Un policía muerto, dos heridos y un reclamo de justicia tras la peor tragedia
Dos delincuentes entraron a robar a la joyería Taibo, en pleno centro de la ciudad cuando los comercios recién abrían. El efectivo de 40 años fue ultimado sin miramientos por parte de los ladrones, que huyeron del lugar y fueron atrapados uno en una zapatería y el otro en el edificio Mitre. Los policías reclamaron con enojo por las condiciones laborales y se quejaron de la Justicia. El Jefe de la Policía de la Provincia, Hugo Matzkin anunció su presencia.
:format(webp):quality(75)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2020/08/p1300518_800x600.jpg)
Un hecho de características insólitas sorprendió a la ciudad el martes por la tarde, en pleno centro. Fue en Mitre al 900, donde dos delincuentes armados entraron a la joyería Taibo, maniataron a su propietario y se tirotearon con la policía. El resultado fue un efectivo fallecido, otros dos heridos, una persecución hacia otro negocio, donde rompieron la vidriera, y un operativo en el edificio Mitre, donde se refugió uno de los ladrones y fue atrapado.
Un reclamo generalizado de los compañeros del policía ultimado y la queja de una población que se mostró consternada por el hecho fueron parte de múltiples manifestaciones de bronca que se sumaron al del luto de la familia policial y de los vecinos de la ciudad, muchos de los cuales aplaudieron el accionar de los oficiales que detuvieron a los delincuentes mientras su compañero agonizaba en el Hospital.
Un raid delictivo
Todo comenzó en el negocio que Raúl Taibo tiene pegado al de su hermano Jorge, donde los delincuentes entraron con fines de robo. Alertada la policía, un móvil llegó al instante. Allí comenzó un tiroteo en el que resultó herido Juan Gabriel Reyna, de 40 años, quien murió en el Hospital tras recibir un disparo en el abdomen y otro en el rostro.
“Veníamos por calle Mitre, venía un patrullero a fondo, se bajó una policía con una Itaca en la mano y entró a Taibo, en eso el ladrón le arrebató el arma y empezó a tirar tiros a un policía que estaba en el piso, al que le habían pegado un tiro en la cabeza”, contó una testigo.
El bombero Walter Keudell fue de los primeros en arribar a la joyería Taibo. “Cuando llegué, uno de los chorros salía; entro y pregunto al policía quién estaba herido, me encuentro con la chica con la cabeza rota y sangre en la cara, a su derecha el policía que falleció, todo eso adentro del local, el muchacho estaba debajo de la vidriera”.
Los delincuentes corrieron por Ruíz Moreno, perseguidos por policías que escucharon por radio que necesitaban apoyo y a gran velocidad llegaron desde la zona del Estadio hacia el lugar de los hechos. A pie, corrieron a los ladrones. Uno dobló en Pellegrini y quiso meterse en la financiera RapiCuotas y lo hizo en la zapatería Kako’s rompiendo la vidriera de ese negocio, donde había clientes.
Dos efectivos policiales lograron atraparlo, con varios cortes en el rostro y el cuerpo. El otro ladrón corrió por la misma calle. Fue visto por ocasionales clientes del bar del club Mitre cuando a toda velocidad descartaba una camisa negra que quedó en la calle y se metió en el edificio ubicado en Salta.
Hacia allí llegó un gran operativo policial, con los efectivos muy enojados producto de la situación. Ya sospechaban lo que luego confirmaron, puesto que sabían que el estado de su compañero era muy crítico.
Los policías, con el Jefe Distrital Dante Paolini y el titular de la Comisaría Fabián Gallo a la cabeza, ingresaron al edificio Mitre, donde el ladrón entró armado y fue apresado en el último piso, en el sector de depósito, en medio del susto de los habitantes de esa torre de departamentos.
A los pocos minutos salieron con el delincuente apresado. Lo metieron en un patrullero con la cara tapada. Luego lo pasaron a otro, ya con el rostro descubierto y en medio de los gritos de los vecinos y los propios efectivos policiales, muy enojados con lo que había sucedido.
Paolini volvió al edificio junto a otros policías para secuestrar el arma que el ladrón había arrojado y resguardar la escena de la detención. Instantes después salió llorando. Lo mismo se veía en los rostros jóvenes de los efectivos, que con lágrimas en los ojos y la rabia contenida en sus bocas apretadas daban cuenta del triste desenlace.
Los delincuentes serían uno oriundo de Arrecifes y el otro del Conurbano. Ambos habrían sido “aguantados” en San Pedro desde hace una semana por un reconocido delincuente al que la policía persigue hace tiempo y al que otros malvivientes se la tienen “jurada”. Ese sería el tercero en cuestión, que habría oficiado de campana para el robo y que logró huir cuando comenzó el tiroteo.
Herido de muerte
En la Guardia del Hospital, el Jefe del Servicio Pablo Picchioni dio detalles de cómo llegaron los heridos a ese lugar. “Hicimos estudios e intentamos recomponer la situación, pero la herida de arma de fuego en el abdomen es la que le ha provocado el fallecimiento, porque ciertos proyectiles generan un verdadero destrozo en los órganos internos”, detalló sobre Reyna.
Los otros oficiales heridos son Patricia Melgar, de 33 años, y Miguel Coronel, de 30. “Él recibió herida de arma de fuego que lo rozó en región frontal y cuero cabelludo, la chica tiene herida también en el cuero cabelludo, producto de golpes, pero están bien los dos”, precisó Picchioni.
El médico contó que el fallecido policía era “muy cercano a la Guardia, porque en cierto modo nos termina uniendo el trabajo”. Reyna tenía un balazo en el pómulo derecho, en pleno rostro, y otra en el abdomen.
El Servicio de Emergencias 107 había llegado a la zona del hecho para asistir a los heridos y se encontraron con Reyna “totalmente shockeado, con una herida que le provoca mucha pérdida de sangre”. Picchioni detalló que “llegó a la Guardia con signos vitales mínimos, entró al quirófano para intentar animarlo y lamentablemente ya no se pudo hacer nada”.
Los compañeros de Reyna profundizaron su malestar y alertaron que uno de los detenidos, ambos foráneos, estaría cumpliendo una condena con salidas transitorias, lo que hizo crecer la bronca entre los policías. “Los detenemos y los sacan enseguida”, se quejaron.
Reclamos policiales
Este es al menos el 29° policía ultimado en lo que va del año en la provincia de Buenos Aires. No sólo ello explica la reacción de los compañeros de Reyna, que apuntaron contra la Justicia y contra el Gobierno provincial, en cuyo Ministerio de Seguridad las autoridades municipales y las organizaciones que trabajan en la materia reclamaron incansablemente por refuerzos, elementos, patrulleros y hasta chalecos antibalas.
Esos mismos reclamos se escucharon con la crisis de nervios que los policías sampedrinos tenían en el Hospital. El Jefe Departamental Gustavo Bonachera llegó al nosocomio y recibió un irónico aplauso de los efectivos sampedrinos, que lo hicieron entre lágrimas.
En la zona del hecho, los fiscales Gabriela Ates y Marcelo Manso se hicieron presentes para recabar testimonios, mientras se desarrollaban las tareas periciales.
El cuerpo de Reyna fue trasladado a la morgue de San Nicolás para la correspondiente autopsia. Mientras tanto, sus compañeros que vieron salir la camioneta de Policía Científica con el cuerpo repitieron la queja: “Esto no da para más, están todos los chalecos vencidos, de los móviles no sirve ninguno, la municipalidad no tiene plata y te dan 20 litros de combustible por día; esta es la gota que rebalsó el vaso”.
La queja también apuntó al Fiscal Manso, que había convocado a unos 40 efectivos para una rueda de reconocimiento, lo que dejó a la ciudad con apenas un patrullero, el mismo que a la mañana había pedido una batería prestada para circular.
El Secretario de Seguridad Javier Silva y el de Coordinación Fabián Bianchi estaban al cierre de esta edición observando junto a Policía Científica las imágenes registradas en el Centro de Monitoreo. Bianchi informó a La Opinión que llegaba a San Pedro el Jefe máximo de la Bonaerense, Hugo Matzkin y no descartó la presencia de otras autoridades.
Un policía de 24 horas
Gabriel Reyna, oriundo de San Nicolás y padre de dos hijos, estaba en pareja con la sampedrina Miriam Cacho, también policía. Hacía 15 años que se desempeñaba en San Pedro. Sus compañeros lo recuerdan como un hombre jovial, de buen humor, que le gustaba reunirse con sus amigos a disfrutar de un asado y solía vérselo en las canchas de fútbol cumpliendo tareas.
“Jodón, gran compañero, un tipo bárbaro”, describió un policía. Las autoridades lo recordaron como un efectivo “que hacía honor al uniforme” y como “un gran trabajador”. Así lo ratificaron sus compañeros: “Andaba las 24 horas, por eso le pasó lo que le pasó”. No faltó el que se quejó por la “miseria que cobran”, que los obliga a hacer horas extras, las llamadas “cores”, por las que “pagan una miseria aún peor”.
