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Históricamente la estatua que se erige en honor a Fray Cayetano José Rodríguez ha sido blanco de hechos que rozan con el delito. Quizá su ubicación ayuda a los herejes que entre las sombras de la noche toman la escultura para saciar su desenfrenado arte del grafitti. Años atrás la desaparición de la tradicional pluma que empuñaba el representante bonaerense en el Congreso de Tucumán en su mano derecha generó preocupación e indignación tanto en las autoridades como en el pueblo. Hoy, las inscripciones que suben desde la base del monumento hasta una considerable altura, llaman la atención de quienes pasean por el lugar. Colores y mensajes se mezclan con adornos pictóricos que manos desconocidas y anónimas han agregado al pobre franciscano que tanto luchó por nuestra Independencia. Las pintadas aparecieron en la madrugada del 13 de noviembre, el día en que se cumplieron 232 años del nacimiento del prócer sampedrino.
