Sobre el fanatismo
Leyendo el excelente artículo de Eduardo Aliverti en Página 12, titulado “Oposición automática”, me sentí totalmente interpretado en lo que pienso, y quisiera repetirlo con otras palabras. El problema de la oposición es su fanatismo (falta de “juicio crítico”). Y como no quiero caer en el mismo defecto, vamos a las definiciones del diccionario de nuestra lengua. Dice la RAE: “Fanático: - Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas. - Preocupado o entusiasmado ciegamente por algo”. La pasión no es mala, pero cuando ciega la razón se torna perversa. Y ése es el problema. Porque ella no nos permite hacer un “juicio crítico”. Vamos nuevamente al diccionario de la RAE: “Juicio. 1. m. Facultad del alma, por la que el hombre puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso”. Lo llamo juicio crítico, para diferenciarlo de las otras acepciones de la palabra, que también constan en el diccionario. Es necesario poner pasión en nuestras convicciones, pero sin caer en el fanatismo. Convicción, firmeza es una cosa. Fanatismo es otra. Ejemplo: si Cristina dijera que 2 + 2 son 4, seguro que los principales gurúes de nuestra anodina oposición responderían que no es así, y si no se animan a negar semejante verdad, la atenuarían con argumentos subjetivos, atribuyendo intenciones o interpretaciones maldosas. Si nuestros políticos caen en el fanatismo por defecto de fabricación (son politruchos), ya mucha gente del común cae por ignorancia de cómo funcionan las estructuras del Estado. Y a ello se refiere Aliverti cuando ejemplifica los que le atribuyen al Estado nacional problemas que son del área provincial (conflicto de Scioli con los maestros) o problemas donde el villano principal no es el Estado, sino la cadena de comercialización (inflación) o corporaciones de una sociedad podrida (inseguridad). Porque sin quitarle las responsabilidades que le cabe al poder público por no combatir ambas plagas, hay que ser consciente de que son ellas la raíz (causa) del problema, y no son eliminables sin una operación del conjunto de la sociedad. Ya que implican un cambio de hábitos culturales. Lo que se da solamente a nivel de sociedad. No quiero entrar en el análisis de la situación sampedrina, digna de una consulta psiquiátrica de alto nivel, que escapa a mis conocimientos de autodidacta. Pero es bueno que en ese asunto también dejemos el fanatismo de lado, y tengamos un poco de sentido crítico. Y que cada uno se calce el sayo como le quepa. Firmeza en las convicciones, sí. Máxime cuando son las convicciones de toda una vida. Pero fanatismo, dejémoslo para los pobres de espíritu. Eduardo Flores, DNI 4.685.785

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