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miércoles, junio 23, 2021
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Recuperar una hermana tras 24 años

Con sencillez y muchas ganas de ponerle el pecho a la vida, Amalia pudo volver a abrazarse con sus hermanas en Andar. La familia perdida, las decisiones judiciales y el mensaje que hace pensar que quien atraviesa las pruebas más duras en la infancia, muestra que aún se puede.

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Fue una semana de emotivos encuentros. Cuando todos a- brazaban al nieto recuperado de Estela de Carlotto, en Andar terminaba de tejerse otra historia con distinto principio y un humilde final.
Se llama Amalia Ochoa y es una de las internadas de Andar. Tres de sus 13 hermanos y una sobrina pudieron darle el postergado abrazo tras 24 años de búsqueda.
Afuera hacia frío pero adentró del taller de Andar se respiraba calidez. Había mate, galletitas y sonrisas por doquier. El rostro de todos denotaba que algo especial estaba por suceder; sospechaban que había una sorpresa, pero no imaginaban cuál.
La música comenzó a sonar, los rayos del sol comenzaron a filtrarse por la ventana y dieron luz a las protagonistas de un momento único y esperado por muchos de los profesionales del hogar, que se hicieron carne de la historia de Amalia. Por el camino de cemento del taller protegido iban abrazadas a Ana María; Lorena; Amelia y Candela, hermanas y sobrina de Amalia, con quien no se veían desde hacía 24 años.
Desde La Plata hasta la Terminal de Ómnibus dijeron “misión cumplida”, y con pasaje de retorno. Lágrimas de emoción que se fundieron en un abrazo. Lágrimas de reencuentro, lágrimas de alegría y palabras de contención.
El sábado, el corazón de Amalia fue puesto a prueba y “se la re bancó”, como dijeron en Andar, puesto que vive con un marcapasos que sobrelleva desde niña. Como si fuese casualidad o causalidad, la vida le regaló a esta morocha un corazón fuerte que supo soportar una infancia dura signada por la pobreza, las injusticias de un padre alcohólico y el trabajo incansable de una madre que nunca se despegaba de la canilla del patio donde tenía que lavar a mano la ropa de sus 13 hijos. Un corazón que aguantó operaciones duras y que este fin de semana pudo hacerse enorme para comenzar a recuperar todo el tiempo que la vida le obligó a perder.
Tras el reencuentro las hermanas Ochoa recorrieron las calles de San Pedro, tomaron fotografías, aprovecharon para contar cómo vivieron todos estos años y se prometieron volver a verse. El resto de los hermanos llegará pronto para poder, también ellos, reencontrarse con parte de su historia.

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De La Hermosura a San Pedro
El 16 de julio de 1975 nació en La Hermosura Amalia Ochoa, primera hija de una familia humilde que debió entregar a la menor a la Justicia por no poder afrontar los gastos que significaba la rehabilitación después de las operaciones de corazón a la que fue sometida de niña.
Amalia creció recorriendo diferentes hogares de la provincia de Buenos Aires. Según relataron sus hermanas, pasó por La Plata, Ayacucho y hasta Bahía Blanca antes de llegar a San Pedro, donde permanece desde hace años.
Sin querer, la vida de la más grande de las Ochoa siguió ligada a la capital provincial, donde nació, ya que después de la última intervención quirúrgica permaneció internada en La Plata durante casi un mes y medio. Siempre estuvo muy cerca de su familia, sin saberlo.

El último recuerdo
y lo que vendrá
“La última vez que la vi, ella cumplía 15 años. Le habían traído una torta grande y cuadrada, Amalia tenía un vestido largo y blanco. Estaba contenta y se reía”, recordó Ana María, que tan sólo se lleva tres años de diferencia con su hermana y que abrigaba como recuerdo una cicatriz en su mano derecha que sufrió por buscar las cartas que Amalia le enviaba a sus padres y que estos escondían en uno de los tirantes del techo de su humilde vivienda.
“Ves esto”, dijo, “me lo hice cuando me trepé al techo en buscar de una de las cartitas que mi hermana le mandaba a mi mamá y mi papá. Les ponía que la vayan a buscar, que nos extrañaba”, expresó como con culpa de haber tardado tanto tiempo en dar con su hermana.
Ahora todo eso queda atrás. La familia podrá reincorporar a Amalia, que pasó de ser una joven mujer que todos los días soñaba con saludar a los Ochoa a pensar en cuánto tiempo pasará en volver a ver a sus hermanas y en cuantos días conocerá al resto de su gran familia. Hay sobrinos por presentar y una larga historia por completar.

La red social capitalista
Susana Gil prefiere el perfil bajo, pero fue Facebook la herramienta para la búsqueda de las Ochoa. Allí se ven las fotos de las hermanas con sus hijos.
“Fue una vida de mierda”, describió Lorena con el pesar de todo aquel que ha soportado la violencia y el alcohol cuando debía abrazar ositos y mamaderas.
Sin embargo cuenta orgullosa el trabajo que desempeñan como empleadas domésticas y cajera respectivamente. Internet y el celular, los dos inventos capitalistas que mayor igualdad proporcionan coleccionan imágenes, frases y mensajes para continuar el vínculo. Desde hacía días posteaban la cuenta regresiva para el viaje a San Pedro.
Amalia tiene capacidades diferentes, pero las suficientes para entregar amor y esperar a Joselito Fermani y Vanina Banegas cantando en esa fiesta que por íntima pecaba de avara frente al resto de los sampedrinos que en el mismo día recibían la noticia de la Emergencia Económica.
Gran contraste: en esa institución, donde todo “siempre falta”, sobraba todo. La comisión de Andar, con Daniel Gagliardi a la cabeza, pudo celebrar más el abrazo que la promesa de arreglar las filtraciones que aún presenta el techo de lo que alguna vez fue nuestra Asistencia Pública.

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