“Reducir horas extras en el Hospital significa dejar de prestar servicios”
El Jefe de Personal del Hospital Hugo Albouy recibió a La Opinión en su despacho para hablar de la publicación de las horas extras del nosocomio. Explicó por qué no pueden achicar, por qué hay agentes que cobran un monto fijo y los pedidos sin respuesta que hicieron al Intendente. Una crítica a los concejales y el reconocimiento de que no todo se hace por los carriles administrativos que corresponden.
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La publicación de la liquidación de horas extras del personal municipal en la edición de hace tres semanas de La Opinión generó revuelo en el Hospital. El eco de los comentarios que todavía resuenan en los pasillos llegó a la oficina del Jefe de Personal Hugo Albouy, quien convocó a este semanario a su despacho para dialogar sobre el tema.
Con la computadora encendida y las cajas con documentación abierta, Albouy habló sin tapujos acerca del funcionamiento del nosocomio, las horas extras, el pago de bonificaciones disfrazadas y analizó las decisiones que se debaten en la plana mayor del Ejecutivo respecto de las reducciones. “Cualquier achique implicaría reducir servicios”, sostuvo el funcionario.
El Jefe de Personal del Hospital explicó que un feriado nacional en el período de liquidación mensual “genera entre 650 y 700 horas extras” y advirtió: “En un período que abarque tres o cuatro feriados hablamos de 1500 a 2500”.
La necesidad de que haya más personal en ciertas áreas dentro del sistema público de salud es un reclamo de los sindicatos que representan a los trabajadores. Albouy consideró que están “bastante completos” en algunos sectores, aunque aclaró: “Siempre y cuando no haya imprevistos”.
El funcionario ejemplificó: en el Hospital hay ocho mucamas. Cuatro a la mañana, dos a la tarde y dos de franco. No sólo limpian sino que además sirven la comida de los pacientes. “Nunca da el número”, aseguró.
“Para mantener el Hospital limpio como quisiéramos tenerlo, el ideal planteado desde la Secretaría sería tener ayudantes de cocina para no interrumpir la tarea de las mucamas. Para un sistema de ayudantes de cocina se necesitan mínimo seis personas, para cubrir los 365 días del año, con dos a la mañana, dos a la tarde y dos de franco”, detalló.
Horas extras:
la revelación
Hugo Albouy abrió archivos en su computadora, cajas con papeles, carpetas con planillas. Con todo arriba de su escritorio y el grabador de La Opinión encendido, habló sin pelos en la lengua sobre las horas extras.
“El sistema funciona así: por ejemplo, el teléfono del 107 funciona las 24 horas del día todo el año, con cuatro personas trabajando, que no genera horas extras; pero hay dos personas de licencia médica por stress y angustia, y hay que cubrirlos”, dijo.
En ese sentido, graficó: “Cada agente que trabaja su régimen de 48 horas por cuatro semanas trabaja 192 horas; si hay que pagar a dos personas extra, son 384 horas extras de un solo servicio”.
En medio de los ejemplos, reveló que a la hora de enviar al Municipio las horas a pagar lo hace en dos planillas diferenciadas: en una van las horas extras propiamente dichas, las efectivamente trabajadas por el personal; en la otra, trece personas que cobran una cantidad de adicionales iguales todos los meses como “compensación por funciones”.
“Hay horas extras que se generan por la función que se desempeña. Por ejemplo, hay tres personas, una de ellas mi esposa (N. de la R.: señala así en la edición 1177), que cobran 40 horas extras cada una porque tenemos un sistema de derivaciones que funciona así: de lunes a viernes de 06 a 14 una empleada administrativa hace ese trabajo; luego, desde las 14.00 hasta las 06 del otro día, una semana cada una hace esa cobertura, lo mismo fines de semana. Tienen un teléfono de flota y cuando es necesaria una derivación debe venir a tramitarla. Están de guardia pasiva. No pueden programar nada, no pueden ir a tomar mates abajo porque no tiene señal en el teléfono”.
Por esa función perciben por sobre su sueldo unas “40 horas fijas”. Albouy blandió un expediente que da cuentas de que desde Salud solicitaron el pedido de bonificación por jornada extralaboral para esas empleadas, sin que obtuvieran respuesta hasta el momento. El valor que cobran es entre 2800 y 3000 pesos. La bonificación significaría “una reducción del gasto de horas extras pero el dinero sería el mismo”, señaló.
Explicó que lo mismo sucede con los ambulancieros, que son cuatro. Cada uno cumple una semana de guardia las 24 horas al día, sin que cobren bonificación alguna por ello. Tienen un régimen de 48 horas, lo que suma 192 al mes.
Calculadora en mano, Albouy precisó: “Si hacemos 48 por siete días que tiene la semana, son 168; por dos semanas, da un total de 336 horas. Se les paga 55 y 45 a dos; 60 y 40 a los otros dos; si se saca la cuenta, se le paga menos en cantidad de horas extras”.
Aun así, reconoció: “Pero es cierto y coincido en que lo regular y lo que debería ser es que tengan una bonificación”, al tiempo que aseguró: “Se está haciendo el análisis para recategorizar de la forma más conveniente el equivalente de estas diferencias”.
Las horas extras “generales” llegan a su despacho desde cada servicio, donde un supervisor las escribe a mano en una planilla. Allí queda reflejado qué agente hizo cuántas horas y por qué motivo, qué día y en qué horario.
Los acuerdos extraoficiales
Como reveló La Opinión la semana pasada para el caso de los médicos que cumplen guardias pasivas –algo que ya había revelado la denuncia de Cicop respecto de los centros de salud, cuando hablaron de “acuerdos privados” – ha habido en el Hospital convenios con empleados para pagarles horas extras por sobre lo normal.
“No todo el mundo quiere hacer horas extras, llega un momento en que el físico no te da, la gente se agota, quiere tener su franco, su día de descanso, entonces a veces hay que pedirles por favor que se queden, porque se necesita el recurso especializado, a una enfermera no se la puede cubrir con cualquiera”, dijo Albouy.
“Te puedo asegurar que regalar no se regalan”, dijo el funcionario y relató un caso de “mal menor” con entrega de horas extras a cambio de la continuidad de un servicio, por “cuestiones operativas”.
“Un día de paro general en el Hospital, las cocineras no tienen la obligación de cocinar para los profesionales médicos, sí para los pacientes. Entonces qué pasa, hay que hacer una evaluación costo/beneficio: si tengo que salir a comprar comida afuera para 25 ó 30 médicos, les digo ‘te voy a pasar 20 horas extras pero cocíname para todo el mundo’. Eso lo hemos hecho, porque 20 horas extras a 60 pesos son 1200 pesos, comprar comida una semana para 25 ó 30 personas sale diez veces más, entonces se hace esa evaluación”.
Ida y vuelta
Por la nota de la semana pasada, muchos médicos manifestaron su queja en diversos ámbitos. Ante La Opinión, pocos. De esos, ninguno con su nombre para publicar.
Algunos dijeron que los “combos” son “acuerdos avalados en el Ministerio de Trabajo”. Hubo quienes defendieron lo que en algunos casos dice la propia nota: que hay profesionales que trabajan mucho y que están siempre a disposición.
Eso sí, nada dijeron respecto a que todos le mienten al Estado y al Contribuyente al pasar como “guardias de reemplazo” lo que en realidad son acuerdos por servicios, aparatología y deudas varias.
Es cierto que los médicos deben cobrar por su trabajo y que deben cobrar bien porque su formación y su relevancia para la sociedad son superlativas.
También es cierto que quienes les pagan –los contribuyentes del desfinanciado Estado local– merecen que no se les mienta. El Gobierno engaña en la documentación que firma. Los representantes sindicales avalan esa mentira y hasta creen que esos engaños son “derechos adquiridos”.
La mala costumbre de “dibujar” para que a todas las partes les cierre el acuerdo en función de sus intereses se olvida de algo fundamental: el pueblo que los mantiene a ambos.
Aquí y en cualquier estado que se precie de democrático –de baja intensidad como este o participativo como existen otros– estas situaciones no hacen más que degradar la imagen de quienes asumen responsabilidades para con el otro cuando se les presta juramento.
“Lo que no entienden los políticos”
Los superiores de Hugo Albouy son el Director del Hospital Pablo Pichioni y el Secretario de Salud Javier Sualdea. Este último es el que lleva la voz del nosocomio a los debates dentro del gabinete. “Está enterado y empapado de estas situaciones y las ha planteado con mucha vehemencia”, dijo el Jefe de Personal.
En ese sentido, aseguró que “la reducción de horas extras o cualquier achique que pretendan hacer significa dejar de prestar un servicio”.
En ese marco, cuestionó a los concejales de la oposición que reclaman cada vez que pueden por la cantidad de horas extras y las promesas incumplidas del Gobierno respecto de su reducción.
“A veces, cuando sucede algún tipo de cuestionamiento desde el Concejo o algo, puede que sean personas que ignoren el funcionamiento del Hospital. He escuchado propuestas de asignar 20 horas extras a cada uno; no sirve, no todos quieren hacer extras y el que quiere seguro va a pasar las 20”.
