A terrenos “baratos”, servicios caros
La falta de terrenos disponibles y los excesivos precios que maneja el mercado inmobiliario generaron diversas agrupaciones de inquilinos que aunaron esfuerzos para comprar grandes lotes y proyectar su vivienda. Sin embargo, muchos no tuvieron en cuenta los costos que implica llevar hasta allí los servicios necesarios, lo que se transforma en un cuello de botella complicado de sortear y demora las construcciones.
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El verso del poeta correntino Julián Zini acerca de que “la tierra no tiene dueño, la tierra es mujer y basta” es una hermosa expresión de deseo que choca contra la realidad de manera constante. En San Pedro la problemática habitacional es cada vez mayor y mientras el país discute sobre si extranjerización sí o no, aquí ni siquiera se debate qué hacer con los terrenos ociosos que la especulación inmobiliaria mantiene generando dinero mientras las familias que buscan la posibilidad de la casa propia hacen esfuerzos enormes por hallar dónde.
“Faltan terrenos” dicen algunos. “Sobran terrenos, pero están carísimos”, sostienen otros. Así, la búsqueda infructuosa en una ciudad que todavía no discutió seriamente hacia dónde quiere crecer y cómo, termina en espacios grandes, con compras compartidas, en lotes alejados que a veces generan dolores de cabeza que se interponen a la ilusión del que quiere la seguridad del techo propio.
Proyectos colectivos
Varios son los proyectos de agrupamientos de vecinos a través de cooperativas o fideicomisos que han realizado compras de terrenos que están fuera de la zona que la ordenanza San Pedro 2.000 marca como “urbana”. Sumar, agrupar, reunir… proyectos colectivos que llegan al encuentro para aunar esfuerzos.
Las compras oscilan entre los 1.500 y los 15.000 dólares. De ello depende una de las cuestiones más importantes a la hora de adquirir un lote y que no siempre tiene en cuenta: los servicios.
Las zonas no urbanizadas de esta ciudad que crece sin planificación carecen de gas, electricidad, cloacas, agua corriente. Para hacer llegar esos servicios, hay que pagar. Los costos, por supuesto, no son menores y terminan sumando un monto importante a lo que originalmente el vecino pagó por su terreno.
No todos saben que cuando adquieren un terreno en esas condiciones lo hacen en conjunto, es decir que hay una sola propiedad con muchos dueños. A veces son las propias inmobiliarias las que soslayan esta información cuando está claro que para que un particular sea propietario de su parcela el predio debe estar subdividido, cosa que sólo puede realizarse una vez que allí haya energía eléctrica, alumbrado público, agua corriente y en algunos casos hasta cordón cuneta y cloacas.
Los costos
La electricidad, cuya obra hay que contratar en la cooperativa eléctrica, puede costar entre 200.000 y 500.000 pesos, dependiendo de las distancias y requerimientos.
Alumbrado puede costar unos 7.000 pesos por frentista, dependiendo de las medidas de cada lote. Esto teniendo en cuenta que generalmente la compra se produce en grupo, es decir como propiedad compartida que luego hay que subdividir, lo que implica un gasto más que hay que tener en cuenta.
Los vecinos muchas veces se sorprenden de estos costos que encarecen de manera significativa lo que originariamente abonaron por su terreno. No siempre evalúan esta situación, lo que termina provocando que el proyecto se estanque y se demore, como ha sucedido con varios en la ciudad que llevan mucho tiempo de espera sin poder comenzar la construcción.
La apertura de calles es otro tema a analizar a la hora de la compra, puesto que donde hay manzanas unidas está claro que en algún momento el Estado dispondrá que la arteria correspondiente deba atravesar el lugar, lo que produce que muchos vean retaceado el tamaño original del lote que adquirieron y que por no estar subdividido tampoco pueden escriturar (otro costo importante para el bolsillo de un inquilino).
Desde la Coopser, el tesorero del Consejo de Administración Oscar Silva explicó cómo es la modalidad de trabajo: “Lo que hacemos es a la gente que necesita llevar luz a algún lugar se le hace un presupuesto estimado, para que tomen la decisión de si lo va a hacer o no, de acuerdo a sus posibilidades. Luego sí se cobra un ocho por ciento para hacer el proyecto, que se descuenta después del total”.
Según indicó, los montos están relacionados con el tipo de energía y el lugar hacia donde hay que llevar el servicio: “Hay sitios donde hay que hacer una línea de media tensión con estación transformadora, a veces de mucha potencia, hacer el reparto de los 220 ó 380 en todo el barrio”, ejemplificó Silva.
De la misma manera, el Contador precisó que la propuesta que se hace a quienes tienen propiedad conjunta para el desarrollo de un barrio es la de realizar de a poco la compra de materiales y una vez que tienen todo comenzar con las tareas, cuya mano de obra sí es financiada por la cooperativa.
“El problema grave es que hay un grupo importante de dueños y cualquier problema que tiene alguno repercute en todos”, dijo Silva.
Lo cierto es que también aparece la problemática social vinculada al tema habitacional, porque por lo general quienes adquirieron terrenos en estas condiciones son inquilinos que están pagando un alto costo de alquiler, las cuotas del lote, los gastos de administración en los casos de cooperativas y el costo que implica llevar los servicios. Todo ello genera un combo que complica aún más las cosas.
Las alternativas halladas a la imposibilidad de alcanzar la casa propia son dignas de destacar a pesar de las múltiples complicaciones que muchas veces conlleva. Como dijo Borges, “nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena; pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena”.
