Un accionista de Coopser quiere información y no la consigue
Juan Garay es dueño de 10 acciones que su padre compró para él en 1957. Desde hace tres años quiere saber a qué corresponden, pero no obtiene respuestas. Cada vez le informan que tiene que esperar un trienio, por decisión de la asamblea.
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Un vecino despertó una polémica que podría traer consecuencias si otros como él hacen la misma pregunta respecto a las acciones nominales que fundaron la cooperativa de provisión de servicios eléctricos, públicos y sociales de San Pedro, a la que todavía los que la vieron nacer o desarrollarse le siguen llamando “la usina”.
Coopser tiene accionistas que son los que posibilitaron la fundación de la cooperativa. Juan Garay, expolicía y exempleado de Papel Prensa, es uno de ellos. Su padre compró en 1957 diez acciones a nombre de él, que era un pequeño niño de seis años. Desde hace unos años intenta que el Consejo de Administración le informe a qué corresponden esos documentos que posee.
Cuando hizo la primera consulta, recibó evasivas. Era 2014. “No les queda otra que aceptar lo que están viendo”, dijo este sampedrino, que asegura que sólo quiere “información” sobre el patrimonio y que Coopser “cumpla con el estatuto”.
Un reclamo pertinente
Cuando se conformó la cooperativa, vecinos solidarios emprendieron una verdadera patriada para aportar fondos que permitieran la fundación de la entidad creada para la distribución de energía eléctrica. La emisión de acciones era por un millón de pesos moneda nacional.
“Yo no tengo ninguna intención de incomodar”, dijo Garay, que sintió que sus consultas resultaron antipáticas y hasta notó que el trato que le dispensaron no fue el más amable que podría esperarse.
En 2014 le dijeron que la asamblea había definido que debería esperar tres años, porque la decisión fue mantener la política de no reembolsar el capita accionario.
Pasado ese tiempo, volvió a reclamar y recibió la misma respuesta, por lo que se dirigó al Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes), el organismo gubernamental que regula el cooperativismo en el país.
“Mi papá era jornalero, en Ayacucho y Miguel Porta”, relató, para dar cuentas de quiénes eran aquellos pioneros que, tal como señaló Juan Garay, “fueron los verdaderos luchadores para la conformación de la cooperativa”.
Garay fue asesorado por un estudio jurídico. Consideró que “hay una falta de control sobre la empresa” y acusó al Consejo de Administración de tener “un control absoluto” sobre la cooperativa, que después de todo es de cada uno de los socios que la conforman.
“Pido la información. Me pueden negar el aporte patrimonial, pero no la información”, se quejó el vecino y aseguró: “Aplican el estatuto según sus conveniencias”.
Una mirada histórica
La cooperativa se hizo con la suscripción de acciones. Muchas familias sampedrinas aportaron para hacer realidad su creación. Era un momento crítico para el alumbrado sampedrino. El esfuerzo de los vecinos permitió que, por ejemplo, dejara de cortarse la luz en determinados horarios.
La conformación de Coopser fue un hito en la historia local, como en la de tantos pueblos. El esfuerzo conjunto y colaborativo permitió su existencia, su desarrollo, su crecimiento y un devenir que posicionó a la empresa como una de las principales empleadoras de la actualidad.
“Las acciones debían ser tenidas en cuenta y al finalizar el ejercicio tenían que tener un retorno, pero eso nunca se aplicó”, explicó el historiador Américo Piccagli, expresidente de Coopser, electo en tiempos en los que nadie participaba de las asambleas. “Me votaron dos socios. Éramos cuatro”, rememoró.
Piccagli recordó que su familia, hace décadas, también se hizo la misma pregunta que Juan Garay, respecto de la cantidad de acciones que tenía su tío Antonio.
“A lo mejor el monto es insignificante, pero no lo es el título que uno tiene de esas acciones, que es el de haber aportado en el momento más difícil de la cooperativa”, dijo el historiador y señaló: “Había otra política, se trataba de que el costo de la luz fuera el menor posible para el socio”. En ese sentido, cuestionó que Coopser se haya expandido hacia otras actividades, ya que “compite con los socios”.
El historiador aconsejó ir a los libros del Directorio y a los de las asambleas para conocer el pasado de la cooperativa y tener la información que pide Juan Garay, que espera respuestas a su reclamo.
Qué dijo Coopser
Ante la primera consulta, en 2014, el Consejo de Administración respondió: “Sin inmiscuirnos en su derecho como heredero del Sr. Juan Garay, le reiteramos que la calidad de asociado de una cooperativa no es hereditaria, por lo que no podemos acceder a la compulsa de libros prevista en el artículo 21 de la ley de cooperativas 20337”, para rechazar la solicitud de información.
“Procedemos a informarle, a los efectos que corresponda, que según nuestros registros es cierto que figuran a nombre de Juan Domingo Garay la adquisición de diez acciones de la cooperativa en fecha 1 de octubre de 1957 y pasado al acta N° 207”, agregaron.
Además, le explicaron que “según acta de asamblea ordinaria 117 de 31 de octubre de 2014, en su punto 4, dispuso la suspensión de reembolso de capital accionario por el término de tres ejercicios”, por si se le ocurría hacer un reclamo patrimonial.
La última epístola que le envió la cooperativa tiene fecha del 28 de julio pasado. Allí informan que “en reunión del 1 de junio de 2017, el Consejo de Administración decidió continuar con la suspensión de reembolso de capital accionario”, por lo que debería esperar a 2020.
Garay fue al Inaes a plantear el tema, y el organismo inició un expediente desde el cual pidieron respuestas a Coopser. Los abogados de la cooperativa se aprestan a responder, según informaron desde el Consejo de Administración.
