Tres chicos comen, piden monedas y a veces duermen en una estación de servicio
En la Estación de Servicio ubicada en la esquina de Mitre y 3 de Febrero, tres niños comen, duermen y piden monedas a los autos que pasan por el lugar. Pasaron por institutos, hogares y centros de día. El sistema de protección de la niñez dice que hizo todo lo posible, pero está claro que no alcanzó.
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Ante la presencia de un Estado sin orejas, los medios de comunicación son los encargados de escuchar lo que le pasa a la gente. Una oyente de La Radio advirtió la semana pasada, muy preocupada, sobre la presencia de tres niños durmiendo en una estación de servicio de la ciudad. La Opinión fue hasta el lugar y allí estaban los tres menores de 9, 11 y 12 años de edad. “La nena es gordita y el más chiquito tiene un ojo desviado”, describió una vecina. “Viven en el barrio, yo los conozco, la madre falleció el año pasado”, relató.
Niños a la intemperie
El más chiquito, de 9, duerme entre los surtidores, en una gaveta donde está la computadora. Un empleado señaló: “Se acurruca ahí abajo y se duerme”.
El portavoz es el que protege a sus compañeros de calle, tiene 11 y está bien abrigado. Un trabajador de la estación de servicio le llevó ropa de abrigo en los primeros días que lo vio en el lugar: “Tenía una remera muy finita cuando vino”, contó.
“En mi casa me aburro”, dijo ante la pregunta sobre por qué estaba en esa esquina. “Acá miro los dibujitos, en mi casa no tengo canal”, agregó.
“Cuando viene de la escuela deja las carpetas en la gaveta”, señaló un empleado de la estación de servicio. Los chicos andan en bicicleta por la estación como si fuera el patio de su casa, ante el peligro de los autos que circulan por el lugar.
El playero de la Estación de Servicio, antes de terminar el turno noche, a las seis de la mañana, les da un café y los lleva para su barrio. Es muy importante el vínculo de afecto y protección de los chicos con los trabajadores del lugar.
¿Impotencia o caradurez?
El Servicio Local de Promoción y Protección de los Derechos del Niño, equipo de profesionales responsables de garantizar los derechos de quienes transitan la infancia, interpreta ante la situación que no hay derechos vulnerados: “Lo que queda es esperar que la Asesoría de Incapaces haga algo, porque nosotros no podemos hacer más, acá no hay derechos vulnerados, hay casa, familia, escuela, no hay trabajo infantil”. Es curioso que este equipo de “expertos” y responsable de los derechos de la niñez no sepan que están contradiciendo a UNICEF, organismo internacional que dice que un niño está en situación de calle cuando, por ejemplo, transcurre parte del día en la vía pública realizando alguna tarea que le permite obtener un ingreso en dinero.
Lo curioso también es que este semanario se comunicó con la Asesoría de Incapaces de San Nicolás, donde una empleada aseguró que no había informe elevado desde San Pedro sobre el caso.
Desde la Secretaría de Desarrollo Humano hace diez años que se tomó conocimiento del caso del niño que este medio entrevistó. Estuvo en instituciones, se habló con los adultos responsables, pero nada alcanzó para protegerlo ni contenerlo.
La ley establece que los cargos del Servicio Local tienen que ser necesariamente concursados. Algunas versiones afirman que los profesionales que lo conforman fueron elegidos a dedo.
Al cerrar esta edición, el niño de la Esso seguía en la calle y víctima de maltrato: La Opinión fue testigo de un trato muy violento por parte de un hermano mayor. Este niño puso en vilo a todo el Servicio Local, no precisamente para tratar de resolver su situación sino, por el contrario, para ver cómo justificaban su inacción e inutilidad para resolver los problemas que tienen los niños pobres en la ciudad. Recurren a una excusa vieja: culpando a los medios de comunicación de hacer circo de lo que este equipo de profesionales denomina como “casos crónicos” y acerca de los que opinan que “nada se puede hacer”.
Hasta Junio de este año, el Municipio recibió de la Provincia 48.144 pesos en concepto de Fondo de Fortalecimiento de Programas Sociales, creado por la Ley 13.163, donde las autoridades, en el convenio con Provincia, se comprometen a asignar el 50 por ciento para proyectos que garanticen los derechos de la niñez.
¿Qué hicieron con la plata? ¿En qué programas sociales significativos para la niñez fueron gastados esos fondos? ¿Qué tan eficaces fueron? En una ciudad tan pequeña como San Pedro, es inaceptable que existan chicos víctimas de violencia, abusos sexuales, situación de calle, etc.
El Servicio Local está conformado por diez profesionales. Todos los ciudadanos aportan, a través de sus impuestos, sus sueldos. Cobran aproximadamente 1.900 pesos cada uno. Es evidente que con tantos sueldos alcanzaría para bastante más que tapar los agujeros que deja una Justicia ciega y una sociedad resignada y tendiente a repartir culpas. Frente a estas situaciones cualquier ciudadano común se pregunta: “Si nada pueden hacer… ¿por qué no renuncian?
Los únicos privilegiados
Los niños que piden, comen y a veces duermen en la estación de servicio parecen estar bien alimentados y bien de salud. Sin embargo, cuando este medio preguntó qué quería ser cuando grande, respondió: “Nada, no sé”. Esto demuestra la realidad de los niños pobres de nuestro país: la ausencia de deseo y de proyección al futuro. Viven al día, sobreviven al mundo como pueden.
Se dice que los niños tienen derechos y los adultos obligaciones de velar por ellos, como por ejemplo nutrirlos de afecto, brindarles la posibilidad de desear.
La sociedad actual, en el mejor de los casos, sólo les enseña a desear cosas y no a desear sueños.
En este sentido, las declaraciones del pequeño son conmovedoras: “Mi papá sabe que estoy acá, pero no vino a verme”, dijo el de 11 y agregó: “Venimos solos nosotros, nadie nos viene a buscar a la noche.” “Cuando pedimos monedas algunos nos dan, pero otros nos miran y siguen”, relataron. Parte del dinero que reúnen pidiendo lo gastan en la sala de videojuegos que está frente a la Estación de Servicio. Los chicos son el reflejo de nuestra imposibilidad como adultos de ofrecer un mundo mejor para ellos y también de la falta de una profunda autocrítica por parte de toda la sociedad. La actual situación social de crisis nos ofrece un panorama desolador donde más niños estarán en la calle pidiendo una moneda, para convertirse en “pibes chorros” después.
“Ahora me voy a los jueguitos”, dijo al despedirse, con la vista fija en un horizonte inescrutable, rogando tal vez que alguien recuerde sus últimas palabras ante el micrófono: “Mi cumpleaños es el 11 de Enero”, días después de que los Reyes Magos pasen de largo por sus zapatos.
Nueva Ley de la Infancia, vieja deuda social
A partir de la promulgación de una Nueva Ley de la Infancia en la provincia de Buenos Aires se constituyó el Servicio Local de Promoción y Protección de los Derechos del Niño. En la Ordenanza Nº 5.745 del 11 de Julio de 2008 consta que debe estar formado por profesionales como abogados, trabajadores sociales, psicólogos y médicos, entre otros, y que tiene como funciones principales ejecutar programas que puedan prevenir, asistir y proteger a los niños.
Otra importante modificación con la nueva ley es que el niño es considerado “sujeto de derechos” y no objeto de decisiones arbitrarias de Jueces, que eran los únicos que decidían sus destinos. Hoy el niño debe ser escuchado.
La nueva Ley de la Infancia —Nº 13.298— establece como novedad la participación de las organizaciones de la sociedad, dándoles la posibilidad de plantear los problemas de la niñez, así como la posibilidad de participar en el diseño de las soluciones.
Para ello, la Ley dice que se debe conformar un Consejo Local de Organizaciones, que en nuestra ciudad hace meses que funciona sin demasiado impacto de sus intervenciones en la comunidad. “La participación por parte de las organizaciones en la actualidad es débil”, se lamentan sus protagonistas.
“Estos chicos son hijos nuestros, de nuestro dejar hacer, de nuestro malestar e indiferencia, de la profunda herida del tejido social, de la llaga que sangra de nuestro compromiso hueco con el otro”, dijo un representante de una organización social que conforma el Consejo Local. Fernando De Giovanni, abogado miembro del Servicio Local, es Presidente de dicho Consejo. Según la reglamentación, el Consejo Local tiene como una de sus funciones ser el contralor del Servicio Local. Esto determina, al menos, una incompatibilidad ética que no preocupa demasiado a sus protagonistas.
