Tras moler a golpes a un chico de 15 años el agresor quiso hablar con la familia eludiendo a la justicia
El agresor de Tomás está identificado. Tras mostrarse con un arma y golpear salvajemente al joven de 15 años el domingo, intentó el contacto con la familia que logró identificarlo con la ayuda de vecinos y redes sociales. La negativa fue contundente “que vaya a la Fiscalía”. La causa está en manos de la doctora Gabriela Ates.
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La feroz golpiza que sufrió un menor de 15 años el pasado fin de semana conmocionó a una ciudad que no escapa a la ascendente violencia que vive un país en el que, ciertos sectores sociales se escudan en el delito de “hacer justicia por mano propia”.
Tomás no fue golpeado y desfigurado por robar. Fue apaleado por el propietario de una camioneta presuntamente dañada en la vía pública durante la madrugada del domingo. El menor fue directamente atacado sin indicio que acredite su participación en ilícito alguno. La salvaje agresión, fue acompañada de un escueto interrogatorio: “decime quién fue”.
Tomás fue agredido el domingo minutos después de las 06.00, cuando regresaba a su casa, y “nadie vio nada”. Nadie, excepto una mujer que fue quien disuadió al agresor y permitió que el adolescente corriera desde la esquina de Riobamba y 25 de Mayo, hasta la vivienda de un amigo ubicada a metros del Estadio Municipal. Cómo saber cuál hubiera sido el final si ésta no aparecía en escena. Lo cierto es que la familia del menor sospecha que la única testigo es familiar del agresor y por ello estaba en el lugar en el momento de la golpiza. Nada se sabe sobre su identidad e intervención.
El grupo de jóvenes que regresaba del boliche junto a Tomás apenas pudo ver al sujeto y reconocer el vehículo, al que describieron como “una camioneta negra, embarrada”. El mismo día, el Jefe Distrital Dante Paolini se refirió a “un hecho denunciado por el propietario de una Kangoo que estaba estacionada sobre calle Mitre y Riobamba”, aunque no precisó mayores detalles.
Horas más tarde, y ya conocido el hecho públicamente, familiares del menor iniciaron una campaña para encontrar al atacante. A través de las redes sociales, decenas de personas aportaron información sobre el responsable de las lesiones que sufrió el adolescente y de esta manera acreditaron su identidad.
Acorralado
y con abogado
El sujeto asumió su responsabilidad desde el momento en que contactó a la familia, abogado de por medio. “Mandó gente para decirnos que nos esperaba en el Paseo Los Naranjos, con su abogado, pero le dijimos que si quería declarar algo, lo haga en la fiscalía”, aseguraron familiares de Tomás a La Opinión, respecto del pedido que habrían recibido de quien identificaron como el agresor -un hombre que ronda los 40 años- para mantener una reunión de contenido incierto.
El sujeto sería empleado según testimonios de personas que aportaron información y material fotográfico para dar con él.
Lesiones “leves”
De esa manera fue caratulado el hecho en el que un hombre mayor de edad atacó a un joven de 15 años con un arma de fuego y entre culatazos, puñetazos y patadas le exigió explicaciones durante varios minutos sobre un hecho hasta ese momento desconocido para el menor.
“Quise hacer la denuncia y me dijeron que tenía que ir mi hijo”, explicó el padre de Tomás que se dirigió a la comisaría a reportar el hecho mientras el menor estaba internado en el hospital. Más tarde, su madre y su hermana se acercaron a la comisaría y pudieron radicar la denuncia. La causa fue caratulada como heridas leves, ya que la justicia considera como tales a aquellas que no demanden más de treinta días de recuperación.
Natalia, tía de “Tomy” –como ella misma lo apoda-, se presentó el lunes por la mañana en sede fiscal y amplió su declaración ante un auxiliar de la doctora Gabriela Ates. Aportó detalles precisos acerca de la identidad del agresor. Extraoficialmente este semanario pudo confirmar que nombre, apellido, apodo y domicilio habrían sido plasmados en el expediente de la causa que instruye la Ufi Nº 7
Excarcelable
El Código Penal no prevé penas superiores a un año de prisión para delitos de estas características, por lo que quedan supeditados a la situación judicial del agresor.
El delito es excarcelable, como casi toda condena menor a los dos años de prisión, a menos que el imputado esté pagando otra condena en libertad condicional o cuente con otra sentencia “en suspenso”, lo que haría efectiva la prisión.
Una vez más la pregunta apunta a “la aparición” de la mujer que frenó la golpiza y permitió la huída de Tomás; y obliga a repreguntarse cuál es el límite que indica que no estamos ante un intento de homicidio.
Tomás se recupera
El joven recibió a La Opinión en su casa. Se lo pudo ver levemente recuperado producto de la acción del hielo y el consumo de antiinflamatorios, y con otro estado de ánimo. “Come yogurt, puré y helado, otra cosa no puede”, aseguró su madre ante la atenta mirada de Tomás, sentado en un sillón en el living de su casa, mientras miraba televisión.
El menor contó, como pudo y como lo recuerda, lo que pasó la madrugada del domingo cuando regresaban de un boliche céntrico y se detuvieron en el shop de una estación de servicio, también céntrica, a desayunar.
“Nos fuimos, caminamos hasta Mitre y 3 de Febrero y de ahí agarramos Mitre hacia el lado del Estadio”, relató la víctima y agregó: “Cuando llegamos a la esquina de Riobamba apareció de frente con la camioneta y se bajó con una escopeta, nos gritó y empezamos a correr”. Allí, creyó haber escuchado una detonación.
Los jóvenes se dispersaron y Tomás se separó de sus amigos. Corrió por Riobamba e intentó esconderse contra el portón de un garaje, pero el agresor lo encontró.
“Primero me pegó con la escopeta en la cara y después me agarró a piñas y patadas en las costillas”, narró el menor sobre el horror que vivió y aseguró que se desvaneció por un instante cuando una mujer intervino y evitó que el hombre continuara golpeando al adolescente. El culatazo de escopeta que describió, le produjo un profundo corte en la frente que fue suturado. “Me dijo corré, y salí corriendo, no sé qué pasó después”, explicó sobre la persona que intentó disuadir al golpeador.
Tomás llegó hasta “la casa de un amigo”, a metros del Estadio Municipal. Allí recibió asistencia y fue llevado a la guardia del hospital.
“No sé qué pasó, me pedía que le diga quién fue el que le rompió la camioneta y yo le decía que no sabía, y me seguía pegando y preguntando”, detalló el menor y su abuela, presente durante la charla con este semanario, se preguntó: “¿eso no es tortura?”.
