Un transplante de riñón renueva las esperanzas de los que esperan
La semana pasada un sampedrino de 30 años recibió un órgano en la Fundación Favaloro, gracias al trabajo del INCUCAI. Es una de las treinta personas que deben dializarse en San Pedro tres días a la semana durante cuatro horas por insuficiencias renales crónicas. El 40% de este grupo tiene entre 30 y 40 años, y algunos de ellos también esperan por un órgano que les devuelva un ritmo adecuado a su vida.
:format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2020/07/127225763615840.jpg)
La semana pasada, Martín Moreyra se convirtió en un sampedrino muy conocido por una muy buena noticia: después de años de espera, pudo recibir un transplante de riñón y a partir de la intervención quirúrgica comenzó una nueva etapa de la vida para él y su familia.
La noticia puso en evidencia además, otros datos que quizá se conozcan poco, al punto de encontrar una importante cantidad de personas jóvenes que, como él, sufren insuficiencia renal crónica y la única esperanza es esperar en la lista del INCUCAI.
Los médicos del Centro de Enfermedades Renales que funciona en la Clínica San Martín, son quienes más conocen estas historias. El Dr. Fabio Acosta, un médico de Rosario que arribó junto al Dr. Claudio Mascheroni para instalar este servicio, reconoció que la cantidad de pacientes jóvenes es alto: un 40% del total de pacientes que reciben semana tras semana debe someterse a diálisis.
“Las causas de la insuficiencia renal crónica son en primer lugar, la diabetes y en segundo la hipertensión, pero en los jóvenes regularmente aparece por enfermedades como la nefritis u otros problemas urológicos, como infecciones ó quistes”, explicó el especialista.
Las estadísticas nacionales dicen que la tasa de incidencia de estas afecciones renales son de 100 a 300 personas por millón, una proporción que creció en los últimos años pero sobre todo porque las personas pueden ahora tratarse y logran vivir más. En San Pedro, por ejemplo, son unas 30 las personas que deben concurrir tres veces a la semana para someterse a las cuatro horas que demora una diálisis. “Cuando empezamos atendíamos a unas 20 personas, lo que demuestra que creció la demanda”, explica Acosta.
En este contexto, es que existen cada vez más demandas también de transplantes renales en todo el país. Pero lamentablemente, la población aún no ha tomado conciencia de la importancia de donar órganos.
“La mejor publicidad para nosotros es que nuestros pacientes puedan aspirar a una mejor calidad de vida, es decir, a un transplante. Pero en la Argentina, lo malo es que casi no existe la donación de órganos, porque la tasa es muy inferior a Europa por ejemplo”, explica el Dr. Acosta.
Desde el servicio sampedrino, los especialistas derivan a sus pacientes en general al Hospital Castex o a la Fundación Favaloro para que allí sean evaluados para un posible transplante. Los estudios son muy exhaustivos para determinar si el paciente está preparado para recibir otro órgano, y si así es, existen dos opciones. La primera es que el riñón provenga de un donante vivo –en general un familiar-, y en caso contrario lo más difícil, incluirse en la lista de espera del INCUCAI hasta que aparezca su oportunidad.
Dos casos cercanos
Martín Moreyra fue transplantado en la noche del martes de la pasada semana, en la Fundación Favaloro, y los resultados fueron tan exitosos que en pocas horas pudo orinar por sus propios medios, algo que los especialistas indican como un excelente síntoma.
En San Pedro, otro joven Alberto Fernández, de 32 años, recibió un transplante similar hace un par de años en el Hospital Castex que todavía recuerdan los especialistas del servicio de la Clínica San Martín.
Según explican, hoy en día la mayoría de los transplantes de riñón son exitosos y sólo un 2 a 5% pueden presentar problemas futuros en el paciente. Pero la mayoría no sólo se cura, sino que recupera su vida normal. “Un enfermo renal puede trabajar pero no hacer grandes esfuerzos físicos. Además, los tratamientos de diálisis le demandan mucho tiempo”, explican.
Una historia que cumplió 11 años
Quizá pocos sampedrinos sepan que un reconocido comerciante y ex presidente del Centro de Comercio e Industria fue transplantado hace 11 años atrás.
Hugo Sagrera, propietario de Todo Electricidad, lo cuenta todavía con emoción y el agradecimiento de cualquier ser humano que gracias a los avances de la medicina recuperó su vida. Pero sobre todo gracias a su hermano de sangre y de alma, Carlos Alberto, que le donó uno de sus riñones para que él pudiera curarse.
“Mis problemas comenzaron a los 38 años. Los primeros síntomas fueron presión alta, me cansaba, estaba desganado, me levantaba a las 7 y a las 10 quería acostarme. Porque cuando el riñón deja de funcionar no elimina las toxinas del organismo, y sentís una constante sensación de ataque de hígado.
Los primeros estudios me diagnosticaron que era un problema renal; la solución era un transplante”, recuerda.
El nombre de la enfermedad que padecía era Poliquistosis Múltiple, una patología por la que se van formando una serie de quistes pequeños que anulan el normal funcionamiento del riñón. Se trata de un mal congénito, que Sagrera heredó en esta caso de su padre. “Mi papá murió de lo mismo, por eso digo que fijáte como evolucionó la tecnología. Yo me pude salvar pero él no”, dijo a La Opinión.
“Los estudios los empecé acá, después me fui a Capital, pasé por varios institutos y clínicas. Primero me exigieron una dieta muy estricta para preservar el funcionamiento del riñón pero cuando llegó el momento en que mis riñones no funcionaban más, empecé a acumular líquido en el organismo. Cuando entré en diálisis tenía muy avanzado los estudios de compatibilidad. Allí fue fundamental mi familia, porque la compatibilidad más cercana es de un familiar directo”, recordó Sagrera.
Pero su vida había cambiado a causa de la enfermedad. “A partir de eso cambió todo. Todo empezó a encolumnarse en pos de eso, me relacioné con gente que ya la sufría… Lo mejor es saber lo que estás padeciendo para poder llevarlo adelante. En San Pedro casi no había antecedentes, así que tuve que averiguar por todos lados… Fueron cuatro años más o menos de convivencia con la enfermedad hasta que me transplantaron. Mientras tanto, tuve que cambiar de trabajo porque se me hacía imposible llevarlo adelante”.
Cuando todo comenzó, Sagrera trabajaba en Celulosa, una fábrica que ya sufría problemas y anunciaba un posible cierre. “A pesar de lo que significa perder el trabajo no me bajoneó. El único inconveniente fue que por ese motivo tuve que andar por diferentes hospitales, clínicas y centros. Finalmente me operaron en el CEMIC”, recuerda.
Por supuesto que sabía los riesgos a lo que estaba sometida entonces su vida, pero había muchas cosas por las que tenía que seguir luchando. “Era joven y mis dos hijos eran muy chicos”, explica. La familia y los amigos fueron la mejor contención. La mamá de Hugo fue la primera que se anotó en la lista de donantes pero por un problema en un riñón no pudo ser. Entonces, la siguieron el hermano, Alberto, y un amigo.
Los estudios confirmaron que el riñón de Alberto era compatible y todo estuvo listo para el transplante.
“Nos operaron a los dos juntos, había dos quirófanos. La operación de mi hermano fue un poco más compleja. Ese acto de mi hermano Alberto jamás se lo voy a dejar de agradecer, demostró la gran persona que es”, dice todavía emocionado Hugo.
La intervención quirúrgica fue un jueves, pero al domingo siguiente pudo levantarse de la cama, y al cumplirse una semana del transplante caminaba por la ciudad de Buenos Aires.
“Ahora hago vida normal, tengo que tomar 10 pastillas por día pero me siento muy bien, no he tenido recaídas ni nada”.
En su caso, la batalla estaba ganada de antemano porque nunca bajó los brazos. “Anímicamente estuve siempre bien”, asegura una década después. “Primero me pregunté a mí mismo qué iba a hacer, cómo iba a salir, y me di cuenta que era como si te cayeras al agua: si te desesperás te ahogás, si estás tranquilo hacés la plancha. Siempre les dije a los médicos… Ustedes díganme que tengo que hacer, que yo lo hago”.
