Sin el cargo prometido, Silva volvió a la Oficina de Escrituraciones
El exsecretario de Gobierno retornó de sus vacaciones y se reintegró al trabajo. Sin embargo, no fue a la Subsecretaría del Juzgado de Faltas que dijo haber acordado con Guacone, sino que regresó a su antiguo empleo en el Municipio. Aseguran que su partida tuvo que ver con ingresos a la planta de personal que no habría querido avalar.
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Alguna vez fue líder de “Las Divinas” y “la esperanza” de cambio en la gestión Guacone. Sin embargo, Javier Silva tuvo la suerte de otros cincuenta funcionarios y el cargo más importante en el gabinete del Intendente fagocitó en poco tiempo su carrera política, que tuvo un inicio voraz y un final estrepitoso.
La semana pasada, el abogado volvió a su trabajo como empleado municipal de la Oficina de Escrituraciones. Eso sí: ahora como miembro de la planta permanente, condición que puso en septiembre de 2012 para asumir al frente de la Secretaría de Gobierno, puesto en el que desde hace quince días lo reemplaza Raúl Cheyllada.
“Había una vacante de Subsecretario del Dr. Adeff –en el Juzgado de Faltas–; continuaremos ahí en funciones”, dijo Silva a mediados de enero, cuando aseguró que él mismo había pedido a Guacone dejar su cargo en el gabinete. Sin embargo, esa designación nunca llegó.
En una reunión de la Comisión de Presupuesto del Concejo Deliberante en la que la oposición del Frente de Todos cuestionó, una vez más, el ingreso de nuevos empleados a la Municipalidad, el edil Sánchez Negrete ejemplificó con el pase de área de Silva. El oficialista Fabio Giovanettoni retrucó y sostuvo que no había decreto ni designación y que las declaraciones del abogado no eran más que expresiones de deseo suyas.
Con la frente marchita
El lunes pasado, Javier Silva volvió de sus vacaciones y tuvo que enfilar para el lado de Obras Públicas, cabizbajo y mascullando quejas por la “falta de palabra” del Intendente. Hasta habría asegurado a cercanos suyos que su traslado hacia el Juzgado de Faltas era una promesa, un acuerdo, un pacto de caballeros sellado con el Jefe Comunal para dejar la Secretaría de Gobierno, que además le permitiría estar cerca del sillón de Adeff, al que aspira.
“Tiene menos palabra que Bernardo, el del Zorro”, habrían escuchado en los pasillos del edificio del antiguo Correo. Ante La Opinión, en el velatorio del padre del Intendente, Silva sólo dijo que había regresado a su anterior función y que tenía allí mucho trabajo por hacer. “Estoy tranquilo”, aseguró.
Su partida llegó junto a la del Secretario de Economía Jorge Gil, a poco de haber firmado el famoso decreto de racionalización de gastos que, entre otras cosas, congelaba los ingresos de personal. Una de las razones habría sido su negativa a convalidar con su firma el nombramiento de unos cinco empleados nuevos, de lo que incluso habría un documento redactado en la computadora que le dejó a Cheyllada.
De esos cinco, habría dos con destino al Hospital y un tercero que sería un joven que publicó en su Facebook la sugestiva y celebratoria frase: “Feliz, entré en la Muni”.
Sombras de una gestión
Javier Silva tuvo un paso tormentoso por la Secretaría de Gobierno. Distanciado con su antecesor Pedro Restelli, nunca pudo construir buena relación con los aliados que respondían a Daniel y Matías Monfasani.
Ello implicó fría relación con el entonces Subsecretario de Legal, Técnica y Recursos Humanos Daniel Porta y enfrentamiento tácito con el exdirector de Personal Juan Kasta.
Como si fuera poco, muchas de sus decisiones hicieron tambalear la capacidad política del Gobierno. Paros en Inspección, ruptura del diálogo con los gremios y destrucción total de los puentes de contacto con la oposición en el Concejo Deliberante.
Sus últimos funcionarios cercanos fueron el Director de Personal Raúl Cuello, la Directora de Tránsito Cecilia Berretta y el Jefe de Cómputos Marcelo Bisi, a quien premió con el pase a planta permanente y un puesto para su esposa, luego de asegurar que iniciaría una investigación –que nunca prosperó– por la sospecha de que este empleado se aumentó el sueldo a sí mismo, gracias a su libre acceso al sistema Rafam.
Algunas luces
La gestión de Javier Silva al frente de la Secretaría de Gobierno también tuvo algunos hitos políticos de relevancia: sorteó una interpelación de más de once horas y, junto al Asesor Letrado José Macchia, frenó en la Justicia la Comisión Investigadora a Guacone; planificó una modificación integral en Inspección; torció el brazo de “los gordos”; impulsó las cámaras de seguridad y los botones antipánico, por ejemplo.
También tuvo a su cargo la organización del Comité de Defensa Civil para aguardar una creciente de importantes dimensiones que nunca llegó, lo que sirvió por ejemplo para estar preparados para las contingencias del temporal que azotó a la ciudad la semana pasada.
Podrían enumerarse otros tantos aciertos y desaciertos de sus días en Gobierno. Con sus matices, sus pro y sus contra, a Silva le tocó un tiempo difícil. También le tocó cargar sobre sus espaldas con la responsabilidad política de la derrota electoral. Después de todo, ya lo saben: todos los funcionarios son fusibles en un gabinete.
