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    Sin un peso también se gobierna

    2 de diciembre de 2015 | 14:38
    Sin un peso  también se gobierna

    Está claro que Cecilio Salazar empieza su gestión con deudas cuyo monto supera con creces lo que se puede afrontar con recaudación propia. Está claro también que los primeros gestos serán los que le permitirán transitar el verano con el calor de la expectativa colectiva. También está claro que la prensa que, al igual que este semanario, “marca la agenda chica”, debería plantearse una tregua razonable para proponer temas y contenidos profundos que le permitan recuperar su rol de informar y opinar con datos y fundamentos.

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    Por eso vale esta lista que dejamos impresa con la intención de eludir la tentación de la crítica despiadada sobre aquellas acciones que el gobierno local ha manejado con desidia imperdonable durante el período más penoso que haya atravesado la ciudad y que puso a la sociedad en el extremo de la resignación.

    No sale un peso acordar horario rotativo para adecuar a las necesidades del contribuyente un servicio que atienda las 24 horas del día, los 365 días del año incluidos feriados. Los que estiman que Salazar no puede “darse vuelta en contra del trabajador” deberían razonar y entender que si no hay acuerdo con los gremios puede encomendar tareas pasivas a contratados, jornalizados y acomodados políticos, al menos para que no hagan uso y abuso de teléfonos, luz, gas, papelería, computadoras, vehículos, combustible y otros enseres que sumados representan un gasto más que considerable. Muy gracioso es este comentario de un empleado de los que trabaja a destajo desde la gestión de Julio Arturo Pángaro y que está cansado de ver como desfilan y mandan quienes no tienen conocimiento alguno sobre la administración pública: “Sale más barato que se queden en la casa y que no nos rompan las p… a los que trabajamos. Si les sacas el celular se pierden”. Seguimos.

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    No sale un peso encomendar a los inspectores que recorran la ciudad para multar y sin período de gracia a todos los que poseen terrenos baldíos, casas para rentar o veredas con materiales, escombros y chatarra que permitan recuperar el recurso económico genuino y la concientización en una cultura más respetuosa por el prójimo y también porque una ciudad que pretende reactivar el turismo no puede continuar como si fuese un basural a cielo abierto.

    A propósito del turismo, no sale un peso recordar a quienes de lunes a viernes reposan y retozan en el edificio que el área mantiene frente al Club de Pescadores que pueden dejar la charla para dedicarse a limpiar la mugre que hay en el lugar y planificar acciones de asesoramiento para que quien llega a la ciudad no se lleve la imagen de “toldería”. No debería salir un peso redistribuir horarios para que no haya que pagar horas extras los fines de semana. Disculpas, seguimos.

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    No es necesario gastar un peso para desinfectar y encarar el desmalezamiento del predio del Hospital para que incluso aquellos que rompen y ensucian entiendan que el principal efector de salud es el primero en dar el ejemplo aunque el presupuesto no alcance. A propósito, sería prudente retirar el televisor de la guardia de seguridad y colocarlo para que se entretengan los pacientes que a veces soportan largas esperas para ser asistidos porque el servicio está atestado de contusos y heridos en accidente o episodios de inseguridad. Lo mismo cabe para centros de salud que abandonaron su misión de ser el primer ámbito de prevención y educación en salud. Ni hablar del Centro Integrador Comunitario o el Centro de Educación Física del estadio que sólo parece despertar para las colonias de vacaciones y contratando a nuevos profesores porque los que pertenecen a su planta no consideran que el deporte puede ser el mejor camino para niños y adolescentes condenados a situación de calle con acceso a las drogas. Aquí vale recordar que existe un Centro Preventivo de las Adicciones (CPA), un Consejo del Menor y la Familia, una Unidad de Fortalecimiento Familiar (UCEFF) y continúan los organismos que sostiene el estado que alguna vez fueron eficientes y hoy son albergues de un plantel residual de agentes repletos de excusas a punto tal de que un caso de violencia deba esperar al día hábil y horario de atención para ser asistido.

    Tampoco hace falta un peso para delegar en cada localidad del partido las facultades y herramientas para atender las demandas de los vecinos que estarán siempre dispuestos a rellenar, aunque sea con tierra, banquinas y accesos que les permitan circular con lo que producen. Río Tala, Gobernador Castro, Santa Lucía, Doyle y la cuasi nueva localidad de La Tosquera (por qué no pensarlo), no deben costear con impuestos y tasas lo que malgasta y no distribuye la comuna. A nivel nacional lo suelen llamar “coparticipación federal” y en el caso de la provincia “descentralización”.

    Sin un peso, el escaso personal de obras sanitarias con la asistencia de alguna de las áreas con personal ocioso, algunos cuadernos y en el mejor de los casos una computadora portátil, el relevamiento y confección del sistema de cañerías de agua, cámaras cloacales, zanjas con agua podrida, semáforos, cámaras se seguridad, luminarias, y por qué no el cementerio para relevar y proporcionar datos mínimos a los nuevos secretarios que más que dispuestos a asumir tendrán que ir pensando en el cúmulo de responsabilidades que les cabe conocer la verdadera situación sobre la que se proponen tomar decisiones. De no ser posible concretar la ilusión de poner en marcha a quienes cobran un sueldo municipal y aunque parezca una tontera se puede organizar una jornada solidaria en la que grandes y chicos usen sus celulares para tomar fotos, videos o enviar mensajes que se puedan volcar luego sobre un plano del partido. Los teléfonos “portátiles” ya no son un artículo de lujo.

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    No cuesta un peso pedirle a chacareros, productores, gerentes de empresas o cuentapropistas que informen qué hacen, cuánto producen y qué necesitan, no porque se les puedan brindar respuestas sino para que sientan que alguien los tiene en cuenta y los escucha porque en definitiva son los únicos que proveen puestos de trabajo.

    No tiene costo alguno separar los residuos, velar para que el espacio público no sea usurpado por los vivos que levantan sus casas con impunidad ni por los que desde la justificación de percibir un ingreso montan puestos ambulantes que luego son permanentes como ha sucedido con las proveedurías del postergado balneario municipal.

    En este mínimo listado cabe recordar que tampoco hay que gastar nada para invitar a los organismos provinciales y nacionales que tienen delegaciones en San Pedro, a la policía local, a la prefectura, a las entidades intermedias, parroquias, instituciones de bien público, sociedades de fomento y otras organizaciones para pedirles un último esfuerzo en el impulso que necesitan los engranajes de una comunidad que sólo aspira a vivir mejor. Los que peinan canas saben que la velocidad y la precisión de esos engranajes fueron parte de la realidad de un pueblo pujante y orgulloso.

    Hay cosas que no cuestan nada de nada y que pedimos a los lectores enumerar, por ejemplo: basta de policías durmiendo o jugando a las cartas a escondidas en la costanera; basta de contraexplosiones y picadas de autos y motos; basta de miradores turísticos con carteles de chapa que ocasionan heridas y estructuras que corren peligro de derrumbe; basta de anunciar botones antipánico, polo de seguridad, monitoreo, depuradora, escuelas, repavimentación de 1001 o 191…

    Eso sí, es más que importante destacar que hay otras cosas que tampoco cuestan un peso pero son tremendamente valiosas: la decencia, la honestidad, la sinceridad, la humildad, el buen trato, la contención, la propuesta de soluciones que destierren el “no se puede”, el respeto por el prójimo, la solidaridad… y siguen las sugerencias a costo cero.

    Ah, la lista para el Concejo Deliberante solo contiene tres puntos: trabajar, ordenar la legislación vigente y cobrar el sueldo de un maestro, aunque algunos ni siquiera puedan ser alumnos.

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    • Edición N° 1235
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