Sin acuerdo, los docentes siguen de paro y los chicos sin clases
El Gobierno provincial y los gremios volvieron a reunirse ayer. La administración Scioli ofreció un 30,5 por ciento de aumento en cuotas, por lo que las medidas de fuerza continúan por tiempo indeterminado. En San Pedro, los tres gremios mantienen la protesta, con movilizaciones y actos en escuelas cuyo estado edilicio impediría de todas maneras el inicio del ciclo lectivo.
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Como todos los años, la fecha prevista para el inicio de clases fue este 2014 apenas si una referencia colorida en el calendario. Una vez más, el conflicto desatado por la puja salarial en el marco de la paritaria docente derivó en escuelas cerradas, aulas vacías y la incertidumbre para padres y alumnos, que siguen con atención los avatares de un debate del que en su mayoría se sienten ajenos, aunque les toca directamente.
A pesar de estar atentos a las noticias, lo único que saben con certeza es que los chicos no tienen clases. Ayer el Gobierno provincial volvió a reunirse con los gremios , sin resultados.
La propuesta original era del 25,5 por ciento en cuotas que llevaría el salario inicial de un maestro sin antigüedad a 4.522 pesos por cargo, de los 4.109 que cobran en la actualidad. De bolsillo, claro está; porque el básico es de apenas 1.800. La oferta gubernamental implicaba un incremento de sueldo de 413 pesos.
Las cuotas de ese 25,5 por ciento acumulado pagarán el 14 a partir del 1° de marzo, un 5 por ciento acumulativo a partir del 1° de agosto y otro 5 por ciento en noviembre.
Ayer ofrecieron 5 puntos más, que en dinero son 195 pesos “de los cuales sólo 5 van al básico”. El Gobierno advirtió que dictaría la conciliación obligatoria y los gremios ratificaron las medidas de fuerza.
Los docentes del Frente Gremial (que en San Pedro tiene la mayoría de afiliados, con Feb y Suteba a la cabeza) reclaman un 35 por ciento; por su parte, Udocba, gremio ligado a Hugo Moyano y la CGT que éste conduce, de poca representación local, pidió entre el “60 y 65 por ciento, teniendo en cuenta lo que le han dado a la policía”, de acuerdo a lo que informó su Secretario Adjunto local, César Prieto.
Además de la comparación con la presión que ejercieron los policías –que lograron un incremento importante de salario tras una protesta sediciosa en La Plata por la que no hubo ningún tipo de sanciones–, no pudo evitarse hacer lo propio con los sueldos de docentes de otras jurisdicciones, entre ellas la ciudad autónoma de Buenos Aires, que con el último acuerdo alcanzar los 6.100 pesos en julio.
Más allá del bolsillo
A la hora del debate ante el inicio de clases, todos los años los gremios docentes plantean las necesidades edilicias de las escuelas, los problemas de infraestructura en general y los relacionados con la falta de cupos para comedores escolares, el escaso monto del dinero asignado para ello y las dificultades para cumplir con el transporte para que todos los alumnos puedan asistir a clases.
San Pedro fue declarada en emergencia edilicia por el Consejo Escolar y los docentes se sumaron con fuerza al reclamo por la ejecución del Fondo Educativo. No sólo a través de sus pares que forman parte de ese cuerpo colegiado electivo, sino además ante el Presidente del Concejo Deliberante.
El paro en la ciudad tuvo un alto acatamiento, con movilización en la Peatonal para, bombo de por medio, cantar algunas consignas que pasaron de largo ante los transeúntes, un abrazo simbólico a la escuela 11, una de las tantas cuyos problemas edilicios impedirá el comienzo normal del ciclo lectivo, y la 22 de Santa Lucía.
El reclamo de condiciones dignas implica además la capacitación en servicio, el fin de los negocios con empresas privadas para el otorgamiento de puntaje por cursos que insultan la inteligencia y se equiparan en los beneficios a la hora de conseguir cargos con posgrados universitarios.
Un debate necesario
Durante su mensaje anual ante la Asamblea Legislativa, la Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner planteó, una vez más, la necesidad de alcanzar acuerdos que impidan todos los años el retraso del comienzo de clases. Para ello propuso discutir paritarias en junio, en vez de hacerlo en marzo. Cierto es que los gremios docentes comenzaron a plantear en noviembre el debate, de manera tal que no hubiera que llegar a esta fecha sin acuerdo.
En su alocución, Cristina se refirió a uno de los temas más urticantes a la hora de hablar de los docentes: el ausentismo. Si bien no hay ningún dato real que ubique a profesores y maestros entre los trabajadores públicos o privados que más faltan a su trabajo, el grado de exposición pública de su labor los pone en el tapete cada vez.
Incluso no falta quienes comparen los beneficios de un gremio que tiene a su cargo ni más ni menos que la ejecución de las políticas públicas de Educación –a pesar de que a muchos docentes la palabra “política” les genera escozor, como si no pudieran reconocer su rol de agentes del Estado– con otros, como si las ecuaciones fueran las mismas en cada sector.
El ausentismo atraviesa la discusión de la labor docente porque son muchos: los que van a la escuela y los que no. En su defensa, los gremios sostienen que el Gobierno provincial “gasta 100 millones de pesos por mes para que una empresa tercerizada controle el ausentismo”. Lo dijo el titular de Suteba Roberto Baradel y aseguró: “Están tirando la plata”.
En San Pedro, esa empresa contrata a un médico laboral que atiende pocas horas al día y que se puso un tanto más restrictivo luego del caso de una directiva que habría fraguado una carpeta médica para un viaje de Semana Santa el año pasado. Historias sobre casos como esos abundan. Denuncias y documentación, no.
El problema en el caso de las carpetas médicas locales es que por algunos pecadores deben pagar los santos. Quien se enferma debe ir ese mismo día al médico. También queda otra posibilidad, la de ir con un certificado de médico particular… ¿y quién no tiene un amigo con sello?
Muchos docentes se muestras reticentes a discutir el ausentismo, aunque otros prefieren que los controles sean exhaustivos. En general, se dividen entre los que aprovechan cada renglón del estatuto y los que aman su trabajo. Los hay de ambos, incluso puede que sean mayoría los segundos. “Perón decía que los hombres son buenos pero que si se los controla son mejores”, recordó un analista.
La incertidumbre de los padres
La ciudad, como tantas otras de la provincia, como acaso del país y del mundo, está organizada en torno a las obligaciones de sus habitantes. Los adultos trabajan, los niños estudian. En general, los primeros hacen lo suyo mientras los segundos están en la escuela.
Por eso las quejas de los padres ante los paros y la de los docentes que sostienen que las instituciones educativas no son meras guarderías. Más allá de esas chicanas, es cierto que nadie quiere que sus hijos se queden sin días de clases, aun compartiendo el reclamo de sus profesores. Ello enfrenta a dos actores de una comunidad educativa quebrantada en sus relaciones desde hace tiempo. Si alguna vez los padres reprendieron a sus hijos porque les iba mal en una materia, hace tiempo que los gritos se los llevan los docentes, que “algo mal deben estar haciendo”.
Los tiempos cambian, la sociedad cambia, las instituciones también. El sistema educativo convive con mala formación docente, con estructuras disciplinarias vetustas, con contenidos imposibles de compartir, con una diversidad que da de bruces con el intento homogeneizador de principios del siglo XX que se reclama en los análisis rápidos de entre casa.
Entonces, muchos optan por pagar una mínima cuota y enviar a los chicos a las escuelas de gestión privada subvencionadas por el Estado, donde el Gobierno también paga los salarios pero a través de las empresas u organizaciones de la sociedad civil (como la Iglesia, en los casos más conocidos a nivel local), donde los mismos docentes que hacen paro en la pública asisten a las aulas, sin sincerar que acaso tal vez hasta reciban presiones para ello. En los años 90 el Banco Mundial elaboró una serie de preceptos educativos que tendían a la privatización de los sistemas públicos en todo el mundo, en pleno auge del neoliberalismo. En Argentina, la Ley de Educación de 2007 rompió la hegemonía desarticuladora de la norma que sancionó el menemismo.
Sin embargo, muchos de aquellos preceptos siguen en pie, por lo que la escuela se debe un debate interno amplio, difícil de dar en las condiciones actuales, donde lo coyuntural arrasa con todo en una provincia deficitaria con serias dificultades para cumplir con sus compromisos mínimos.
