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viernes, julio 23, 2021
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Un pionero del turismo

Miguel Bordoy, “el gordo” para muchos sampedrinos, recuerda en esta carta su condición de pionero en la actividad turística. Hoy, desde España se transforma en nuestro invitado especial y, por qué no, en un gestor de ideas para poner en práctica a la hora de crecer planificadamente.

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Bajé por Internet la nota aparecida en LA OPINIÓN acerca de las quejas de turistas por “mala praxis” en San Pedro, y sin ánimo de sentar cátedra procuraré comentar lo que veo precisamente aquí, en esta isla, al tiempo que estoy escribiendo otro libro “Los argentinos precursores del turismo en Mallorca”, aprovechando la circunstancia de que el Grupo Barceló (con parientes en San Pedro) acaba de comprar el Hotel Formentor, ubicado en el norte de Mallorca, en 58 millones de euros, edificado en 1929 por el argentino Adán Diehl por 14 millones de pesos, del tiempo en que atábamos los perros con chorizos, y un peso valía igual que un duro de plata 925, que a razón de 40 de esas monedas en un kilo, habrían pesado casi nueve toneladas de plata ¡Un Potosí! Luego de mi primer viaje en 1936 (y nos pilló la guerra civil aquí), volví en 1967 invitado por la Embajada de España a raíz del magnífico espectáculo que protagonizaron mis alumnos “descubriendo América” en la playa del Náutico el 12 de Octubre de 1966, siendo ministro de Información y Turismo, en tiempos de Franco, Manuel Iribarne, hoy senador, luego de ser reelecto por tres veces, en democracia, como Presidente de Galicia, momento desde el que me honra con su amistad. Este ministro fue el creador de la infraestructura turística de la que hoy hace gala España. Paralelamente se instalaron en Palma de Mallorca la Esc. de Turismo del Mediterráneo regentada por los jesuitas, y la Esc. de Turismo de Baleares dirigida por Don Felipe Rodríguez, granadino con parientes en La Plata, ocasión en que acompañé la 1ª promoción de Técnicos Turísticos y se me distinguió con un certificado que acreditaba mis conocimientos para instalar un “centro de formación turística” en San Pedro, que quizá recordarán que funcionó en Mitre 655, sin mucho interés por parte de quienes preferían más preparar asignaturas para examen, que por cierto no eran las que yo dictaba en la Esc. de Comercio, cuya insigne directora, Lita Mantovani, opinaba que no debía preparar alumnos para ingreso pues sería incompatible, pero los postulantes no eran alumnos de la escuela hasta que no ingresaran, en un 100% que proclamo con satisfacción (Víctor Solmi no me dejaría mentir). A mi regreso de aquel viaje fui designado Delegado Consular Honorario de España y me vinculé a una empresa turística que me facilitó el que creara la primera agencia de viajes de San Pedro. Recuerdo que me visitó Don Secundino Villarroya atraído por la cantidad de folletos de España que exhibía en la vidriera. Comentó que había nacido en La Fresneda, un pueblito de Teruel “que ni figura en el mapa…”. Tomé uno, ubiqué La Fresneda y se lo di. Con lágrimas de emoción Secundino decidió: “Déme un pasaje para España.”
Así fue como vendí el primer pasaje. Aun me parece verlo en el boulevard contándole a sus amigos las maravillas del viaje. Mi continuadora Violeta García es una eficiente profesional desde su inicio. Posteriormente, con fecha 12/11/80 en el Estudio Luliano de Palma, obtuve el título de administrador de empresas turísticas, y gracias a él, ya jubilado en 1985 viajé a Mallorca por espacio de seis meses cada año hasta que me radiqué aquí, preparando los “Encuentros Baleares en Argentina”, de la empresa Viajes Gran Sud, llevando varios contingentes a San Pedro, dado que no hay mallorquín que no tenga allí un pariente o cuando menos un amigo. Con anterioridad, un lunes de 1980 llegó a San Pedro la “Embajada Balear” encabezando Gabriel Barceló Oliver un grupo de hoteleros y restaurantistas mallorquines, y el sábado de la misma semana nos visitó el “1er. Encuentro Balear en la Argentina” capitaneado por Don Antonio Adrover con otro numeroso grupo. La aun incipiente Agrupación Mallorca que yo presidía se prodigó en un esfuerzo extraordinario, invitando a los visitantes a almuerzos en el restaurant de Cooproyco, amenizados por conjuntos folclóricos de mis alumnos y el bandoneón de Bartolito Garau, previa recepción en la Municipalidad degustando sobrasada y ensaimada, que aquellos mallorquines ni soñaban (El intendente Donatti también me guardaría de mentir). Se sumó una excursión en lancha con la generosa participación de Prefectura. Cuando intervine en la preparación de los “Encuentros Baleares”, el viaje consistía en pasar cuatro días en Río de Janeiro, dos en Cataratas del Iguazú, tres en Bs. As. dos días en Mendoza, dos en San Pedro y en Bs. As. emprendían el regreso a Mallorca, a un costo de unas 300.000 pesetas. En cualquier actividad humana, improvisar implica la diferencia entre éxito y fracaso. El turismo en España empezó a tomar vuelo en los años 60, tanto que ya en 1964 las dos escuelas de turismo estaban en plena actividad. Sólo subsistió la mejor que hasta hace poco dirigía mi amigo Felipe Rodríguez y le ha legado hasta su nombre a la que funciona en calle del Sol, 1, de Palma. Otra, no menos importante, está en el campus de la Universidad de las Islas Baleares y se complementa con la de Hostelería, ambas de grado universitario, dada la importancia que se le asigna a la actividad turística. En los años 70 se advirtió que los visitantes llegarían al millón, la Asociación de Hoteleros dispuso conceder 15 días de alojamiento gratis al pasajero que alcanzara esa cifra. Al entonces gerente de Plácido Martínez Sobrado, Manuel Vila, le costó una semana conseguir pasaje de Barcelona a Palma, porque todo el mundo especulaba con llegar a la cantidad de tres millones. Se acabó el incentivo al llegar a los cinco millones y un mes gratis. Gracias a eso y a una buena conjunción de esfuerzos por parte del Gobierno Balear y la empresa privada, en 2006 han pasado 12 millones de turistas y se comenta que quizá se supere este año. Desde que estoy aquí, han pasado por mi casa 50 de mis ex alumnos, la última Dorita Debock, y tres profesoras, la Sra. de Montaldo, Emilce Contreras y Pepita Thomas, esperando en estos días a Tito Borda con su esposa la Negrita Sarchione, serán 52, no por virtudes del turismo sino por efecto del cariño. Es más que necesario crear un centro de capacitación para técnicos en turismo, bien preparados, y no dejar que la política haga más que lo que le corresponde estrictamente, dado que me informa LA OPINIÓN que en turismo estaba una Srta. Cabrera que entendía bien su tarea municipal y fue reemplazada.
El Municipio debe concretarse la función de contralor y beneficiarse con los ingresos que procura “la industria sin chimeneas”. Sólo así se evitarán las quejas del turista agraviado, algo más que contraproducente, procurando también que no ocurra lo de aquel que preguntó a la recepción del hotel si podría alojarse con su perro, y le respondieron que no había inconveniente, siempre que la opinión del perro con respecto a su amo fuese favorable.

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