Un joven muerto, 365 días sin culpables
A un año del asesinato de Nicolás Castillo, la causa sigue en plena instrucción. El joven de 20 años desapareció el 12 de Enero de 2015. Hay pocos sospechosos y ningún detenido. ¿Quién y por qué mataron a Nicolás Castillo?. El Fiscal Marcelo Manso espera una última pericia que de arrojar resultados positivos sólo lograría establecer el lugar en el que la víctima recibió un golpe letal en la nuca.
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No hay detenidos por el hecho que le costó la vida aunque en su propio entorno siempre hubo sospechas. Tampoco se sabe cuál fue el móvil que llevó a al menos una persona a golpearlo salvajemente y; a varias, a depositar su cuerpo estaqueado en un bañado con visibles lesiones de quemaduras sobre el tórax y prácticamente desnudo.
Fueron doce meses de versiones, hipótesis y hasta hallazgos tardíos de elementos que supuestamente servían para completar los datos que necesitaban los investigadores. Sólo las firmes sospechas del Fiscal que, desde un principio se centraron en el círculo íntimo de la víctima.
El joven, quien desde hacía algunos meses vivía con su madre y dos hermanos en la ciudad de Baradero, mientras que el resto de la familia habitaba la casa de Río Tala, fue visto por última vez el lunes 12 de enero de 2014. Dos días después, es decir el 14, su mamá radicó la denuncia reclamando por su paradero. La triste noticia sobre el fatal destino de Nicolás llegó el 16 de febrero, más de un mes después de intensa búsqueda y rastrillajes, cuando un niño que buscaba ranas mientras su padre y amigos pescaban en la zona, divisó restos humanos entre las aguas estancadas y el pastizal que brotaba sobre un bañado cercano al Río Arrecifes.
Desde aquella mañana, cuando una comitiva policial trabajó en el lugar, aparecieron varios indicios que a poco de andar fueron descartados.
Según entienden las principales fuentes allegadas a la instrucción de la causa todos los caminos conducen a un mismo lugar: los momentos previos a su desaparición o fuga de su domicilio talense.
Hay sospechosos pero no hay imputados, y sólo los resultados de las pericias determinarán dónde murió y quien podría tener relación con el asesinato.
De enero a enero
Nicolás Castillo tenía 20 años y fue visto por última vez el lunes 12 de enero de 2014, supuestamente acompañado por una joven mujer a bordo de una moto. Circularon decenas de versiones sobre su desaparición; que estaba involucrado en problemas de drogas, que fue víctima de los celos del novio de esa supuesta amiga, que le pegaron en un baile, que estaba herido en una casa abandonada sobre la ruta 1001, que le habían querido robar la plata de un rodado que había vendido y, la hipótesis más firme, a la que le apunta el Fiscal Marcelo Manso es la que indica que el joven perdió la vida a raíz de una diferencia familiar.
Durante más de un mes se lo buscó por Río Tala, Doyle, San Pedro, Gobernador Castro y las vías del ferrocarril, tanto en el radio urbano como en el suburbano. Se rastrillaron taperas, basurales y el río Arrecifes, pero todos los resultados fueron negativos.
Secuestraron autos, palas y diversos elementos, tomaron testimonios pero no fueron suficientes para encontrar a el o los responsables.
Las primeras actuaciones ordenadas desde la fiscalía fueron las que surgieron desde el mismísimo núcleo familiar.
Antes de ser asesinado, Nicolás Castillo moraba en el hogar materno en la vecina ciudad de Bardero pero durante la intensa búsqueda, la policía allanó la casa que había habitado con su familia en Río Tala.
En ese operativo fueron secuestrados los elementos más importantes con los que cuenta la causa hasta el momento; vestimenta, ropa de cama, calzados salpicados con sangre, y varias manchas hemáticas en el patio de la casa, cuyas muestras fueron remitidas para peritarlas sin que hasta la fecha se haya podido corroborar si le pertenecen.
También, y días después del hallazgo del cadáver secuestraron el auto Ford Falcon de la familia, similar al vehículo que fue reportado por el video de una cámara de seguridad cuando el día 13 de enero por la tarde transitaba por la exruta 9 en dirección al Río Arrecifes. En su baúl también encontraron rastros de sangre que tras su remisión a los especialistas no han logrado ser identificados.
Los datos objetivos indican que a Nicolás Castillo lo mataron salvajemente sin que se sepa el motivo y el autor.
El día en que murió o lo asesinaron
Durante la intensa búsqueda del joven no hubo un solo indicio ni dato que llevara a pensar que estaba con vida. El estado en el que se encontraron los restos del cuerpo de Nicolás parece indicar que encontró la muerte el mismo día en que desapareció.
Intuyen que fue un golpe certero en la nuca el que lo dejó sin vida e incluso concluyeron en que el lugar del crimen no fue el mismo en el que fue hallado.
La mirada de la Fiscalía volvió a posarse en el entorno íntimo cuando comprobó que las manchas de sangre que la familia atribuía a “un perro que se comió a una gallina”, en realidad pertenecían a un ser humano. Los tests de certificación elaborados en La Plata no conformaron a Marcelo Manso y por ello recurrió al laboratorio de la Asesoría Pericial de Junín. Los resultados aún no llegaron y tal vez sea esa la última carta con la que cuenta para el esclarecimiento del crimen.
Los rastrillajes que se habían llevado a cabo en la misma zona del bañado alimentan una conjetura que tiene características creíbles. Cada vez que la policía se acercaba a ese lugar, recibía un llamado o una nueva pista para desviarlos hacia otras zonas. Tal vez, el o los asesinos especulaban con la descomposición del cadáver que habían sujetado con estacas para evitar su flotación en un bajo donde el nivel del agua suele ser alto.
Para identificarlo recurrieron a los retazos de una remera azul y a la débil persistencia de un tatuaje. Los rastros de ADN no tienen confirmación y la familia pudo darle sepultura a Nicolás a fines del mes de junio.
“No siento a mi hijo muerto”
Desde su casa de Baradero, Mercedes Robles, la mamá de Nicolás Castillo lo recordó con emoción y apuntó a su otro entorno: los amigos, que en muchos casos decidieron abandonar Río Tala.
“No hay detenidos, no hay nada, y por lo que entiendo se sigue culpando a la familia y yo sé que mi familia no fue. Los que supuestamente estuvieron por última vez con él están en libertad, se fueron de Río Tala, algunos están en el Chaco y otros en Santa Fe. Yo creo que esos chicos tienen algo que ver sino porqué se van a ir. Eran amigos de mi hijo, pero no sé porque lo mataron”, reclamó la mujer.
“Hace un año ya de que no lo tengo a mi hijo, yo sigo confiando que en algún momento se va a saber la verdad. Hasta el día de hoy no puedo aceptar que mi hijo no está. ¿Por qué?, porque está todo mal, desde el día en que desapareció hasta cuando se encontró el cuerpo, hasta el día en que me entregaron el ADN, vi todo mal hecho”.
“Como intuición de mamá, no siento a mi hijo muerto, porque no hay nada claro en todo esto, todo es muy confuso. Hasta que no sepa la verdad, no voy a estar tranquila”.
Mercedes se quiebra al hablar de su hijo y tiene la ilusión de cruzarlo por la calle. “Recuerdo de Nicolás lo hermoso que era, respetuoso… yo lo recuerdo así. Yo le decía que tuviera cuidado con las juntas y él me respondía: mamá, mis amigos me cuidan, mis amigos me quieren, nunca me van a hacer mal, pero hoy esos amigos me lo sacaron”.
