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El lunes, la primera baja del gabinete de Salazar para “recortar el gasto de la política” se mudó al Concejo. Jonathan Galván asumió el cargo que tenía Donatti, la Dirección Administrativa.
El exmilitante barbierista del grupo que lidera Martín Pando, expresidente de la UCR, exmilitante activo del Pro durante la precandidatura de Sergio Rosa y devenido luego en fervoroso cecilista de primera fila en los congresos del partido Fe dejó la Secretaría Privada y de Prensa, que fue disuelta por el intendente, que mantendrá a los empleados y contratados, aunque algunos ya no trabajan.
Galván era blanco de críticas entre muchos de sus compañeros de gabinete. “Pero es leal, por eso sigue”, repetían funcionarios que tenían trato diario con él.
En el Gobierno alguna vez le llamaron la atención por los excesivos reintegros que habría pasado durante algunos meses. Ciertas prácticas cuestionables eran parte del ceño fruncido con el que lo miraban algunos secretarios. No faltó quien recordara las andanzas del pastor Coronel y su talonario volador de facturas de dudoso origen.
Un llamado telefónico desde el banco Provincia habría desencadenado la ira y precipitado su expulsión. “Lo salvó Mónica”, aseguraron quienes esperaban desde hace tiempo su salida.
El lunes, cuando ya estaba en funciones en el Concejo tras el nombramiento promovido por Otero, Galván dijo a La Opinión que su mudanza de cargo “atiende a la reestructuración que está pidiendo la gobernadora y que Cecilio va a acatar”.
“Me propuso este desafío de ir a desempeñarme en el Concejo y acepté”, dijo en alusión a Salazar y agregó: “Soy un soldado de Cecilio y creo que es tiempo de que cada uno haga un esfuerzo para salir de este momento”, dijo Jonathan Galván, consultado acerca de este cambio en sus funciones políticas dentro de la estructura gubernamental de Cambiemos.
