“Sólo me importa poder trabajar”
Es el pedido de Carlos Corvalán tras haber cumplido su condena. En el año 2003, hizo justicia por mano propia y asesinó a su suegro luego de que este abusara de su hija.
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El pasado 7 de Octubre de 2006, Carlos Corvalán cumplió la condena de tres años que le había impuesto la Justicia. La medida se ejecutó bajo la figura de emoción violenta, tras matar de una puñalada a su suegro al enterarse de que había abusado de su hija de 10 años.
El hombre permaneció un corto lapso en prisión, porque de inmediato fue beneficiado con la libertad condicional. Así pudo continuar trabajando con el compromiso de presentarse, cada quince días, en las oficinas del Patronato de Liberados.
Corvalán está libre de culpa y cargo, pero al realizar los trámites en la Dirección de Inspección General, para renovar su carnet de conductor (actualmente trabaja como remisero) le indicaron que no estaba en condiciones de hacerlo.
El permiso para conducir se le venció el 12 de Julio y unos días antes, comenzó a realizar los trámites para poder seguir trabajando. Hizo todos los papeles y hasta abonó el dinero requerido. Cuando llegó el momento de retirarlo, se encontró con la inesperada noticia, según le indicaron no puede recibir la cédula porque la situación que atravesó todavía está vigente.
“En Inspección General me dijeron que no podían hacerme el carnet porque en los registros todavía figuro como condenado, y me devolvieron la plata”, contó. “Me recorrí todas las oficinas, hablé con algunos Concejales, pero todavía no pude obtener que alguien me de una respuesta. Mi abogado Gotardo Migliaro, me dijo que no debería suceder esto porque yo ya cumplí con mi condena”.
“Me da mucha bronca todo esto porque uno quiere hacer las cosas como se debe, además empecé con los trámites mucho antes de que se me venciera el carnet”, relató Corvalán. “Tengo en mis manos el certificado que me otorgaron en el Patronato en donde se especifica que cumplí mi condena pero parece que no tiene validez”, agregó.
“Quiero que me entiendan. Sólo me importa poder trabajar”, exclama. “No estoy reclamando nada raro, solo pido que se me comprenda, que se use el sentido común. Tengo que trabajar, porque tengo una familia y ya he perdido muchas horas yendo de una oficina a otra”.
El reclamo de Corvalán tiene un sentido, además realizó los trámites como corresponde y lleva consigo el certificado que indica el cumplimiento de su condena. Quizás sea un trámite demasiado burocrático, pero hay situaciones similares donde no se han tomado las mismas medidas. Pues es muy común observar por las calles, conducir cualquier tipo de rodados, a personas con antecedentes o que cumplen condenas domiciliarias, y ahí tampoco existen los controles adecuados, aún cuando también trabajan como remiseros.
La historia
“Sé que lo que hice no era lo debido” dice Corvalán. El lunes 29 de Septiembre de 2003 asesinó a su suegro, Deonides Lugo, un hombre de 62 años que había violado a su hija y que en ese instante se encontraba descansando. Corvalán, no se resistió cuando fue detenido por la Policía, porque en realidad siempre se consideró una persona de bien, trabajadora y destacado jugador de fútbol.
En aquel momento fue condenado a tres años de prisión, pero tras permanecer un mes y cuatro días en el Penal de San Nicolás logró obtener la libertad condicional a través de una medida extraordinaria adjudicada por la Dra. María Laura Vázquez, del Juzgado de Garantías Nº 1 de San Nicolás.
“En realidad debo ser un agradecido”, agregó el “Chancho”, como se lo conoce en el mundo futbolero de la ciudad. “A mí me ayudó mucho la marcha que hicieron, el apoyo de toda la gente. Sino, me hubiera sido difícil salir, porque estaba en juego una vida. Vuelvo a agradecerle a todos”, explicó.
Corvalán recuerda con tristeza lo que ocurrió aquella tarde de Septiembre, cuando en horas de la siesta, decidió hacer justicia por su cuenta. “Ese día me enteré de todo porque vino mi señora. Más tarde fui a la casa de mi suegra, y ella me abrió la puerta. Entré y pasó lo que pasó”. En cuanto la violación dijo: “Nos habíamos enterado el día anterior, y resolvimos con mi esposa ir al día siguiente al psicólogo con las nenas para ver bien qué pasaba… Cuando el lunes al mediodía mi mujer volvió, me confirmó eso y muchas cosas más. Me puse loco, salí y agarré un cuchillo”, contó Corvalán. “Yo mismo me entregué. Observé que se acercaba un policía, lo llamé y le conté lo que había pasado”. “En su momento hablé con mi cuñado, la esposa y mi cuñada. Toda la familia supo entenderme, nadie me acusó”.
