Una mujer vivió un calvario durante una disputa por una vivienda
El hecho fue denunciado y se tramita en la fiscalía Nº 5. Una mujer de 31 años fue golpeada y torturada hasta desvanecerse por un grupo de personas que reclaman la vivienda en la que vive junto a sus hijos, como “propia”. Las amenazas siguieron, los agresores están libres y la mujer asegura que teme por la vida de los menores. La víctima apuntó contra su vecino, y ambos se acusaron de “usurpadores”.
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La tarde del pasado 26 de marzo fue el inicio de un verdadero calvario para una joven de 31 años que aseguró vivir desde los 7 en una casa ubicada en Depietri al 600.
La denuncia radicada recién a las dos de la mañana pone en contexto el brutal episodio que pudo terminar con el peor de los desenlaces. Un vecino de la mujer reclamó en reiteradas oportunidades ser propietario de la vivienda y lo habría hecho “de manera prepotente” según explicó la víctima, ya que “nunca mostró ninguna documentación” que permita certificar que es propietario de la casa.
La jefa de familia aseguró a este semanario que vive allí desde pequeña y que antes vivió su abuela, “durante más de 30”. La casa fue entregada “de palabra” a la anciana por su difunta propietaria, a quien cuidó durante sus últimos años. La dueña, que falleció hace décadas, es abuela del hombre que reclama la propiedad. Pese a ello, nada justifica la violencia a la que quedó sometida la mujer.
Amenazas, golpes y… ¿sicarios?
El miércoles 26 de marzo, alrededor de las 10.00, la joven salió de su casa junto a sus pequeños hijos de 8 y 5 años. La mujer vive con los niños en la casa en disputa desde hace ocho años, cuando su madre y sus hermanos decidieron mudarse. Antes, su abuela también cambió de domicilio y ahora vive en el barrio Futuro. Aseguró que cerró “el portón y la puerta principal, con llave”.
Regresó junto a los niños por la tarde, alrededor de las 17.00, cuando los chicos salieron de la escuela. Intentó abrir la puerta de su casa, y se encontró con la sorpresa de que la llave “no entraba”. En ese momento escuchó ruidos en el interior, “como si hubiera alguien”; pidió a sus hijos que esperen en la puerta y saltó el portón lateral de “su” casa, e ingresó por una puerta balcón “que tenía los vidrios rotos”.
De inmediato reconoció a un joven de 20 años, familiar de su vecino, y a otro sujeto a quien identificó como “Devito”, nombre conocido en San Pedro por las reiteradas denuncias “por amenazas” en las que aparece su nombre. La última, cuando Sandro Melgar denunció públicamente la presencia de este hombre en su casa, a quien apuntó como “el gordo papanatas” que lo amenazó para que abandone su postura respecto del conflicto que mantuvo con otras dos familias por el predio ubicado en Chivilcoy y 9 de Julio y lo señaló como “sicario”. Una tercera persona, que no pudo identificar, también estaba dentro de la vivienda.
“Qué hacen acá” cuestionó a los gritos la mujer y los sujetos se abalanzaron sobre ella. Matón, patotero, o sicario, el agresor de importante contextura física la tomó del cuello con una mano y pidió a “sus compañeros” que busquen algo para atarla, mientras la víctima intentaba zafar. “La vamos a matar y a prenderla fuego por usurpadora”, escuchó decir a “Devito”, y fue cuando vio que éste “llevaba un arma de fuego negra en la cintura”. La mujer se desvaneció por la falta de oxígeno y permaneció en ese estado por varios minutos. Despertó en el piso, con los pantalones bajos, aunque reconoció que desconoce si fue un intento de abuso, “pudo pasar producto del forcejeo”.
Cuando despertó, y ante la distracción de los agresores, tomó un cuchillo que estaba sobre una mesa de la cocina, escenario del ataque, e intentó agredir a los sujetos que corrieron hasta el patio de la casa, donde la joven pudo ver un boquete en el tapial que divide su casa de la de su vecino, por donde habrían ingresado.
Los delincuentes volvieron a la carga, la mujer alcanzó a agredir levemente a uno de ellos. “Me arrastraron hasta el otro lado del tapial, me metieron en el negocio (de su vecino) y Devito se me tiró encima y otra vez intentó ahorcarme”, narró la mujer que antes de desvanecerse nuevamente pudo ver llegar a su tío, alertado por lo que sucedía, quien disuadió a los sujetos, contuvo a los menores y alertó a la policía.
Denuncia y robo
Recién a las 02.00 del jueves 27 la víctima pudo reponerse, “tomar fuerzas” y dirigirse a la comisaría a radicar la denuncia. Antes fue atendida en la guardia del hospital donde descartaron lesiones de gravedad producto del ataque.
Además de la violencia desmedida y las amenazas posteriores que la mujer sufrió durante estas últimas dos semanas, y tras la salvaje agresión, la víctima denunció que aquella tarde robaron del interior de su casa un reproductor de DVD, una computadora portátil y 5.000 pesos en efectivo.
La causa llegó a manos del fiscal Manso una semana después. Es que se “traspapeló” en la comisaría y alguien olvidó enviarla hasta la fiscalía.
“De palabra”
La mujer aseguró a La Opinión que es el hijo adoptivo de la difunta propietaria quien “tiene las escrituras de la casa” y que éste “se comprometió a traer la documentación”, desde Zárate, lugar donde reside. Además, dijo que su vecino, quien la acusa de usurpadora “fue quien en realidad usurpó porque el dueño de mi casa, era dueño de la de al lado y tenía un bolichito, un día vinieron y le sacaron todo de adentro, le rompieron todo y se quedaron con la casa”.
En 48 horas, otros dos casos de usurpación
El problema se multiplica y este fin de semana quedó reflejado. Al menos dos hechos de estas características fueron denunciados entre el viernes y el domingo, perpetrados por familias que aseguraron no tener donde vivir.
Vecinos alertaron el viernes a los propietarios de una casa desocupada y en venta, ubicada en Belgrano, tras lo que los dueños radicaron la denuncia.
Una mujer de 37 años con jóvenes de 20, 18, 17 y 11 años respectivamente, ingresaron a la casa. Para ello, rompieron un candado y forzaron la puerta principal.
Otra vivienda ubicada en José Hernández al 2600 también fue ocupada en circunstancias similares.
Ambas propiedades estaban deshabitadas. Las causas se tramitan en la UFI Nº 7 a cargo de Gabriela Ates, quien pidió al Juzgado las órdenes de desalojo correspondientes.
