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jueves, septiembre 23, 2021
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Terminaron los cursos en el Astillero Moretti

La empresa decidió capacitar a personas interesadas en el rubro ante la comprobada escasez de personal calificado para este tipo de trabajo. Tras haber adquirido los conocimientos necesarios como para trabajar el plástico, se dio por finalizado el curso. Dos personas fueron empleadas por la empresa y otros dos serán convocados en las temporadas de mayor actividad. El resto de los asistentes recibieron una constancia del curso que los convierte en mano de obra calificada.

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El astillero FMA está ubicado en Larralde al 700 y es propiedad de Federico Moretti Arriola (padre) y Federico José Moretti (hijo). Hace 35 años que Moretti Arriola es su propietario pero sólo siete que está ubicado en este lugar. Se trata del único astillero de veleros que se encuentra fuera de la ciudad de Buenos Aires y es, además, el único dirigido por navegantes, según informan sus dueños. La planta tiene mil metros cuadrados y un galpón construido especialmente para la tarea de construcción y reparación de los barcos. Esta es también una particularidad, porque por lo general los astilleros existentes alquilan las instalaciones de otros que fueron abandonados o bien se utilizan galpones de otras empresas. El jueves 13 de Abril, Moretti Arriola inició un desafío. Comenzó a dictar cursos para capacitar mano de obra calificada a la que luego pueda contratar. Los Moretti decidieron llevar adelante este proyecto debido a las grandes dificultades con las que chocaban al querer contratar personal capacitado para trabajar en su empresa. “En la Argentina hay un problema gravísimo: todos los padres quieren que sus hijos sean ingenieros, médicos, abogados y nos olvidamos de la importancia de los oficios, de ser albañiles, pintores, torneros. No se generó el oficio”, dice el emprendedor.
La respuesta ha sido excelente. Alrededor de 15 personas se inscribieron para aprender el particular oficio, y con la característica de que la mayoría son jóvenes de menos de 20 años. “Los chicos quieren trabajar, no es que no tengan ganas, lo que pasa es que no tienen quién les enseñe. Cuando yo era joven a los 12 ó 13 años te mandaban a un taller para reparar máquinas de escribir, o a un taller mecánico, carpintería, fábrica de mosaicos… y los padres le pagaban al señor que te tomaba como aprendiz. Empezabas barriendo, en las tareas más ingratas, y después si lo hacías con cariño, te convertías en operario, operario de avanzado, o aprendiz avanzado. Ese señor con el tiempo ponía su propia empresa, o se quedaba de capataz, o de socio en esa misma empresa; pero esto murió en la Argentina”, explica Moretti Arriola.
El curso cuenta con el aval de la Secretaría de Producción y Turismo, aunque los propietarios aclaran que esto no significa que hayan recibido beneficios. “No vamos a pedir plata por algo que en definitiva nos beneficia a nosotros porque no es que lo hacemos porque somos San Mateo”, dicen.

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Objetivos y posibilidades laborales
El curso se dictó los días martes y jueves de 16 a 18 horas, durante el mes de Abril. El objetivo estaba claro desde el principio: que los asistentes al mismo obtuvieran los conocimientos necesarios en lo referido al trabajo con plástico, el material más utilizado para la construcción de embarcaciones. Moretti explica que, además, con el plástico que ellos trabajan se pueden fabricar piletas de natación, carrocerías de autos, tanques de agua, lanchas, aviones y bicicletas, entre otras cosas. “Lo que enseñamos permite una importante salida laboral”, afirman. Para poder construir un barco, sobre todo en este tipo de astilleros donde se elabora hasta el plano de la nave, es necesario tener conocimientos de mecánica, electricidad, instalaciones de gas y también algo de carpintería para resolver toda la construcción. Y por eso es completa la capacitación que adquiere un aprendiz.
Al finalizar este curso, los asistentes recibieron una constancia que podrán adjuntar a su currículum para presentar en otras empresas. Además, dos de ellos, quedaron como empleados permanentes de la empresa Moretti Arriola y otros dos serán convocados como refuerzos. “Para construir un barco se necesitan siete u ocho personas trabajando durante 90 días y nosotros somos tres, más un carpintero que viene específicamente a hacer algunas tareas” explican.

Los negocios
El astillero Moretti Arriola tiene la producción cubierta para este año porque su capacidad es acotada. Sus clientes provienen principalmente de Capital Federal pero también de otros países como Brasil y Chile. Actualmente, incluso se intenta cerrar un negocio con italianos. Los Moretti afirman que, pese a la calidad de sus embarcaciones, no compiten en el mercado internacional porque no cuentan con la capacidad de producción necesaria. Sin embargo, sostienen que tampoco es ése su objetivo. “El armado artesanal es lo que distingue a nuestros productos. Hubo un año en que hicimos 11 barcos, y teníamos gente por todas partes dentro del astillero. Ahí empezamos a notar que al delegar detalles en otras personas los barcos presentaban fallas”.

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