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    Una experiencia inolvidable

    Mauricio Puy fue uno de los sampedrinos que participó en el Iron Man de Florianópolis. Lapicera en mano relató paso a paso lo vivido el 25 de Mayo.

    11 de junio de 2008 | 00:00
    Una experiencia inolvidable

    Compartamos el testimonio del sampedrino Mauricio Puy, uno de los argentinos participantes de las pruebas deportivas más exigentes que existe en el mundo. “Esta competencia la vengo programando desde hace mucho tiempo. Durante el mes de Marzo entrené bastante bien. Todas las noches previas a la carrera pude dormir muy bien, incluso la última. Me levanté con el despertador a las 4, desayuné con un jugo de frutas y medio sándwich de jamón y queso. Ya tenía todo listo, cargamos las bolsas de los special need y salimos para la carrera”.
    Natación: “Como todos los años y como en todos los Ironman del mundo a las 7 de la mañana se largó la carrera. Yo estaba a la derecha de la largada contra la valla y sólo tenía una persona delante mío. Más de 1.300 personas amontonadas en la playa, música y relatores de fondo, camarógrafos y periodistas documentando el momento, dos helicópteros sobrevolando justo encima nuestro, se te ponía la piel de gallina, existía una vibración especial en el ambiente que cuesta definir con palabras, se siente una tremenda alegría de poder estar en ese lugar, el pecho se abre y se cierra, el estómago se ríe por dentro y te lo hace sentir, esto sucede fundamentalmente en los últimos minutos antes de la largada y no saben cuanto me hubiese gustado compartir esos instantes con mis seres queridos, cuantas palabras me hubiera ahorrado en intentar transmitir sensaciones “intransferibles” con la palabra. En cuanto sonó el disparo apreté el cronómetro y ya estaba corriendo hacia el agua. Me lancé más hacia la derecha y me zambullí, hice un par de delfines y comencé a nadar”.
    Ciclismo: “Encuentro mi bicicleta fácilmente, ya que unos amigos de Rosario habían colocado debajo de sus ruedas una toalla de Bob Esponja, inconfundible. Comienzo la rodada sorprendentemente muy tranquilo, encontrándome rápidamente con las pulsaciones planeadas para esta etapa de la competencia.
    A los 10 km. aproximadamente estaba el primer puesto de abastecimiento, donde me serví mi primer gatorade y comencé a hidratarme con esta generosa bebida, y lo hice sin excepción cada 15 minutos hasta el final del recorrido.
    Siguiendo con la línea de ingesta, esta la repetía indefectiblemente cada media hora (gel – glucotem – gel – higo seco – gel – glucotem – medio sándwich de jamón y queso + gel – higo seco – gel – medio sándwich de jamón y queso – gel – glucotem) y por suerte no olvidé ninguna de ellas y pude hacerlo en debido tiempo y forma.
    En los 180 km. me sentí con el control absoluto de la carrera, me sentía bien, las últimas subidas las hice mejor que las primeras. Sólo estaba un poco ansioso por bajarme a correr.
    Como es mi costumbre en todo triatlón me saqué los zapatos arriba y bajé a la carrera como en un olímpico e inmediatamente me agarraron la bici y corrí hasta la carpa a cambiarme. El promedio total de pulsaciones en esta etapa fue de 135 PPM”.
    Carrera: “Todo parece más fácil en ese momento, cada aliento se percibe como único, te crees de verdad que es para ti.
    Los primeros kilómetros intenté correrlos cómodo, creo que es el término más apropiado, no miré ningún reloj, ni pulso, ni nada. Solo iba tranquilo y disfrutando.
    Y así, rebalsado de satisfacción salí a correr la segunda vuelta con mi bien ganada pulsera naranja.
    Me encuentro con Lorena Dora “Lore” que venía caminando en su segunda vuelta y le grito un “Fuerza Lore”, y ella con su imborrable sonrisa, a pesar del esfuerzo, me pregunta si ya termino, y mi alegría era tan grande que le levanté los dos brazos mostrando mis merecidas pulseras fluor naranja y verde y le contesté con un grito “Siiiiiiiii, ya está….”, y con ese último impulso cuando vuelvo a ver (a pesar de ir mirando todo el tiempo), ya estaba a 100 metros de la meta. El ruido era ensordecedor, poco hay de recuerdo en estos metros, me volvió a llorar la panza y el pecho se me moría de risa, otra vez esa confusa experiencia, agradable sensación, satisfacción plena, rellena. Cuando giro y veo el arco de llegada, instintivamente continúo corriendo y el último reflejo que tengo es el de levantar los brazos, se siente un silencio también ensordecedor, se pierde el sentido del tiempo y espacio, y hasta la vista, porque hoy no tengo más recuerdos que aquello tumultuoso, indescifrable contexto, collage de gente, de luces y de colores, pero nada definido. Lo concreto es que terminó.
    Como han notado no hablo de mis tiempos de competencia. Tienen alguna importancia o relevancia después de haber leído esto?
    Estoy feliz de haber vivido esta inolvidable experiencia. Siempre lo he sostenido “soy un tipo de suerte”

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