La línea con la cual el Príncipe de Dinamarca que imaginó William Shakespeare y abre su soliloquio en la obra de teatro “Hamlet”, es: “Ser o no ser, esa es la pregunta”. Paralelamente, hoy parece que las preguntas en torno a la aprobación del Presupuesto Nacional se circunscriben a “tener o no tener… presupuesto.”
Es falsa la pregunta y perversa la acusación. ¿Aprobar o no aprobar? ¿Así como así? ¿Sin revisar, sin tener en cuenta lo proyectado, sin tener en cuenta nada? Aprobar un presupuesto porque sino el país se queda sin la “Ley de Leyes”. Es mentira. Lisa y llanamente una mentira. Estamos muy acostumbrados en todos los órdenes (nacional y municipal) a que los presupuestos se aprueben sin discusión. Y está mal. Es cierto que un presupuesto es un cálculo provisorio de recursos y gastos, pero esto no exime a que esa previsión sea razonable, racional y transparente. Y si no es así, habrá que entender que todo puede ser corregido, y así deben hacerlo los que tienen la responsabilidad de hacerlo. La función de aprobar un presupuesto que les corresponde a legisladores nacionales y comunales es una de las más importantes que tiene a su cargo. Si no corrigen lo que pueda resultar equivocado, irrazonable, meramente antojadizo o caprichoso no estarían cumpliendo su función.
Además, la ley es clara, si no se aprueba un presupuesto, no se derrumba el Estado; la ley prevé que siga con el anterior y posee los mecanismos para la marcha normal del Estado.
Obvio que si alguien gastó a cuenta y no previó que era preciso contar con el presupuesto aprobado antes de comprometerse habrá cometido un error grave de lectura política y de administración financiera.
Finalmente, cierro con un diálogo muy breve también de la obra citada en el comienzo, cuando Marcelo le dice a Horacio: “Algo podrido hay en Dinamarca”. Y éste le contesta: “El cielo dispondrá”.
Facundo Vellón – [email protected]
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