A un año de la desaparición y muerte de Agustín
El viernes se cumple un año del matridio de Agustín López, el bebé denunciado como desaparecido y luego hallado enterrado en un campo. Una historia macabra y siniestra que sacudió a la opinión pública.
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En ninguno de los capítulos narrados a través de los años en la historia policial de la ciudad, se pensó que alguna otra causa superaría los episodios más espantosos, conocidos como “el caso Carolina Ayelén”, la niña que era castigada con cadenas y atada a un palomar por su padre “porque se hacía pis encima” y luego falleció, o “el caso Brisa Juárez”, la bebé que era utilizada por su madre para ingresar como mula droga a la cárcel.
La realidad marca que el “caso Agustín”, por las alternativas, particularidades y sus misterios, “fue, es y será”, el caso más espeluznante que se recuerde.
Gabriela López, la mujer de 39 años que después de seis días de búsqueda y angustia confesó haber matado a su bebé, permanece con prisión preventiva luego de pasar por la Unidad Penal de Los Hornos y una clínica privada de Pergamino. Meses después fue beneficiada con arresto domiciliario y aguarda en su casa de Santa Lucía, que de un momento a otro la causa se eleve a juicio y se conozca la sentencia que le cabrá ante semejante episodio.
A un año del horror
El 1º de octubre de 2009, Gabriela López dio a luz al pequeño Agustín, un hermoso bebé que nació en la clínica San Martín.
Tres días después se acercó a la redacción de La Opinión Semanario para denunciar la desaparición de su hijo. López, relató que se fue de la clínica cerca de las 19:00 hs. entregó la criatura a una mujer que había conocido en las puertas de la Casa del Niño, y se tomó el colectivo con destino a Santa Lucía para regresar a su casa del paraje El Descanso. Su relato más contundente se produjo cuando repitió ante cada requisitoria, que fue esa misma tarde cuando llamó a la supuesta madre adoptiva para avisarle que le entregaría el bebé. “Bajá que te espero en la esquina”, indicó.
El sábado 3 de octubre, Gerardo Sobrino se presentó en el destacamento policial de Santa Lucía asegurando que su ex pareja, Gabriela López, había hecho desaparecer un bebé que supuestamente era el producto de una relación sentimental entre ambos, pero que habría concluido en diciembre del 2008.
En el primer contacto con la policía, la mujer relató que el niño había quedado en poder de su padre, pero a los pocos minutos cambió de versión y relató pormenorizadamente como le había entregado el bebé de tres días a una mujer de unos 40 años, flaca y morocha, que había conocido cinco meses atrás.
Al día siguiente fue cuando visitó (junto a su hermano Walter) las oficinas de La Opinión, y reclamó arrepentida la devolución de su hijo.
Llamativamente, había asegurado que durante todos esos meses había guardado un papelito en donde habría anotado el número de celular de esa señora, pero el mismo día en que la llamó lo perdió. Además decía haber borrado del registro de llamadas de su celular, en donde debería figurar el número de esa supuesta mujer. Las sospechas crecieron aun más cuando se pudo comprobar a través del sistema 611 de la empresa Claro que ese llamado nunca existió.
Así fueron transcurriendo los días, con Gabriela López repitiendo la misma historia y todo un país buscando al pequeño Agustín. Las fotos del bebé y las del identikit descripto por la mujer comenzaron a observarse en distintos lugares, y hasta los principales medios de prensa de la Argentina llegaron a San Pedro y Santa Lucía para contar lo que estaba sucediendo. Las dudas estuvieron siempre latentes pero nadie imaginó que todo se desenvolvería como finalmente sucedió.
El desenlace menos pensado
Durante seis días Gabriela López ocultó una trama tan siniestra como impensada, que supuestamente ella sola ideó y pergeñó hasta que su propia conciencia la llevó a confesar. Mientras tanto modeló una situación que fue ganando en interés hasta alcanzar una trascendencia inesperada, lo que quizás también influyó para que su mentira estallara y le diera un giro imprevisto a la causa.
“Esa noche, antes de llegar a lo de la madre de mi cuñada, le dije que me contara si había algo más. Ella lo pensó y me miró, y allí comenzó a hacerme dudar, como que algo más tenía para contar”, relató Walter, hermano de Gabriela López.
Ignacio, su papá, también la interpeló una vez en la casa del paraje El Descanso: “Cuando llegó a la casa, fui a su pieza y le dije: ‘Gabriela, tenés que contar la verdad si es que pasó algo más. Todos estamos con vos, pero si sabés algo más, tenés que decirlo’. Levantó la vista y me dijo que no, y repitió la misma historia que venía contando durante toda la semana”, contó Ignacio el padre de la imputada.
Nadie imaginó que durante esa noche Gabriela López analizaría qué hacer.
A la mañana siguiente, la historia dio un giro, quizás esperado pero jamás imaginado. Sentada en la oficina de la Dra. Mirta Cardoso y ante la presencia de al menos cinco personas que habían colaborado en la búsqueda durante todos esos días, Gabriela se quebró: “¡Yo lo maté!”, exclamó. “Lo asfixié, lo metí adentro del bolso y le puse la mantita arriba. Me fui a mi casa y esperé que todos se durmieran. Cuando todos dormían me levanté y lo enterré en el patio, debajo de un árbol”, relató Gabriela López.
Efectivamente, esa misma tarde, después de varias horas de espera y las inexplicables demoras y titubeos de la Fiscal Franca Padulo, se procedió a ingresar al campo del paraje El Descanso. Personal de Policía Científica comenzó a excavar y en una tapera y debajo de un árbol se halló enterrado el cuerpo del desafortunado Agustín.
