“Quiero que los pibes salgan de la mala”
La vida siempre otorga una nueva oportunidad y César Scanga no la dejó pasar. El joven estuvo detenido en un penal por un hecho de robo calificado, y ahora se dedica a la música invitando a otros chicos que quieran cambiar su modo de vida.
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César Scanga es un joven de 26 años a quien solo se lo conocía por aparecer en los partes de prensa policiales y participar de diversos hechos delictivos que lo fueron alejando día a día de sus seres queridos y de los recursos de vida con que cuenta cualquier chico de diecisiete o dieciocho años.
En su corta vida debió superar distintos obstáculos que se le fueron presentando y ahora se reinsertó en la sociedad de otra manera, utilizando la música como el principal nexo. “Las viví a todas, y ahora quiero que los pibes que quieran también salgan como lo hice yo”.
Después de cumplir prisión preventiva por un hecho de robo calificado del que participó decidió dejar atrás un pasado oscuro y dedicarse a vivir. No solo tuvo mucho que ver su fuerza mental sino también el apoyo que le brindaron familiares y amigos.
“La música me gustó siempre y gracias a un amigo que me contrató para animar en una banda me acerqué y comencé a meterme más y más,a la banda se llamaba La Huella”, empezó contando César.
“Siempre estuve relacionado con la música pero el primer dueño de la banda llamado “Perico” me dio la primera oportunidad de meterme de lleno. Después él se alejó y yo seguí con todo. Empecé con lo mío a principios del 2009. Un tío me dio trabajo en una empresa contratista de Tigre, allá por el 2003, y con esa plata pude ir comprando instrumentos. Así armé la banda que se llama Banda Emperador y hacemos música santafesina. Tocamos temas nuestros y otros covers y si Dios quiere, hicimos varios contactos y ya estamos incluidos en la grilla del programa de América TV, Pasión de Sábado”, explicó Scanga.
“Hoy trabajo como empleado administrativo en una empresa constructora de Tigre. Hace seis años tuvimos un accidente muy grande en Córdoba cuando un camión aplastó la combi en que viajábamos para trabajar, volvíamos de Cruz del Eje para Buenos Aires y en Villa María nos chocaron. Allí fue donde me cambiaron de lugar”. Hoy, a raíz de ese accidente, tiene tatuado en el brazo: “Que me dirías hoy si me muero mañana”, además de otras tres marcas que le quedaron de por vida, son tres balazos recibidos en el cuerpo, todos en distintos hechos.
Una decisión
que no fue fácil
El joven pasaba sus días delinquiendo y consumiendo drogas junto a sus amigos de distintos barrios de la ciudad, pero tuvo la voluntad necesaria como para revertir todo esto y hoy, orgulloso, poder contarlo con otra visión.
“Yo robé desde los 11 años, era trapito en la plaza Belgrano y lustraba zapatos en el bar Butti, y también cuidábamos bicicletas. Mi niñez fue muy dura. La calle te incita y te invita a todas esas cosas raras y a veces para no ser menos te metés sin querer”.
“Me fui metiendo de a poco hasta que me mandé una grande. Cumplí 9 meses de prisión preventiva en el penal de San Nicolás por un robo calificado en la quinta que la familia que Huberto Roviralta tenía en Pergamino, recuerdo que ese tiempo todavía estaba con Susana. Algo falló y cuando estaba haciendo dedo para volverme a San Pedro me agarró la policía me metieron un doble A y así me agarraron, fue en el 2002. Caí yo solo, el resto de la banda zafó. Cuando estaba preso logré una probation y me liberaron pero nunca llegué a juicio”, recuerda Scanga.
“Ni bien salí de la cárcel empecé a ver las cosas de otra manera, además ni bien quedé libre fui papá. Me tocó vivir la pérdida de dos amigos de la calle, uno fue asesinado y otro se suicidó. Fue un golpe muy duro para mí, que me hizo pensar mucho”, relata.
“Me di cuenta que tenía que cambiar, que tenía un hijo y no podía seguir así. Ahora tengo cuatro hijos. Uno de 9, mellizos de 7 y una nena de un año. Tuve dos parejas y hace 5 años que estoy con quien hoy es mi señora”.
“La droga la pude dejar gracias al tratamiento que hice, consumía porros y pastillas, que fue lo mas duro para poder zafar. Acá en el CPA me ayudaron mucho y le debo todo al señor Daniel Agazzi”.
“Después de ahí, jamás se me cruzó por la cabeza volver a delinquir o consumir. He tenido millones de oportunidades de volver a la mala pero jamás se me ocurrió hacer algo que no me correspondía. Tengo la fuerza necesaria para decir no en el momento justo”.
La música
como nexo
Scanga solo quiere hacerle saber a los demás chicos que se puede salir y empezar una nueva vida. Que teniendo una ocupación se pueden lograr grandes cosas y la música es una excelente opción. “Hoy la banda está integrada por chicos de San Pedro, algunos ya eran músicos y otros no, pero han aprendido. Algunos de ellos tenían problemas con la calle pero han cambiado. Todo esto lo usamos como incentivo para que otros jóvenes se acerquen y dejen atrás los problemas que sufren”, recalca.
“Yo les traslado mis experiencias a los chicos y ellos se sientan y me escuchan. Tengo solo 26 años pero he vivido muchas cosas y la mayoría malas. Las drogas, los robos y el estar alejado de tu familia es lo peor que te puede pasar”.
“La verdad que los chicos lo han tomado bien, son muy pocos los que me han cuestionado o dicho algo por esto que estoy haciendo. Conozco varios chicos que han cambiado de estilo de vida. Con los pibes que antes me juntaba sigo en contacto y nadie me ha objetado nada. Es más, hoy tengo muchos amigos que aun cumplen condena y otros que ya salieron y la mayoría se han tratado de reinsertar y cambiar de vida”.
