Este cuento se lo dedico a la señora Lili, en agradecimiento por las publicaciones de mis cuentos, y a mi abuelo postizo, por el regalito.
Verano
Era un hermoso día de verano. Yo estaba como siempre de bajo de un árbol pensando en la vida, tomando limonada fresca.
¡Ay, qué calor y qué aburrido!, me dije recostándome en el pasto. De pronto se me ocurrió una idea, que a lo mejor a la orilla del río corría más viento.
Así que me paré, entré a mi casa, metí un toallón en un bolsito y salí caminando hacia el río.
Mientras caminaba iba silbando muy contenta, era un hermoso día para estar preocupada o triste.
Llegué a la orilla del río y busqué un buen lugar, abrí el bolsito, saqué el toallón, lo puse sobre el pasto y me senté. Mis ojos quedaron fijos mirando el movimiento del agua, ya que para mí era algo maravilloso. De pronto saliendo de mis pensamientos, recorrí con la mirada todo a mi alrededor.
Hasta que de pronto mi mirada se detuvo de golpe a observar una pequeña canoa, me paré, me acerqué para observarla de cerca. Sí, estaba segura era la canoa de mi hermano. Me quedé pensando un ratito y reaccioné diciéndome en voz alta: daré una vueltita. Me subí a la canoa y con mucho esfuerzo, remé, remé hasta que me alejé de la orilla y cada vez me alejaba más hasta que no se veía más que agua.
Me sentía muy cansada para volver a la orilla, por lo que levanté los remos y me recosté. Realmente era un hermoso día, en el cielo no se veía ni la más mínima nubecita, los peces volaban y los pájaros nadaban, la canoa se balanceaba suavemente y el brillante sol calentaba mi cuerpo.
Lentamente, de pronto desperté… y me di cuenta de que me había hecho pis en la cama.
Iris Velo
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