Es sabido que existe una nueva manera de que los demás escuchen lo que a mí me gusta, ya sea por la música en las casas, o por los estúpidos que colocan bafles en los coches y salen a pasear con su música bien fuerte, sin importarles nada, ni la hora, ni el lugar, ni nada de nada, tampoco les importa la tranquilidad de los demás, incluida la auditiva.
Con respecto a éstos, estaría bueno que los legisladores vieran que se les apliquen multas que les duelan y además les confisquen el auto, hasta que pague su multa.
Tampoco debería permitirse el tipo de publicidad sonora a altísimo volumen, tanto desde autos como desde aviones, no tenemos los vecinos por qué soportar que nos aturda ningún tipo de publicidad.
O estos que hablan rápido en la radio, cuando finaliza una publicidad. Es lo mas absurdo que he visto en mi vida, el Comfer debería también intervenir ahí y prohibir semejante estupidez, que lo único que logra es un rechazo, más que acordarse de un producto. Señores publicistas: también queremos respeto a nuestros oídos, son parte de nosotros.
Sucede lo mismo en los medios de transporte de larga distancia, donde me obligan sin preguntarme y sin siquiera saber si la mayoría lo quiere, a tener que oír una película; digo oír porque si no lo puedo evitar porque los parlantes no son individuales, entonces me están obligando, puesto que verla no sería problema si no quisiera, porque sin el sonido miro el paisaje, leo, en fin… puedo optar por no verla, pero si la tengo que escuchar en parlantes comunes, no puedo optar y por lo tanto estoy siendo obligado a tener que escuchar aunque no quiera y aunque mire por la ventanilla.
Esto significa que cada vez existe menos respeto por el otro como persona, por la existencia del otro. Yo no vivo solito en el mundo, también existen otros que buscan paz entre tantas otras cosas y esto vale para todos, el reclamo no es sólo para los que ponen la música fuerte o te despiertan en medio de la madrugada, con una total desconsideración por los demás, también es para los medios publicitarios que incentivan toda esta locura y por los medios de transporte que te obligan a ver una película en un viaje. Que yo sepa, no existe ningún ítem en el pasaje que me permita elegir si quiero o no ver y oír una película, en todo caso la empresa lo piensa por mí y simplemente pone la misma, sin importarle si yo estoy de acuerdo o no. Sin embargo ante semejantes situaciones, nadie hace nada de nada.
A los vecinos que ponen la música fuerte, sin importar ahora de dónde son, les pediría que intentaran por unos momentos ponerse en la piel del otro y considerar esa palabrita mencionada más arriba: Respeto. Cualquier música puede ser agradable cuando se escucha en un volumen que no afecte la vida diaria de los demás, es decir yo puedo escuchar la música dentro de mi ámbito y en un volumen que no necesite que el vecino más lejano del pueblo también la escuche. Tampoco tengo necesidad de sacar los parlantes afuera para que todo el sitio sea invadido por mi música, porque es la que me gusta a mí.
Si obligo a los demás a tener que escuchar la música que a mí me gusta, estoy faltando el respeto a los demás, pues sucede que no sé cuál es la historia de vida que cada uno está viviendo en ese momento, mientras yo tengo la música fuerte. Puede que haya alguien que le duele la cabeza y que no quiera escuchar nada de nada, puede que haya alguien que esté haciendo un duelo y por lo tanto su ánimo no está para escuchar música, puede que algún bebe no haya dormido en toda la noche por dolores y justo cuando se durmió, al vecino se le ocurre poner la música fuerte, puede que a nadie le pase algo pero el simple hecho de respetar el derecho a la intimidad y tranquilidad de los vecinos que tengo alrededor. Es suficiente para que no prevalezca la actitud de “Yo pongo la música fuerte porque se me da la gana y me gusta”.
Cuando yo estoy invadiendo el espacio del otro con lo mío, en este caso con la música, no estoy respetando la presencia del otro; y esto, tarde o temprano, termina generando situaciones de violencia.
A los vecinos que ponen la música fuerte y que saben por sí mismos quiénes son, el pedido de que escuche la música que le agrada sin problemas y cuantas veces quiera; pero hágalo en un volumen que no invada la intimidad de los demás y seguramente siempre tendrá amigos y no enemigos.
Por otra parte quiero comentarle por si usted no lo sabe y que pone la música fuerte, que existe una ley en la provincia de Buenos Aires que es aplicable justamente para esos vecinos que no entran en razón y se creen los dueños del universo y con derecho a hacer lo que les venga en ganas, por lo tanto si alguien quisiera iniciarle una demanda judicial por poner la música alta, estaría en todo su derecho de hacerlo y serían citados a un juzgado quienes lo hacen y, como es una citación judicial, no puede negarse a ir, corriendo el riesgo de que si no se presenta puede ser llevado por la fuerza pública, es decir por la policía.
Como puede ver usted señor vecino que pone la música tan fuerte, el tema no es tan sencillo si se complica con una demanda judicial en su contra, por lo tanto el intentar escuchar la música en un volumen agradable para usted y los suyos y que no supere los límites de su propiedad, para que nadie tenga que decirle nada, creo que es la mejor medida de precaución que puede tomar, además de empezar a ejercer el respeto por el otro, que aunque le parezca mentira, también existe.
Sólo respetándonos como humanos que somos, que nos hace diferentes a los animales, intentemos entonces tener una convivencia pacífica, respetando para ser respetados. No invadir el espacio del otro, ni siquiera con mi música, es una forma de respetarlo y de vivir en democracia.
Eduardo G. – DNI: 12.720.357
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