indicó que la de su compañero de trabajo tenía todas las condiciones necesarias para la tarea.
El sábado llegó a San Nicolás y en una reunión familiar contó en detalle cómo pasaban la comida por los tubos y la tarea más ardua, la de preparar todo para que la cápsula pudiera llegar hasta donde estaban los mineros.
De hecho, narró que la cápsula llegó a 80 metros del lugar de cautiverio, y que de allí había que escalar hasta donde quedaba dispuesto el mecanismo para llegar a la superficie.
“Cuando empiezan a cavar y van sacando piedras, él juntó algunas, entre ellas una con pepitas de oro. De ellas, me regaló esta, que ahora la voy a poner en un soporte para tenerla de adorno y recuerdo”, relató.
“Ellos están haciendo una obra en Antofagasta, con Techint, y el Gobierno los convocó para hacer todo el entubamiento en Copiapó, con todas las maquinarias. Se trasladaron con todas las máquinas, para ver el terreno, analizar las medidas, con el miedo del derrumbe, ver qué tamaño tenían los trabajadores. Incluso uno de ellos tuvo que hacer una dieta, porque no entraba, un trabajo impresionante”, contó y agregó: “Por eso llegaron hasta los 622 metros nada más, por temor al derrumbe”.
La experiencia de este vecino de San Nicolás quedará sin dudas como una marca en la familia, por haber participado de un hecho histórico sin precedentes.
En San Pedro, la piedra de Copiapó que atesora Laura da testimonio de esa historia.
