Una orquesta ejemplo
El próximo 14 de noviembre se presentará en la ciudad la Sinfónica Juvenil “Amadeus”, de Mar del Plata, producto de una escuela de música e integrada por niños y jóvenes de los barrios marplatenses.
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Dicen que la música no cambia el mundo, pero tiene el poder de cambiarlo todo, y que, de seguro, una casa sin música puede ser un refugio, pero nunca un hogar. Por eso, Guillermo “Willy” Sotello, violinista principal de la Orquesta Municipal de Mar del Plata, cuando dirigía los “Almacenes culturales”, uno de los proyectos de cultura participativa más importantes del país, tomó la decisión de llevar a los niños y jóvenes de los barrios de la ciudad atlántica hacia los instrumentos musicales, creando el proyecto “Orquestas escuela”, que tiene en la Orquesta Juvenil Amadeus uno de sus máximos exponentes.
Amadeus es un programa orquestal dedicado al estudio y difusión del repertorio para cuerdas, que cuenta con más de treinta niños y jóvenes entre ocho y veinte años que encontraron en el violín, la viola, el contrabajo o el violoncello una forma de expresión artística que les permitió a algunos salir de situación de calle y a otros hallar un espacio de contención y amistad. Los guitarristas y docentes del Conservatorio Provincial de Música de nuestra ciudad Félix Cámara y Laura Torrillo son los responsables de que la Orquesta Amadeus llegue a San Pedro. Convencidos de la necesidad de generar espacios de difusión cultural, proyectaron la visita de los jóvenes marplatenses, que se concretará el próximo 14 de noviembre en la Iglesia Nuestra Señora del Socorro, a las 20.30, luego de que los Amadeus recorran escenarios del conurbano el viernes.
Para ello cuentan con el apoyo de la Municipalidad de Mar del Plata, que facilitó algunas cuestiones para que el evento sea realidad. “Un espectáculo de esta envergadura favorece a la comunidad sampedrina en su aspecto sociocultural y educativo, da ejemplo a nuestra juventud y beneficia a las empresas y organismos que nos auspicien apoyando la cultura. Sería una picardía la no realización por falta de medios”, dijeron los organizadores.
Las orquestas juveniles son un estímulo para la vida artística del país, permitiendo la apertura de nuevos horizontes para los jóvenes que ocupan su tiempo libre en una actividad cultural que cambia la vida de aquellos que ingresan al maravilloso mundo de la música. “He visto llorar a algunos chicos cuando tocábamos Mozart”, supo decir Sotelo en una entrevista al diario La Capital de Mar del Plata.
Conciertos de fin de semana
Ante más de cincuenta personas, se presentó el sábado por la noche en la Bilblioteca Popular Rafael Obligado el Trio Matiegka, agrupación de música académica formada por los reconocidos intérpretes Sebastián Subatín en Flauta, Martín Cadaviz en guitarra y Ana Corrado en Viola, que retoma este tipo de formación poco frecuente, pero muy rica en timbres y versatilidad sonora, ejecutando obras del Maestro austrohúngaro Wenzeslaus Matiegka, además de piezas de Guastavino, Debussy y Kvam, interpretadas en la velada. Desde 2008, el trío se ha presentado en diversos auditorios de Capital Federal, La Plata y el interior del país, destacándose su actuación en sitios como el Centro Cultural Recoleta, la Casa de Cultura del Fondo Nacional de las Artes y la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. El viernes ofrecieron un concierto los Profesores del Conservatorio Provincial de Música de nuestra ciudad Jorge Motto en piano y Daniel Jáuregui en flauta, en el Salón de Actos de la Casa de Estudios Musicales local que se colmó para la ocasión, cubriendo las cincuenta sillas y contando con público de pie que disfrutó de la calidad de estos dos intérpretes que día a día transmiten sus conocimientos a los alumnos sampedrinos y de la zona. En esta ocasión, presentaron piezas de Joseph Guy Ropartz, compositor francés fuertemente influenciado por Debussy y Franck, además de la música popular de origen bretón, que puede identificarse fácilmente en su melodía. Las veinte obras que ejecutaron Motto y Jáuregui pertenecen a “Enseñanza del Solfeo, Libro 1°”, en el que Ropartz propone la práctica de la lectura y el canto de sesenta lecciones en todas las tonalidades de escritura musical y en todas las claves posibles para su correcto aprendizaje.
