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El viernes, la grúa municipal secuestró un taxi Renault Sandero con matrícula de Rosario que estaba estacionado desde hacía varios días, en aparente abandono, en la cuadra de Liniers entre Mitre y 25 de Mayo.
El caso provocó un verdadero escándalo cuando aparecieron los dueños del coche. Primero fue en las puertas de la redacción de La Opinión, donde una mujer que dijo ser médica anestesióloga, estaba ofuscada por el relato en vivo del accionar de los inspectores. Es que el auto era de su pareja, con quien estaba en casa de su familia, en la otra cuadra de calle Liniers, y según sus propias palabras “en cuarentena” tras regresar de Brasil.
Mientras eso ocurría, el esposo de la médica se presentó en el predio de la Secretaría de Seguridad, frente a la Comisaría, para reclamar la devolución del vehículo secuestrado, alegando que tenía que llevar a su pareja a cumplir su guardia médica en un hospital de niños de Rosario.
Toda la situación derivó en la denuncia por parte de las autoridades locales contra esta familia por haber violado la cuarentena obligatoria que pesa sobre las personas que regresaron del exterior y cuyo accionar pone en riesgo al resto de la comunidad.
