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Los vecinos del Barrio Futuro recuperaron la semana pasada un derecho que había sido postergado durante 30 años. En la historia de la ciudad el Barrio Futuro fue uno de los pioneros en materia de autoconstrucción y solución habitacional en el que privados y estado lograron ponerse de acuerdo para una de las urbanizaciones más complicadas de la década del 80. Con escasos servicios, sin traza de calles ni planes estratégicos, la visión sobre el desarrollo de los predios comprendidos entre calle San Martín y 3 de Febrero a la altura de Dipietri, la empresa Indalar cediólas manzanas, la comuna gestionó los materiales para la vivienda y los beneficiarios construyeron sus viviendas de manera cooperativa. Con contratiempos, discusiones, vaivenes, comisiones de fomento que sobrevivían a polladas, festivales y rifas, lograron terminarlas y con el correr del tiempo mejorarlas, ampliarlas y dotarlas de algunos de los servicios públicos. Más tarde vendrían las manzanas vecinas pero ya en manos de un programa de viviendas sociales que fueron adjudicadas por el Estado. Aún sin grandes acciones ni trabajos de territorio para garantizar la convivencia, la comunidad fue superando diferencias mientras esperaba por los papeles que les otorgarían la propiedad inividual. El miércoles de la semana pasada, la oficina de escrituraciones del Municipio, convocó a los vecinos al salón dorado de la Municipalidad para entregarles sus certificados. Una de las máximas gestoras para este paso fue la ex concejal Sandra Mari, quien durante los últimos años acompañó y agilizó la legalización de la tenencia de las viviendas.
