Un alto porcentaje de motociclistas dejó de usar casco
Un relevamiento efectuado por este medio comprobó que muy pocos motociclistas utilizan la imprescindible protección. La falta de conciencia, los controles y las alternativas.
Ni las medidas de seguridad, las leyes, las multas o el número de víctimas fatales, logran penetrar la conciencia social esperada. Desde que comenzaron a regir distintas normas y controles, con operativos callejeros incluidos, se pudo percibir la auspiciosa sensación de un primer paso hacia la protección de la vida propia y el respeto por la ajena. Lamentablemente fue sólo eso: una sensación.
Las calles sampedrinas siguen mostrando la realidad. Bajan los controles y el casco pasa a formar parte de los elementos que molestan en el hogar.
Quienes utilizan como medio de locomoción las motos no cumplen con las medidas mínimas de seguridad. Se ve a miles de motos con sus conductores sin casco, incluso transportando niños y hasta cinco personas en una motocicleta. El resultado está a la vista: por día se registra un promedio de tres accidentes.
Esta situación, totalmente alejada del marco del orden que se proponía y venía concretando, multiplica las dudas sobre las conductas individuales, máxime cuando los propios actores no aciertan en el sostén en el tiempo de decisiones que terminan siempre castigando a los que cumplen. No se ha armado una propuesta efectiva y equilibrada, que al menos persista con los controles en puntos estratégicos de la ciudad.
En San Pedro existe un número cercano a las 9.500 motos que están registradas y listas para transitar por las calles. Además, se estima que unas 1.500 circulan sin ninguna clase de habilitación. Se podría decir el parque de este tipo de rodados asciende a las 11.000 motos en el radio urbano y si se efectúa un control de prevención comprueba que un 90 por ciento de los motociclistas viajan sin casco.
Es simple, con sólo pararse en un semáforo, cualquier vecino podrá constatar que de diez motos que se detienen en la esquina, un solo conductor lleva casco. Es paradójico y suena a capricho, pues se está hablando de las motos que se detienen en los semáforos; es decir que conciencia para detenerse ante la luz roja hay, pero no sucede lo mismo ante la obligación de protegerse.
Mientras tanto, continúa dando vueltas por distintas dependencias municipales aquella disposición que obligaba a las estaciones de servicio a no cargar nafta a quienes no portan el casco. La medida es parte de la legislación provincial, la experiencia comenzó en La Plata y se extendió a otras localidades como Mar del Plata y Bahía Blanca. Para que los expendedores de combustible no carguen en los tanques de aquellas motos cuyos conductores no posean casco el Concejo Deliberante debe sancionar una norma que adhiera a la propuesta y la Dirección de Inspección acordar con los empresarios para su puesta en marcha y cumplimiento.
El casco salva vidas
Según advierte un informe de la asociación civil “Luchemos por la vida”, podrían salvarse 500 vidas por año en Argentina con el uso del casco en motociclistas y ciclistas. Asimismo, revela que en la primera mitad de este año se registraron 3.944 fallecimientos en accidentes de tránsito. La entidad detalló que tales cifras conducen a un promedio diario de 22 muertes y otro mensual de 657.
Como ejemplo, la entidad se refirió al caso del piloto brasileño Felipe Massa, quien se accidentó hace diez días en la clasificación del Gran Premio de Fórmula 1 de Hungría.
En esa oportunidad, un resorte de otro monoplaza pegó en el casco de Massa, lo que atenuó el impacto, aunque el piloto quedó con un corte sobre el ojo izquierdo y luego se estrelló contra un muro de contención. El resorte en cuestión, de unos cinco centímetros, pesa un kilo pero a la velocidad a la que impactó contra Massa –más de 200 kilómetros por hora– su fuerza equivalía a una piedra de 55 kilos. También se señaló que el casco dispersa la fuerza del impacto en una superficie más grande, por lo que la energía del choque no se concentra en una sola parte de la cabeza. Ahora y sin casco hay que pensar cómo poner la cabeza para disparar nuevos resortes que ayuden a que la sociedad se autoproteja sin necesidad de ser vigilada u obligada a hacerlo.

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