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domingo, noviembre 28, 2021
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Río Tala: en medio de la cuarentena, preocupa en la localidad la sucesión de hechos de violencia

Una serie de episodios violentos tuvo lugar en la última semana en la localidad. En plena cuarentena, denunciaron un abuso sexual, una joven apuñaló a su esposo y lo denunció por violencia de género, volvieron a robar en el club Las Palmeras y dos grupos de jóvenes que suelen ser protagonistas de hechos delictivos protagonizaron varios enfrentamientos que incluyeron heridos.

 

La localidad de Río Tala tuvo una semana difícil. En siete días hubo un abuso sexual a una adolescente de 14 años; robos que incluyeron al club Las Palmeras; piedrazos, palazos y disparos de armas de fuego; y hasta un apuñalado en una discusión de pareja cuando una mujer se defendió porque su novio le pegaba.

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Todo, en medio de la cuarentena, que en el pueblo se cumple aunque muchos coinciden en que la "flexibilización" la impusieron los propios habitantes: poco barbijo, mucha presencia de vecinos en la calle durante el día, pero al menos cuando la sirena suena a las 20.00, la circulación merma.

En la localidad hay controles policiales, pero como en cada dependencia de la provincia de Buenos Aires, desde que comenzó el aislamiento preventivo hay menos personal, porque la disposición ministerial obligó a la Jefatura Comunal a reducir servicios para preservar efectivos ante un escenario complicado.

Aun así, en las calles se ven los patrulleros y la gente lo destaca. Las estadísticas también juegan a favor del jefe del Destacamento, el oficial subinspector Marcos Lezcano, y de los efectivos que llegaron, todos, en el último año y medio: entre 2019 y lo que va de 2020, los registros judiciales muestran una cantidad de aprehendidos que asciende a 57; en los cinco años anteriores, aparece uno solo.

Puede ser un error de sistema, pero 2019 tiene cargados 36 apresados y 2020, hasta ahora, 21; mientras que en el período previo sólo aparece uno entre 2014 y fines de 2018.

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Cuando La Opinión arribó a la localidad este martes, alrededor de las 17.30, el delegado municipal, Domingo Bronce, estaba parado frente del Centro de Atención Primaria. Fuera del horario de trabajo, pero presente para, como hace habitualmente por la tarde, verificar que todo esté en los cauces normales y que el personal del Centro de Salud no tenga alguna necesidad.

La tarea de Bronce es destacada en el pueblo. Incluso hasta quienes al comienzo desconfiaban de él o no tenían buen concepto de sus maneras de gestionar hoy lo respaldan. Entre los más vulnerables, el agradecimiento es importante. "Siempre está y no es mezquino", dijo una mujer que, junto a sus hijos, vendía bolitas de fraile en la plaza.

Para atender las contigencias que puedan derivarse de la pandemia de coronavirus COVID-19, Bronce ya tiene camas para instalar en el centro de jubilados y su personal hizo biombos para que haya privacidad. En la puerta del Centro de Salud hay un consultorio móvil, que el funcionario pidió prestado a la UOCRA para atender pacientes con afecciones respiratorias y que no tengan que ingresar a "la salita".

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Río Tala es una localidad siempre golpeada por la pobreza, con habitantes históricos y familias que todavía mantienen la tradición de permanecer en el lugar de origen, pero también con nuevos integrantes de la comunidad que suelen llegar desde otras ciudades y provincias para trabajar en alguna temporada en el campo y se quedan.

Entre ellos hay quienes llegan con hábitos distintos a los pueblerinos y que se van amoldando a la vida cotidiana a veces sin dejar algunas costumbres que terminan generando algún tipo de conflicto con otros, sobre todo entre los jóvenes.

A eso atribuyen lo que ocurrió este fin de semana. En el pueblo hablan de dos "bandos" de jóvenes que suelen reunirse a beber, consumir estupefacientes, incluso cometer algunos delitos menores como robos de garrafas, en criaderos de pollos o motos.

No falta quien asegure que entre ellos hay presuntos vendedores de drogas al menudeo, sobre todo de marihuana y otras sustancias de bajo costo que habitualmente se mezclan con bebidas alcohólicas que, también, se consiguen por pocos pesos.

Entre las personas que nombran hay algunos con antecedentes penales, es decir con condenas cumplidas por todo tipo de delitos, desde robos callificados hasta homicidios. También están los que cada dos por tres son aprehendidos y pasan la noche en un calabozo, liberados al otro día por la Justicia por cometer lo que se conoce como "hechos menores".

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El fin de semana hubo trifulca entre ellos. Piedras, palazos, detonaciones de armas de fuego, persecuciones en moto y algunas consecuencias graves, como una mujer herida en un ojo de un piedrazo que requirió asistencia en el Hospital.

La semana pasada, un joven de 24 años fue detenido al otro día de que una joven de 14 fuera con su madre al destacamento policial para denunciarlo por abuso sexual. El relato señala que la llevó a una vivienda bajo amenazas con un arma de fuego para someterla.

El lunes por la mañana, alrededor de las 6.00, una mujer apuñaló a su pareja, con quien se había separado pero había comenzado un proceso de reconciliación. La joven de 19 años aseguró que lo atacó con un cuchillo para defenderse, porque su novio, de 24, le estaba pegando.

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Cuando cae la noche en Río Tala de a poco el pueblo queda vacío. Sobre todo en cuarentena. "Los pibes de la plaza", que solían juntarse a beber, charlar y hasta a correr algunas picadas en moto en puntos que iban cambiando para escapar del accionar policial se mantienen en sus viviendas.

Por estos días, tras los conflictos suscitados, además del patrullero de guardia del destacamento el jefe de la Policía Comunal, Juan Catalano, dispuso un servicio de refuerzo con otro móvil y personal de la Comisaría para descomprimir.

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En la esquina de la plaza, los dos patrulleros se encuentran frente al antiguo almacén de la familia Arnaldi, fundado en 1935, donde varias personas hacen cola para esperar entrar de a dos a hacer las compras. Contra el capot de la camioneta, dos jóvenes son requisados. Uno de ellos tiene una gomera en la mano.

Tras presentar documentos y barbijo, ya sin la gomera, emprenden camino por San Martín hacia Sargento Cabral, donde minutos antes un móvil policial dejó una notificación. Son parte de los grupos en conflicto.

Cuando los detienen, los menores de edad son restituidos a sus padres, de regreso a sus hogares. Los que ya cumplieron 18, vuelven a la calle tras ser notificados de que pesan sobre ellos causas penales por delitos excarcelables.

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En la Delegación, Bronce piensa cómo conseguir una camioneta 4×4 para que se transorme en una ambulancia sencilla que pueda entrar al campo y evitar daños en la de alta complejidad, mientras busca dónde enviar a bordar el hashtag —así lo dice él también— #SomosRíoTala que crearon los chicos de la secundaria.

Las médicas muestran el Centro de Salud y saludan a las enfermeras en su día. Los que trabajan en el campo y volvieron a sus labores regresan a casa. En la esquina, una mujer barre la vereda pero en realidad salió a mirar al equipo de La Opinión & Sin Galera que transmite en vivo.

En los comentarios, Mary Sol agradece: "Yo no conocía Río Tala y gracias a ustedes lo estoy viendo. Somos vecinos y no nos conocemos. Pueda ser que de aquí en adelante cambiemos un poco y disfrutemos un poco mas de nuestros pueblos y ciudades".

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