Siguen las ventas de casas en el barrio San Miguel
La adjudicataria es una mujer, pero hace más de un año que no vive allí. Hace tres meses se la prestó a una tía, pero la pasada semana le pidió que se mudara porque había vendido la casa a una persona del Barrio Futuro, que le pagó con un terreno. Aunque la nueva habitante de la vivienda dice que se la prestaron de buena fe. Los vecinos aseguran que ya no vale la pena continuar denunciando los cambios de viviendas porque “son cosa de todos los días”.
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Amalia Morales tiene 50 años y trabaja cuidando a una persona mayor. Hasta la semana pasada, vivía en una de las casas de las 150 viviendas, la ubicada en Hermano Indio 1996, esquina Bozzano. Pero nunca fue adjudicataria de una propiedad en ese barrio.
“Me la dio una sobrina mía para que la cuidara. Fue en el mes de Mayo, pero no alcancé a estar tres meses que ya me pidió que me fuera. Me dijo que la había vendido a otra familia y me tuve que ir”, dijo Morales.
Su sobrina, Rosa Elizabeth Morales, es la beneficiaria original que recibió la mencionada vivienda destinada a los evacuados de la zona de barrancas, pero los vecinos confirmaron que hace más de un año que ya no la habita. “Igualmente la mujer venía todos los días acá. La casa está muy cuidada”, dicen los habitantes de esa manzana.
Desde el jueves pasado, la misma casa que dejó Amalia fue ocupada por una mujer llamada María Britos, oriunda del Barrio Futuro, quien se mudó con sus cuatro hijas mujeres.
Britos desmintió que Rosa Morales le haya vendido la casa de Hermano Indio y Bozzano, y dijo que se la habría prestado de buena fe para que se la cuidara. Y que lo hizo porque conocía su desesperante situación. “Yo pasé un mensaje por La Radio pidiendo ayuda o que alguien me preste una casa y esta mujer me la prestó sin pedirme nada porque me conoce”, dijo la mujer. Sí, reconoció que ella intentó canjearle a Morales la vivienda por el terreno que posee en el Barrio Futuro, porque ella no tiene medios económicos para terminar de construir allí su casa, pero la primera no aceptó. “Ojalá yo pudiera quedarme acá”, comentó.
El segundo cambio
En incontables ocasiones se denunciaron canjes, ventas y préstamos de las viviendas del barrio San Miguel, que se iniciaron apenas se mudaron los beneficiarios que fueron trasladados desde zonas de emergencia en las barrancas de la costa en el año 2001.
La Secretaría de Desarrollo Humano, responsable del trabajo social en ese barrio, reconoció que tras un relevamiento reciente, que especialmente se hizo en esa zona, se enviaron las denuncias de intercambios al Instituto de la Vivienda en La Plata porque es el organismo que debe decidir qué medidas se deben tomar. Pero todavía no ha llegado ninguna respuesta.
La mayoría de las familias que decidieron mudarse, vendiendo o canjeando las casas, lo hacen por problemas vecinales o cansados de los abusos de las famosas pandillas de jóvenes que tienen su asiento en esa zona. Pero quienes resisten allí se muestran indignados por las mudanzas. “Esta señora (por Rosa Morales) era de la zona del puerto, vendieron para mudarse acá cuando le dieron la casa, y después la cambiaron por otra en el Barrio Futuro” explicó un vecino. Ese primer intercambio de viviendas finalmente se deshizo y la mujer se mudó a un lugar más céntrico, tras alquilar una propiedad sobre la calle Uruguay, pero nunca regresó a las 150 viviendas. Su marido, Alejandro “Cacho” García, trabaja para la Arenera Spósito e integró una lista de concejales. “Está en política y trabajó para Rotundo”, explicó Amalia Morales.
Este tipo de situaciones, es la que indigna a quienes todavía aguardan la posibilidad de contar con una casa propia y no cuentan con recursos para abonar un alquiler. Pero las denuncias no han tenido el impacto esperado, y por eso la venta, alquiler, canje y mudanzas en el barrio San Miguel siguen siendo parte de la cotidiana realidad.
