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viernes, septiembre 17, 2021
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Sobre la Reforma Judicial: Parejitos, parejitos

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Nada existe en esta tierra que tenga un lado solo. Porque todas las cosas tienen su “contracara”, el “otro lado de la moneda” como se dice.
En segundo lugar, en el universo humano nada es estático, porque la vida es movimiento.
Con estas dos premisas como punto de partida, quisiera analizar la similitud (y la disimilitud también) de los procesos brasileros y argentino en el tema “democratización de la justicia”. Para ello, transcribo el párrafo fundamental del artículo de Página 12 “Para democratizar la justicia en Brasil” donde se lee, textualmente:
“Otro conflicto surgió esta semana cuando el Tribunal trató un pedido de fuerzas políticas minoritarias y ordenó a la Cámara de Senadores suspender el debate de un proyecto de ley que intenta imponer nuevas reglas para la creación de partidos políticos… El presidente de la Cámara alta aseguró que no permitirá que el Supremo interfiera en las cámaras… Para el magistrado Días Toffoli, uno de los once miembros del Supremo, las polémicas no suponen una crisis y responden sólo a la existencia de una democracia efervescente en el país”.
El asunto no es nuevo, viene desde los últimos años. Inclusive en varias ocasiones, ante la inacción del Legislativo, el Supremo resolvió en asuntos no legislados, sentando jurisprudencia y de esa manera, cubriendo la ausencia de legislación. Digamos como el matrimonio igualitario, que nunca fue tratado por el Parlamento, pero que tuvo una “acordada” del Supremo concediendo a la unión homoafectiva el status matrimonial. De tal forma que hoy en día, en cualquier cartorio (registro civil) de este país una pareja homo es tratada igual que una pareja hetero, y salen casaditos, si ese es su deseo.
Volvamos al asunto. “Crisis que responde a la existencia de una democracia efervescente”, dice el Ministro del Supremo brasilero. Yo diría de una democracia en construcción, que no es estática, que debe adaptarse a los nuevos tiempos.
En todos lados, por historia y por el modo como se conforman, los sistemas judiciales de casi todos los países son cerrados, selectos y “seguros”. Tienden a ser autocráticos, como la Iglesia. Pero no pueden ser estáticos, como pretenden, pues deben adaptarse al correr de los tiempos. Y cuando hablamos de una democracia participativa, consciente y activa, no podemos quedarnos en una justicia del siglo anterior o del penúltimo.
Y esa es la similitud entre dos procesos diferentes, que por caminos distintos por historia y realidad, tienen el mismo objetivo, y cada día más se acercan en su caminata.
Ahora las disimilitudes:
En el caso argentino hay un Ejecutivo que lanza como objetivo democratizar el sistema judicial, apoyado por una parte de éste, seguramente más numerosa en la base que en la cúspide. Manda su proyecto de ley al Congreso, y ahí viene la reacción de los ultraderechosos de todos los tipos, a los cuales se suman esos opositores insulsos (sin sabor alguno) que sólo saben prenderse a todo lo que sea anti-K, aunque esté manchado de sangre y con olor a muerte.
La mayoría congresista aprueba, demuestra ser hábil políticamente al aceptar sugerencias, sea del CELS, sea del propio sistema judicial. Porque no es un problema de caja, es un problema de manejo más transparente, más democrático.
Ya en el caso brasilero, el Ejecutivo no tiene nada que ver. Pero el Congreso nacional a través de varios de sus diputados reacciona ante una injerencia permanente del Judicial, que se permite autorizar o no qué tema puede ser tratado por el Legislativo. Se dio en el caso del mensalón, donde nadie discute la autoridad del Supremo para condenar, pero sí quién determina la separación del legislador condenado del cuerpo legislativo.
Y la lucha sigue larga… Lo único que importa resumir ahora es que todo esto nos demuestra que nuestras democracias se van fortaleciendo, no en lo formal pero sí en lo práctico, en el ejercicio cotidiano de la voluntad popular. Que presupone PARTICIPACIÓN y CONTROL CIUDADANO. Valores que deben ser encuadrados en lo institucional sí o sí.
Y quien piense que participación es rejunte de monos para presionar y patalear, ante la mirada complaciente de una midia asquerosa… nada que ver.
La participación no es mediática…y eso nuestra militancia lo está entendiendo muy bien.
La participación se da ayudando al otro, sea en la inundación, sea en el temporal, sea en el esfuerzo por comprar más barato los alimentos esenciales. En el estímulo para que la gente se organice, actúe, se responsabilice dentro de su pequeño territorio.
Dejemos que los monos chillen ante las cámaras, dediquémonos a laburar con la gente a su servicio, en las cosas humildes, cotidianas. Sin buscar otra recompensa que no sea la satisfacción de ayudar y ser útiles. Y de ser soldados de algo noble, limpio. Quien ya lo ha vivido, sabe que es posible. Que no es engaño ni opereta mediática, donde seríamos simplemente unos farsantes. A la gente de bien, ser farsante no la hace sentirse feliz.
La felicidad es ser útiles, servir para algo. No gastamos los minutos que vivimos, sino que con ellos construimos el futuro, un mundo mejor para las otras generaciones.
Eduardo Flores, DNI 4.685.785 .

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