Cuesta quitarse los motes atribuidos al periodismo durante la última década, cuesta despegarse de la operación política partidaria y hasta de la enorme tentación del sostén económico, que se ha hecho imprescindible para la supervivencia de muchos medios. Pero mucho más cuesta la serenidad que los años otorgan para el análisis y la memoria. Cuesta entender que siempre hay cuestiones que nos anteceden y otras que formarán parte de nuestra sucesión.
Ante la vulgaridad de suponer que porque estamos ante los actos de corrupción más groseros y bizarros, de que “todos son lo mismo”, algunos debemos presentar resistencia, gritar más fuerte y empuñar algunas banderas que habíamos olvidado merced a la aún ardiente llaga que nos atormenta desde que se profundizaron las distancias ente los honestos por convicción y demostración.
No hay que distraerse. Lo urgente no puede tapar lo importante y, mal que le pese al gobierno local, la bendición de una tregua siempre termina cuando se traspasan los límites del sentido común.
La pauperización de la ciudad y su descalabro económico y financiero han tenido causas, pero también protagonistas. El peor, tal vez, de los exabruptos electorales debe haber sido la legitimación de Pablo Guacone en elecciones, tras su intento de suceder a Mario Barbieri, a Julio Pángaro, Juan José Sánchez, Guillermo Farabollini y hasta si se quiere a Eduardo Luis Donatti, el intendente de facto cuyo resumen de obras aún forma parte de la estética de la ciudad en sus edificios principales: el tanque de aguas corrientes, obras sanitarias, el balneario municipal, el centro cívico y el hospital, solo por citar algunos sitios tan identitarios como la reverenda e inútil planta depuradora que terminó en Jardín de Infantes casi como una burla a las reiteradas promesas de decantar las mejores propiedades de la materia fecal colectiva.
Si se quiere, y para regocijo de quien ha leído hasta este renglón, cada palabra puede desatar una polémica e incluso una suposición sobre la cordura de haber terminado el 2015 con un excelente bombero voluntario intentando exprimir la manguera para apagar un incendio que terminó alimentando con fuego cada vez que se sometió a las presiones de quienes terminaron de dinamitar las ruinas de una ciudad rodeada por la miseria, la decadencia y el descontrol.
La fase superadora del kircherismo local, no hay que olvidarlo, se consolidó de la mano de Cristina, Cobos, Barbieri y vos.
Antes, en 2003, apenas llegaba algún fax con el nombre de las empresas que debían ser adjudicatarias de obras de viviendas para construir con cooperativas de trabajo que fueron la escala más pequeña de un modelo de corrupción que al menos en lo local terminó con usurpaciones, compra, venta y ocupación de planes que debían contar con la coordinación del estado para salvaguardar el sentido social que tenía que apuntar a la generación de la igualdad de oportunidades y terminó en grupos de vagos y punteros a sueldo, cooptados y usados por su relación con el dominio del territorio. Por plata, droga o simple delegación del poder político, los comandas de cada barrio se transformaron en colaboradores estrechos de miembros de gabinete y militantes dispuestos a mutar en las cada vez más frecuentes contiendas electorales. Hasta los médicos de la Guardia del hospital llegaron a formar parte de la pléyade de extorsionadores que ahogaron de la mano de los sindicatos municipales a todas las gestiones.
Así volcamos, caímos al precipicio y, por miedo, desde octubre hay que sentirse esperanzado, con fe y hasta con el optimismo naranja de Scioli. Todo bien, apuntar, sostener, tolerar, esperar, creer, apoyar, todos juntos, todos unidos, agradecidos hasta por los días en que sale el sol amarillo como el de la Ciudad de Buenos Aires, que “está buena”.
En esa nube mental que los fanáticos de un lado ven como un tornado y los fanáticos del otro como un cielo diáfano, están los razonamientos de quienes estamos obligados a la alerta.
El veranito de Cecilio Salazar cumple su primer semestre y los puños están apretados porque los nervios carcomen la paz que según el manual de Cambiemos hay que mostrar ante cada crítica, ante cada pálida, ante cada reproche.
A las medidas de fondo que se propusieron desde el mismo día de la asunción, la promesa de austeridad en todos los frentes, el compromiso de resolver los problemas más urgentes y ser estrictos en el ahorro le sucedió el trabajo a destajo de las áreas que cuentan con conductores con carácter suficiente como para abstraerse de la concepción inicial “de equipo” y emprender en muchos casos con la nada misma la función para la que fueron nombrados.
Así, Salud y Obras Públicas se transformaron en la cara y el respaldo más serio del gobierno local, mientras Inspección se las arregló para poder dar algunas señales claras respecto a corregir situaciones que urgen y se cobran víctimas todos los días. El hacedor de milagros Mario Sánchez Negrete es el que da la batalla cotidiana con los números, pero no logra articular en su propia oficina el sistema digital que necesita para administrar y compartir con dos o tres colaboradores leales un mismo criterio, tras el feroz aumento de tasas con el que inició su gestión y las obligaciones que le impone el Intendente para que se mantenga simpático.
El hombre que debe articular la dimensión política de la gestión, Silvio Corti, está relegado a “cuidar los chicos” para que no se desbanden, y así no se puede.
En una semana la maquinaria mostró todas las fallas juntas. En medio de buenas noticias, arreglos de calles, visitas importantes, canapés, plazas mejor iluminadas, caminos rurales reparados, apertura de la costa y viajes de gestión, le tocó a este medio llevar la rueda de auxilio. Por casualidad o por persistencia en su compromiso con lectores y oyentes, fueron siete días aciagos.
El lunes Día de la Bandera, centenares de niños, docentes, representantes de educación, fuerzas de seguridad, aspirantes a policía local, organizaciones intermedias, concejales, miembros del gabinete y el Intendente Municipal participaban de la promesa a la enseña patria en los mismos metros cuadrados que recorría un “abusador patriota”, el anciano que asentía con la cabeza mirando emocionado a los alumnos de las escuelas a los que suele regalarles caramelos cuando van a jugar a la Plaza de la Amistad, a solo una cuadra de la casa que habita y donde debería cumplir prisión domiciliaria porque se lo halló responsable de abusar de un niño de 11 años y contagiarle una enfermedad venérea, amen de una sucesión de episodios que ha protagonizado en los últimos años a punto tal que nadie de su familia de sangre acepta hacerse cargo de este peligroso abuelo con escarapela.
Estaba en el sector reservado a los funcionarios que o no lo reconocieron o pensaron que ya había recuperado la libertad plena. El Comisario Fabián Gallo se enteró esa misma noche de la presencia del sujeto, consignó que no era la primera vez que salía de su domicilio e informó de inmediato a la Fiscala Viviana Ramos, quien elevó al Juzgado de Garantías un pedido de revocación fundado en las pruebas y registros que obtuvieron los medios.
Lo extraño es que los días pasaron sin que autoridad alguna o representante se expresara diligentemente en colaboración con la denuncia o mínimamente emitiera un comunicado individual o conjunto para que el público presente sepa que, aunque sea, sintieron la misma indignación o repugnancia de quienes horas después de un lindo acto entendieron que desde la vereda los observaba un depravado que necesita contención y asistencia médica urgente, además del alojamiento en un lugar donde no represente una amenaza para sus víctimas.
Ese mismo lunes, pero por la tarde, había actividades en el CIC, con la visita de un funcionario provincial que fue acompañado por el intendente Salazar a recorrer los barrios que rodean esa zona y a compartir actividades. En las expresiones a la prensa no se mencionó el episodio de esa mañana pero sí se marcó el profundo quiebre social que existe al norte de la avenida 11 de Septiembre.
Mientras esperaban las ensaimadas para retirarse de la ciudad, la prensa y la policía intentaban cotejar fotos y videos para identificar al abusador.
El martes comenzaron a arreciar las versiones del alejamiento del Dr. José Herbas del Hospital, que se incrementaron cuando el jueves a la madrugada murió un chico de 14 años a quien entre tres o cuatro médicos de la Guardia no supieron diagnosticar a tiempo una apendicitis que derivó en peritonitis y en una infección generalizada que le costó la vida (ver página 4).
Ese mismo jueves hubo sesión del Concejo para, otra vez, debatir sobre la Policía Local y otras “cuestiones de reglamento”. Casi en simultáneo, la asamblea de la Coopser otorgaba mandato a su Consejo de Adminsitración para comprar una clínica y comenzar a pensar en una sociedad anónima que pueda administrar una prepaga (ver página 5), algo que durante el menemismo se llamaba privatización o lucro y que ahora tomará el nombre de equidad sanitaria.
A la misma hora, el decreto 389 que terminaba casi por completo con el Festival de Bonificaciones varias veces denunciado por este medio, ganaba espacio en la opinión pública y ponía en conocimiento a varios de sus dolientes de la medida que, en el marco de la Emergencia Económica, el Ejecutivo puede tomar. El plazo vence el próximo viernes y por ello en la lista de víctimas pagaron algunos justos por los pecadores, algo que el mismo Sánchez Negrete está dispuesto a remediar con el respaldo de Salazar. Casos de médicos que están cuando se los llama y que siempre cumplieron o el de empleados que no fueron jerarquizados en más de 20 años de carrera fueron los más irritantes (ver página 3).
Todo eso el jueves de una larga semana en que los chicos que cuida Silvio Corti seguían jugando en el pelotero en el que ni siquiera han logrado la puesta en marcha del Centro de Monitoreo, las alarmas antipánico, el estacionamiento medido y ni hablar de la digitalización de los trámites municipales. Claro está que hablamos del área que conduce Leonel de Ruba, siempre dispuesta a una explicación difícil para alguna cuestión elemental y tan simple como no eludir la realidad.
El viernes el alejamiento de Herbas era un hecho y con ese naufragio parecía complicado sumar otra cuestión al agotamiento que producen los entuertos intramuros del gabinete que solo intentó ser un equipo en el que la carga laboral ha resultado muy despareja. Los seis meses se notan en la cara de varios de los secretarios mientras que en otros, parece fiesta y jolgorio. Divinas y Populares, a ritmo frenético, en la tercera fase.
En horas del mediodía los vecinos volvieron a desempeñar el trabajo que Desarrollo Humano cumple de 7 a 14 y de lunes a viernes. Nadie atiende, nadie asiste, salvo la excepción de algunos empleados sensibles desde el portazo de la abogada Paola Prez, que dejó mudos a quienes creían que “la estancia estaba en orden”.
Dos menores estaban abandonados a su suerte en una vivienda del Barrio San José tras un brote que llevaba más de cinco días de pedidos de auxilio para una mujer que padece una enfermedad psiquiátrica. Una vez más, el único teléfono disponible fue el del comisario Fabián Gallo, quien también movilizó a la Comisaría de la Mujer para que trasladaran por separado a la madre y sus dos hijos hasta el Hospital donde la mujer recibió asistencia y los niños esperaron pacientes hasta que los dejaron en la sede policial instalada en el Instituto Sarmiento.
La única pena fue que en esa semana asfixiante y de gritos mudos terminó en una discusión menor que tuvo como epicentro un campeonato de fútbol interbarrial organizado por el sumamente conocido Pastor Coronel, el mismo que participaba activamente de campañas políticas y ahora premia con un lechón a quienes se pagan su inscripción para participar.
El vocero de esa queja fue un Jefe Comunal que hasta el momento no se había puesto quisquilloso por las mentiras que le soplan al oído los siempre dispuestos a hacerlo frenar con el dedo gordo del pie sobre el filo de una gillete.

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