Un destino errático para el bebé abandonado por su madre
Su joven madre de 17 años volvió a fugarse de Gravida, por lo que la intervención de las autoridades llegó a la decisión de interponer una medida de abrigo. El niño de ocho meses fue trasladado a una institución provincial. Sin familia y sin destino cierto, comenzará a crecer allí mientras su madre recibirá atención profesional.
:format(webp):quality(75)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2020/08/134140429276559223.jpg)
Las manos de ese bebé que apareció hace dos semanas en la vereda del Instituto Sarmiento buscan en el aire un abrazo que no llega. Es el de su madre, una joven de 17 años identificada como Nadia Godoy y cuyo nombre fue dado a conocer por la policía porque otra vez recibió una denuncia de averiguación de paradero, porque otra vez la adolescente se escapó de Gravida, porque otra vez abandonó a su hijo.
Mientras la búsqueda tomó carácter nacional, el Servicio local de promoción y protección de los derechos del niño junto a la Secretaría de Desarrollo Humano tomó la decisión de interponer una medida de abrigo sobre el bebé de ocho meses. Esto significa ni más ni menos que fue trasladado a una institución especializada para la atención de este tipo de casos.
Ello a pesar de que sus abuelos existen y son los que denunciaron la ausencia de la joven madre junto con Gravida, donde permanecía como interna, asistida desde que tuvo a su bebé.
Se había fugado la noche del abandono en el Instituto Sarmiento. Había ido a Zárate, donde tenía un novio y donde además había permanecido en un hogar para menores. De allí regresó luego para decir que al bebé lo había dejado al cuidado de una amiga, a quien acusó de dejarlo abandonado.
La versión es inverosímil, como todas las excusas que volvieron a aparecer. Lo cierto es que Nadia se fue otra vez y que el bebé había quedado en Gravida. Mientras ella sigue desaparecida y continúa la búsqueda por parte de la policía, su hijo es asistido por profesionales en un lugar del que quién sabe cómo y cuándo volverá.
Al Instituto para volver a la madre
Dalmy Butti intentó llevar tranquilidad a la comunidad, que manifestó su preocupación por el bebé, al punto de que no faltó quien quisiera adoptarlo, como si ello fuera tarea tan sencilla. El Secretario de Desarrollo Humano destacó una y otra vez que la institución donde fue llevado el niño es “especializado para dar protección a niños que carecen de mamá o tienen esta problemática”.
Una decisión de este tipo es de las últimas que se toma, especialmente desde la modificación de la ley de minoridad, que tiende a fortalecer la relación familiar de manera tal que pueda evitarse el traslado a institutos de menores.
Sin embargo, aquí primó la necesidad de que no se reproduzca una situación insostenible, con una madre que en apenas ocho meses abandonó varias veces a su bebé.
“Se ha tomado esta medida por la falta de contención de la mamá, que además es menor y no da ninguna clase de garantías sobre el cuidado de su bebé”, explicó Butti, al tiempo que señaló que en la decisión pesaron muchos factores y que fue la conclusión a la que arribaron los profesionales que intervinieron.
“Creemos que esto es lo mejor dado que la mamá vuelve a desaparecer del lugar sin dejar información”, dijo el funcionario del Gobierno. La tarea es conjunta y con los protagonistas del caso.
Con el bebé bajo el cuidado profesional y una vez que logren dar con el paradero de su madre, entonces el trabajo es realizar un seguimiento sobre ella. “Producir una toma de conciencia, una mejora en los lazos familiares, la educación”, son los objetivos trazados por el área interviniente.
Saben que es difícil. Son muchos los casos donde no hay tratamiento ni intervención que alcance. “Va a pasar un tiempo, la mamá va a ser mayor, los profesionales van a seguir trabajando con ella hasta que muestre síntomas de ser responsable de su maternidad”, analizó DalmyButti.
Entonces, qué hacer
La situación de niños como estos devuelve a la comunidad a largos y serios debates en torno a muchos temas diferentes entre sí pero no tanto. Un plan de procreación responsable que no llega a donde debe; una conciencia sobre el propio cuerpo que no está; instituciones con una bajada de línea ideológica que en casos de extrema vulnerabilidad social y cultural no contribuyen a mejorar la situación…
En Desarrollo Humano saben que la problemática de la minoridad es relevante. En el Hospital esgrimen estadísticas que permiten asegurar que hay un camino iniciado que logró disminuir la maternidad adolescente. Sin embargo, cada caso que aparece deja una marca imborrable.
La necesidad de una ley de adopción que acelere los trámites y contemple a las parejas que no pueden tener hijos como sujetos de derecho también retorna ante la aparición de estos casos. Porque ese niño que tiene derecho a una familia lo que tiene es derecho a una familia que lo quiera. Al menos eso.
No hace mucho tiempo hubo un escándalo en el Hospital por el intento de entrega de un bebé por parte de una madre que manifestó su deseo de no criar al niño y de darlo en adopción a una familia que no puede procrear, por ejemplo.
Casos que
entristece recordar
El llanto de Carolina Ayelén Molina todavía desgarra a la ciudad. Es el llanto de una niña de dos años que murió golpeada a cadenazos por su propio padre, que no soportó escucharla llorar ni que no controlara esfínteres, entonces la encerró en un palomar y luego la golpeó hasta matarla. Su madre tenía 15 años y, sí, vivía en situación de vulnerabilidad social: eran pobres, sin educación, sin contención familiar alguna.
Con una familia sustituta, Brisa también es un nombre cuyo recuerdo tampoco se borrará. Se trata de la niña cuya propia madre utilizaba como mula para ingresar drogas en la cárcel.
Como si fuera poco, Romina Tejerina, violada y condenada por matar al bebé producto de ese abuso grita en la cara de toda la sociedad argentina: “No sé si está bueno estar acá. Al final tengo ganas de volver allá. No tengo paz”, palabras que pronunció al otro día de haber logrado la libertad tras ocho años de cárcel.
Como otra sombra terrible a invocar, el pequeño Agustín López también reaparece. El, cuyo asesinato fue confesado por su propia madre, absuelta por la Justicia, que no pudo acreditar que haya habido un crimen porque mientras toda la ciudad buscaba a un bebé que había sido asesinado, una Fiscal hablaba por teléfono desde San Nicolás para ver qué pasaba.
