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    “Rezamos para que lo liberen porque creemos que es inocente”

    La familia de Diego “Mosquito” Llul, detenido por la muerte de Gustavo Acosta, inició una cadena de oración para pedir por su libertad. Dicen que su detención es un error y que no es amigo de Barrios, y apenas conocía al occiso. Apuntan a una mujer como testigo clave porque estuvo con él esa noche, y a una “tercera persona” responsable que podría ser quien tiene el arma homicida que nunca apareció.

    17 de agosto de 2005 | 00:00
    “Rezamos para que lo liberen porque creemos que es inocente”

    Bajo el sol de las dos de la tarde, cinco mujeres y un hombre rezan frente a un pequeño altar. Están en el patio de la casa de una de ellas, en pleno barrio de Villa Igoillo, y la cadena de oración es para pedir justicia para Diego Llul, el joven de 21 años que está detenido por el homicidio de Gustavo “Piojo” Acosta.
    Yolanda, la mamá de Diego es quien toma la palabra para contar que toda la familia cree en la inocencia de su hijo. Sus hermanas Irma y Liliana, y su sobrina Gabriela, la acompañan en los rezos y asienten mientras ella asegura que “nosotros le creemos a él, porque nos dijo que es inocente”.
    Actualmente, un conocido estudio de abogados de San Nicolás está trabajando en la defensa del joven, a quien también representa en San Pedro el Dr. Fernando Di Giovanni.
    Recientemente, la fiscalía obtuvo la aprobación del Juez de Garantías para dictar la prisión preventiva tanto de Diego como del otro detenido, Barrios de 23 años.
    “La secretaria de la fiscal nos dijo después de la rueda de reconocimiento que los cuatro testigos lo señalaron a él, pero dijeron que él estaba ahí como tanta otra gente mirando. En realidad el reconocimiento salió bien, por eso no sabemos por qué la fiscal lo puso como instigador”, explicó Yolanda.
    El relato de su hijo es claro para la familia. “Desde el primer día, él nos dijo que no tenía nada que ver. Nosotros le creemos”, dicen.
    Los martes y los viernes son días de visita en la Comisaría de San Pedro donde Diego sigue detenido. Su madre, sus otros cinco hermanos y su padre son los únicos que pueden verlo. “El está bien, pero imagináte que nunca estuvo ahí, cómo podría sentirse en un lugar así sabiendo que es inocente. Por suerte, lo tratan bien. La policía desde el primer día, se está portando muy bien con él… pero yo tengo fe que va a salir”, asegura su tía Irma.

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    Ni siquiera amigos
    La relación de Llul con el occiso, Gustavo “Piojo” Acosta y con quien habría disparado el arma, Barrios, es incierta. Su madre Yolanda asegura que él no era amigo de ninguno de los dos.
    “Yo vivo en el Barrio Banfield, y ese chico –por Barrios- vivía a unas cuadras de mi casa, pero se conocían de un hola y chau, nada más. No eran amigos ni salían juntos”, explicó.
    La noche del crimen, Llul había festejado su cumpleaños con amigos y su propio patrón fue quien lo llevó hasta el baile de Independencia. “El trabajaba cuidando una casa en Casella y La Laguna, de “Roli” Romero. También le cuidaba unos caballos”, explicó su madre. Romero lo dejó en el club, pero una vez dentro no se produjo ningún hecho, según la versión de la familia, ni los roces con el joven Acosta o sus amigos.
    “Cuando él salió dio la vuelta, y ya estaba todo el lío. Pero llegó después de que pasó todo”, relatan.
    El único argumento creíble para ellos, es que “lo involucraron porque estaba ahí, en ese momento”. “En realidad no sabemos nada. Si le preguntamos a la fiscal, tampoco sabe qué decirnos porque ni ella sabe por qué Diego está detenido”, repite su tía Irma.

    Una testigo y un responsable
    Una mujer mayor de edad, de quien la familia prefiere reservar la identidad, sería una testigo clave del caso. Ella se encontró con Diego a la salida de Independencia, y pasaron la noche juntos hasta la tarde, cuando se enteraron que la policía lo buscaba a él por la muerte de Acosta. “Esa señora, una amiga de él, es la persona que le dijo que lo buscaban. Si fuera culpable, él se hubiera ido, pero se fue a entregar. Seguramente pensó que entraba y salía de la Comisaría después de aclarar todo…”, dijo Yolanda.
    Otro detalle de la causa que remarca la familia de Llul es la desaparición del arma homicida. “No aparece, y nadie sabe dónde está. Dicen que había una tercera persona, que falta detener, que era quien tenía el arma…”, explican, al mismo tiempo que indican que desconocen si la misma hipótesis es la que maneja la fiscalía, porque supuestamente esa persona tendría una gran responsabilidad en el hecho dado que podría ser “quien llevó el arma al lugar, porque en Independencia no se puede entrar armado”.

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    9 días de oración
    Acompañadas por otro hermano varón y por una vecina que concurre todos los días a la casa para rezar con ellas, las mujeres terminan de orar a San Expedito para pedir una resolución de la causa.
    Ayer martes se cumplieron los nueve días de una cadena de oración especial que decidieron iniciar porque “somos muy católicas, y es la primer vez que nos pasa algo así en nuestra familia. Nunca, jamás, tuvimos que vivir algo semejante”.
    Su fe las mueve a creer que Diego va a quedar libre, y las alienta saber que mucha gente espera lo mismo porque lo conoce y sabe que es inocente. “Es muy bueno y muy querido. A él lo conoce mucha gente porque trabajaba en la escobería de Morosini… todos te van a hablar bien de él. Es una cosa que todavía no podemos creer, ni nadie puede creer lo que le pasó”, dicen.
    Ruegan, porque la justicia no le haga pagar por algo que no hizo.
    “En cuántas ocasiones pasa lo mismo. Tienen a un chico dos años pagando en una cárcel y después lo largan porque no tienen pruebas. Después salen y no son nada”.

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